Supongo que os acordáis de cuando aparecieron los reproductores de música portátiles. Posiblemente fuera un pionero con un reproductor de CD MX-Onda, que reproducía también archivos MP3. Tiempo después, con la vorágine del iPod, me pasé a un clon chino de bajo coste, el famoso Zippy.

Pasó el tiempo, la capacidad aumentaba, y falseando el estándar, llegamos a ver no solamente reproductores MP3, sino también MP4 y MP5. Una herramienta de marketing engañoso, que lo que pretendía indicar era que además de audio, soportaban imágenes, o vídeos.

El caso es que después de un Sunstech Ninpo, que tenía la virguería de ser táctil, pero sin poderse bloquear, por lo que al guardarlo en el bolsillo resultaba inusable, me hice con un económico Ansonic A-842, la marca de Hipercor y El Corte Inglés, que tenía la friolera de 4GB de capacidad, y me costó menos de 30€ allá por 2006.

Aún conservo ambos, tanto el Sunstech como el Ansonic, así que los rescaté, los puse a cargar, y decidí cotillear que canciones tenían dentro, y comprobar si funcionaban o no. Me sorprendió el Sunstech, tras años almacenado, todavía tenía algo de carga en la batería, al menos suficiente para funcionar algunos minutos. Tras ponerlo a cargar, la batería se cargó al completo.

En el Ansonic me encontré que estaba totalmente sin batería, lo puse a cargar, y me sorprendió que el botón de encendido fallaba. Extrañamente, había dejado de funcionar lo más sencillo de todo. Un botón mecánico de plástico. Tras aplicar algo más fuerza de la normal se encendió. ¡Otro éxito!

Pero no tan rápido. El dispositivo había comenzado a hincharse, eso había deformado levemente la parte trasera, y era la causa por la que el botón de encendido no hacía la presión correcta. Cada vez que lo veía, me embargaba la sensación de que la carcasa de plástico reventaría de un momento a otro.

Sin embargo, el dispositivo funcionaba, todavía, y el indicador de carga, detectaba que pese a estar en un valor bajo, todavía tenía algo de energía.

La causa de este inflado, es como ya ocurriera con los gadgets solares, sus baterías recargables de iones de litio. Tal vez os sorprenda, que aún tengo pilas recargables de marca Varta, cuando eran de NiCd, con 25 años a sus espaldas, y que todavía son capaces de almacenar algo de energía.

El problema de las baterías de iones de litio, es que su vida es relativamente breve. Partiendo de un mínimo de 3 años, hasta quizás un máximo de 10 años. Son delicadas en el sentido que se degradan ante cambios de temperatura (mayormente con el calor), ante excesos de carga, pero también, ante cargas bajas. Como toda batería recargable, si la dejamos descargada completamente durante algún tiempo, es cuando empiezan a degenerar. En el caso de las Li-Ion, que ya de por si, son poco estables.

En el interior de una batería Litio-ión (Li-Ion), encontramos dos electrodos de metal o de material compuesto. El ánodo de grafito, y el cátodo de óxido de cobalto, trifilina u óxido de manganeso. Están inmersos en una solución conductora de litio (electrolito). El conjunto es lo que llamamos celda. Y la combinación de varias celdas forma la batería.

La elevada densidad de energía de estas baterías recargables, se consigue con el coste que el litio es más reactivo que los compuestos usados hace años, las baterías tienen una partición muy pequeña entre las celdas y el recubrimiento externo. Además la batería está presurizada. En suma, son más frágiles. Recordemos que este tipo de baterías, son tan recientes como 1991, cuando Sony la comercializó por primera vez.

Una vez la batería se ha inflado, ya no hay vuelta atrás, y encender el dispositivo, es decir, obligarla a retornar parte de la energía guardada, o peor aún, ponerla a cargar, puede causar que ésta estalle, o que libere gases nocivos. Es más, llegados a ese extremo, el electrolito ha dejado de ser eficaz, por lo que el rendimiento de la batería será nulo, o muy bajo como habéis visto, y poco a poco irá reduciéndose hasta su inutilización definitiva.

Me pregunto, el coste medioambiental global que tendrán nuestras demandas baterías con alta densidad de energía acumulada. Tal vez este ejemplo sólo sea un MP3, pero hablamos de teléfonos móviles, drones, patinetes, bicicletas, y hasta automóviles que las equipan. Especialmente en países como España, donde no hay ninguna autoridad que se haga verdaderamente responsable de la recogida y el desmantelamiento de las mismas. Todo recae en manos del ciudadano, que la mayoría de veces, por desconocimiento, falta de incentivos, u otras molestias, no las entregarán en un punto de reciclaje. Suponiendo una recogida correcta en un punto verde, ¿dónde irán estos residuos? ¿Acabarán en algún país africano camuflados como hardware de segunda mano donado? Al final todo nos volverá, porque con la globalización, cualquier cosa nos afecta a todos.