La Entrevista a Gregorio López “Goyo” de Diloy me hizo pensar acerca de las correas de reloj. Independientemente que nos refiramos a las tradicionales correas de piel, resina o de cualquier otro material, con el tiempo y por más que las cuidemos, deberemos reemplazarlas. Los normal es que la correa siempre nos dure menos tiempo que el reloj. Claro que con la cantidad de relojes de pésima calidad que se venden hoy en día, puede que eso no sea siempre cierto.

Debo mencionar esos relojes, no siempre baratos, que cuando los compramos nuevos vienen con una correa de malísima calidad y que, a veces es además hasta fea. Este artículo no trata sobre los cambios de correa de reloj por “necesidad”, sino por gusto.

Cuando le cambiamos la correa a un reloj, le estamos dando una vida nueva, nuevos aires. Una sencilla modificación que puede hacer que se vea completamente distinto. Bajo ese mismo concepto, un reloj distinto se puede adaptar mejor a nuestro estado de ánimo, o nuestra ropa.



Con el práctico sistema de cambio rápido de correa que montan por ejemplo algunas correas Diloy, podríamos intercambiarlas diariamente si quisiéramos. Tal vez sea excesivo, pero hacerlo una vez al mes, es un cambio agradable.



Es la excusa perfecta para que nos volvamos a poner aquel reloj que teníamos guardado en la caja desde hace tiempo. La solución para que nos volvamos a ilusionar por una pieza a la que hace tiempo que no le hacíamos caso. O incluso la alternativa para rejuvenecer ese reloj que lleva ya unas cuantas décadas midiendo el tiempo.