Desde pequeño, me debato con frecuencia en el dilema de si en el caso de podérmelo permitir, preferiría un Ferrari de gama baja (308, 328, 348, 355, 360, o 430); o un Porsche 911 Turbo.

Antaño la cuestión se reducía a estados de ánimo, y a ciclos biorrítmicos personales. Ferrari en las épocas atrevidas, y Porsche en las más conservadoras.

Hoy en día la cuestión sería más tecnológica…

Hasta Walter Röhrl, ex-piloto de rallys y actual probador de Porsche, reconoce que a los 911 les falta un buen cambio secuencial, en el que llevan trabajando desde hace años. Algo como el DSG de VAG, SMG de BMW, o F1 de Ferrari.

Con la inminente aparición de nuevo 911 Turbo (tipo 997), se le echa todavía más en falta. El 911 Turbo es un vehículo tecnológicamente excepcional, y que incorpora grandes cualidades que admiro:
– Motor biturbo.
– Tracción integral.
– Deportivo, y apto para el uso diario.

El Ferrari 430, solamente añade un motor central, y una linea más llamativa, pero a costa de ser mucho menos práctico. En cambio, la versión F1 (ya disponible con el 355 y el 360), incluye un maravilloso cambio secuencial. Que no solamente mejora las prestaciones y reduce el consumo, sino que además aumenta el grado de comodidad al volante.