Con mi bajísimo nivel culinario, más por desinterés que por habilidad, todo hay que decirlo, hoy os comparto mi bocadillo favorito, que pese a ir evolucionando con el tiempo, mantiene su nombre original: el reparador. Y es que siendo honestos, soy más bueno escribiendo y poniendo denominaciones que en la cocina. Además, después de Los precios de las pizzas a domicilio, ya tocaba ser yo el que se pusiera de chef.

Me cuentan que los bocatas de sardinas, era cosa bastante común en los años 50 y 60, los bares con solera los servían a diestro y siniestro, siendo bocadillos sabrosos y baratos, con el único inconveniente del aceite que chorreaban. Imagino que el abaratamiento del atún en conserva a partir de los años 80, y porque no, también las modas, hayan hecho que sea un desconocido.

Como gran fan de las sardinillas en lata, admito que si de bocadillos hablamos, son más sabrosas las sardinas, con un gusto más intenso. El tradicional, diría que es un bocadillo de pan, con sardinas en aceite de oliva o de girasol, pero aquí va mi innovación, que pienso mejora el sabor, y además evita que nos manchemos de aceite.

Yo parto de las sardinas en tomate Hacendado, la marca blanca de Mercadona, que tiene detrás a Ubago. Desgraciadamente en este caso, ellos tienen detrás a su vez a Cumarex que las elabora en marruecos. El motivo de escoger esta marca, es que vienen en latas de tamaño del de antes, es decir, 125g, en vez de las más delgadas de 80g, 85g o 90g, que se me suelen quedar cortas. Otras opciones serían las Miau, Paco. Bien, ya tenemos lo principal, sardinas en tomate, con un mejor sabor que las clásicas, y que reducen la posibilidad de que nos manchemos. A malas, pues te puedes apañar con sardinas en escabeche, o sardinas en aceite si las escurres bien. No son lo mismo, pero las agujas y los chicharros también valen.

Lo siguiente es el pan, esta receta es tan flexible, que le puedes poner pan de molde tipo sandwitch, pan de barra, bollos, o innovaciones tipo Thins. Mi preferido, es con pan de barra integral, pero allá cada uno, porque como experto en el tema, las he probado con todos los tipos de pan, y ninguno defrauda.

Por último vienen los complementos. Como parto de la base de ser algo sencillo, son completamente opcionales. Vamos que habiendo pan y sardinas, ya lo tienes listo, pero si quieres subir nota, o que te den una Estrella Goodyear, puedes ponerle queso. Da igual que sea queso fundido (Tranchetes, Sabanitas, …), queso tierno, queso para sandwitches, Cheddar, lo que te apetezca. Incluso puedes combinarlos, porque a mi me gusta poner una loncha de queso fundido, y otra de queso tierno, pero de vaca. El siguiente añadido es la lechuga, sino tienes puedes usar escarola, canónigos, rúcula, …



A partir de ahí, puedes ir poniendo y quitando ingredientes, en realidad no es más que una variante del mal llamado bocadillo vegetal con atún, donde sustituimos al atún por sardinas. Hay multitud de variantes, y quizás una bastante estrambótica, pero rica al mismo tiempo, es con rodajas de tomate y aros de cebolla en crudo.

Alimentariamente son muy parecidos el atún y las sardinas. Las sardinas suelen aportar muchas menos grasas, y por tanto menos calorias, pero más hidratos de carbono y sal. En ambos casos, sardinas y atunes en conserva, son una fuente de purinas, así que si tienes exceso de ácido úrico/gota (hiperuricemia), no son recomendables. Sus ácidos grasos, hacen que produzcan bastante colesterol, pero es el bueno (HDL). Últimamente se critica a las conservas de pescado, y las sardinas no son una excepción, debido a su alto contenido en sal. Si tienes la tensión alta (hipertensión), puedes recurrir a las variantes bajas en sal.



Si te gusta el sabor más consistente de la sardina, entonces tienes otra ventaja importante. Es el precio, casi la mitad que en el atún, del orden de 4€ por kilo, comparado con los 7€ por kilo del atún en lata.

Habiendo leído entero este artículo, quizás me tachéis de loco, pero os equivocaríais, sino, echad una mirada a Consumer-Eroski, o a Isabel. Para colmo, tenéis el libro Los arrabales de Cannery escrito por John Steinbeck en 1945, y que pasa por ser la primera novela ambientada en el sector conservero de la sardina.