Como quiera que el antes llamado hábito de fumar, ahora vicio de fumar, no está nada bien visto, los señores de Zippo han decido aprovechar su experiencia con los encendedores, para aplicarla a lo que ahora si está bien visto y vende: el tiempo libre (outdoor).

La historia del hand warmer, comienza en 1912 cuando el japonés Niichi Matoba los inventa, y en 1923 funda la compañía Hakkin Warmers, que empieza a comercializar dispositivos de este tipo, bajo la aún existente marca de Peacock. Luego empezarían a exportarse a todo el mundo, y a partir de 1950, Zippo los comercializaría bajo su propia marca.

Así en 2008, crearon sus calentadores de manos (Hand Warmers) a base de gasolina de mechero, con un ingenioso efecto oxidación catalítico de platino, y que cabían en la palma de la mano. A partir de 2010, están disponibles en dos tamaños, el modelo pequeño, con una capacidad de 0,41oz (12ml), que da una autonomía de hasta 6 horas, y el modelo grande, con una capacidad de 0,7oz (20ml), con una autonomía de 12 horas. Por cierto que si no sois aficionados a los encendedores Zippo, pensaréis que la gasolina que consumen es como la que venden en las estaciones de servicio a 1,5€ el litro. Pero no es así, en realidad es nafta, también conocida como éter de petróleo, bencina o ligroína, que es habitualmente usada como disolvente, y que en el caso de los encendedores está especialmente refinada, se vende en cantidades más pequeñas, y por tanto es relativamente mucho más cara.

Si tenemos en cuenta que la gasolina Zippo, se vende en latas de dos tamaños: 4oz (125ml) y 12oz (355ml), a un precio de unos 3€ y 8€ respectivamente, su uso nos cuesta apenas 0,05€ por hora. Si recurrimos al combustible de Clipper que distribuye en nuestro país Flamagás, a 2€ los 133ml será todavía algo menos. El de Ronson (Ronsonol), es algo más caro.

Por supuesto, el de 6 horas, es más práctico. No ocupa tanto espacio en el bosillo, y es más ligero. Pero como no es fácil encontrar sus especificaciones físicas, ni siquiera en la web del fabricante, así que aquí las tenéis:
– Grande (12h): 99,6mm X 66,0mm X 12,7mm (73g).
– Pequeño (6h): 73,7mm X 50,8mm X 15,2mm (50g).

En los dos casos, son tamaños más compactos que los de un smartphone actual, así que salvo que necesites muchas horas de calor, con el de 6 horas, ahorrarás gasolina y espacio, yendo más cómodo. Ambos producen la misma cantidad de calor, por lo que tal vez si tienes las manos grandes, y espacio en los bolsillos, te convenga escoger el modelo grande, y llenarlo hasta la mitad.

El funcionamiento es bien sencillo, rellenamos de gasolina el calentador de manos, mediante una vasito o medida de plástico que viene incluida. Si lo hacemos hasta la linea superior, obtendremos la capacidad completa, su lo hacemos hasta la linea inferior, entonces será aproximadamente la mitad. Podemos echar un intermedio entre ambas, o incluso menos del límite inferior, pero será más bien a ojo. En todo caso, es importante nunca superar el nivel máximo. No hace falta que lo prendamos de inmediato. El calentador puede estar cargado durante unos días, aunque como en los encendedores, el combustible poco a poco se va evaporando, y dependiendo de las condiciones ambientales, en una o dos semanas, estará totalmente vacío otra vez.

