A juzgar por el éxito de Bocadillo de sardinas, resulta ser que mis “recetas culinarias”, han tenido más éxito del que cabría esperar. Síntoma de que los que me leéis, o sois casi tan vagos como yo mismo, o no tenéis demasiado tiempo libre disponible. A diferencia del anterior, el ágape de hoy, no tiene ningún nombre, pero a cambio cuenta con una historia personal detrás.

Imagino que como muchos de vosotros, contemplaba la morcilla como algo necesario en ciertos guisos, o como el acompañamiento ideal de los huevos fritos con patatas. Aunque tal vez os gusten más con jamón, con chorizo o con pimientos.

El caso es que con las excepciones de los guisos, y los huevos fritos, la morcilla no tenía más cabida en mi dieta. Hasta que a principios de los años 1990, frecuentábamos un bar (Zumolindo, ahora llamado El racó dels amics, y sin nada que ver), que pese a haber sufrido una degeneración progresiva desde los años 80, tenía dos particularidades.

La primera era que en aquellos años, ofrecía una caña de cerveza y un pincho moruno por 150 pesetas. La segunda era que ofrecía un bocadillo de morcilla acompañado de una bebida a elegir a 200 pesetas.

Si no eras mucho de cerveza, y un pincho moruno se te quedaba escaso, optabas por la morcilla. Al final, costaba sólo un poco más que por ejemplo sólo una Coca-Cola en el mismo local.

Ciertamente, la morcilla a la plancha, dentro de dos rebanadas de pan, es un bocado que resulta sabroso. Lo malo es que con ese precio, la cantidad de morcilla que te ponían, era más bien escasa. Entonces se me ocurrió echarle un poco (o mucho) del bote de mostaza que había en la barra. La sensación fue increíble, y tal vez no lo parezca, pero la combinación le pegaba.

Desde esa época, de cuando en cuando me premio con mi bocadillo de morcilla. Heredero de aquellos, pero como no podía ser menos, mejorado a lo largo de los años. Podría decir, que los sandwitches o emparedados, caen dentro de mis especialidades.



El ingrediente principal, sigue siendo la morcilla. Por supuesto, en la cantidad que nos guste, que siempre será más que la que ponían en el citado Zumolindo. Puede ser de arroz, de cebolla, o sin nada. A mi me gusta la de arroz, y suelo usar la Morcilla tradicional de Burgos de Embutidos RÍOS. No solamente está muy rica, sino que además es económica (menos de 1,5€ los 330g), y lo más importante, se conserva bastante bien en la nevera durante un tiempo. Si la guardamos protegida en la nevera usando plástico o papel de film, aguantará fácilmente una semana. ¡No hace falta que te la comas entera de una sentada!

En vez de freírla, que causa que termine quedando grasienta y aceitosa, sencillamente corto algunos tranches o rebanadas, y la pongo a máxima potencia del microondas durante 30 o 40 segundos. Lo justo para que se haga, y quede casi como si fuera a la plancha.

Al sacarla, y estando aún caliente, como pan, en este caso, prefiero los Thins de Bimbo, son ligeros, lo que compensa la morcilla y los remordimientos, y permiten que puedas tomarte dos bocadillos de ésta manera.

Le pongo encima una loncha de queso para fundir como Sabanitas o Tranchetes, y encima de ella, otra loncha de un queso más tradicional. Puede ser Gouda, Cheddar, tierno de vaca, tierno de oveja.

El último paso, es ponerle mostaza. Me gusta la Prima Original, la French’s y la Hacendado (Cidacos), aunque a veces aprovecho los sobres individuales que dan gratis en McDonald’s o Burger King (si los pides), y me ahorro tenerla que comprar. Si gustas, puedes usar la de Dijon, con esas desagradables semillitas. Naturalmente, todo ello presentado en un plato de Duralex.