Cuando lo necesitemos, le quitamos la tapa, y lo encendemos con la llama de un mechero. Se trata de recorrer bien todos los quemadores durante 20 o 30 segundos, y verificamos que está encendido, mirando que el quemador está incandescente. Lo volvemos a tapar, y tras uno o dos minutos, lo colocamos en la bolsa de tela de color negro que trae a tal efecto, y ya lo tenemos funcionando y desprendiendo un agradable calor. No quema en ningún momento, pues es del orden de 35ºC-45ºC. Así que la experiencia de llevarlo en el bolsillo del abrigo en días de frío intenso, y tener las manos calentitas, da un agradable confort y es genial. En el tamaño pequeño que es el que tengo, resulta muy práctico, dejando suficiente espacio libre en los bolsillos para meter las manos. No se si con el grande ocurriría lo mismo.

El diseño, tiene ese aire industrial y robusto de Zippo, y siguen manteniendo su tradicional Made in USA. En cambio, han perdido la garantía de por vida, y ahora ofrecen la habitual que establece la ley, es decir, 2 años. Tampoco tienen ninguna marca que nos permita averigüar su fecha de fabricación.

La calidad es buena, y el aparato se ve robusto. Tiene aspecto de durar décadas como sus compatriotas los encendedores. Admito que me gusta lo simple de su mecanismo y su funcionamiento, con una base parecida a la de los populares mecheros, y en donde además de sus ventajas prácticas, me encanta su preparación y su uso. Puede parecer que sea algo peligroso de utilizar, pero con casi 100 años de historia, y sin mayores incidentes a sus espaldas, no necesita de más precauciones que las que aplicamos al manipular un mechero de gasolina.

Un detalle que no se da a conocer a simple vista, es que los quemadores o carburadores, son fungibles. Es decir, se gastan, y con el tiempo van siendo cada vez menos eficaces, por lo que dan menos calor, hasta que llega un momento que no funcionan en absoluto. Según Zippo, su duración estimada es de unos 70 usos, que me parece que está muy bien. Como cuestan unos 7€, tampoco es que nos vayamos a arruinar, pero si es algo que debemos tener en cuenta. El mismo carburador, vale tanto para el modelo de 12 horas, como de 6 horas. Por lo demás, a diferencia de los mecheros, no hay más consumibles, ni piedras, ni mechas, ni algodones.

El principal problema que tiene, es irresoluble con la tecnología ´catalítica que utiliza. Una vez lo hemos encendido, ya no hay forma de detenerlo, hasta que se acabe la gasolina. Así que si lo llenamos a tope, pero sólo lo usamos durante un par de horas, desaprovechamos combustible, y tendremos que buscarle un sitio donde colocarlo hasta que se apague. El segundo, es que necesita que llevemos un mechero encima para encenderlo cuando sea necesario. O al menos un mechero en casa, para ponerlo en marcha cuando salgamos. Debe ser un mechero de llama, así que no sirven la mayoría de mecheros piezo-eléctricos de cocina, de esos que sólo sacan chispa, o el mechero eléctrico del coche. No es necesario que el encendedor sea Zippo o tipo Zippo, yo lo uso con un Bic de los grandes, que al ser regulable, puedo ajustarlo para que de una llama generosa. Sirven cerillas, o cualquier encendedor de llama, incluso de cocina. En fin, que nos obliga a depender de un encendedor externo, cuando lo suyo hubiera sido que el dispositivo de encendido estuviera integrado en el propio aparato. Si aprovechamos la experiencia de Zippo, casi que valdría con añadirle una piedra y una mecha, porque el calentador podría aprovechar parte de la gasolina en el deposito para quemarla. Menos romántico, pero hubiera servido incluso mejor, sería integrar un encendedor de gas. De hecho hay marcas, que ofrecen este tipo de dispositivos, equipados con pilas para el encendido.

Si lo comparamos con los originales de Peacock, que en tres tamaños ofrecen 20 (87mm X 58mm X 13,5mm), 24 (101mm X 68mm X 15mm) y 30 (110mm X 70mm X 20mm) horas de autonomía, los de Zippo son algo más pequeños, y con bastante menos duración de calor, no en vano, contienen menos combustible. En cambio, son mucho más económicos y especialmente fáciles de conseguir y mantener, lo que aplica también al quemador.

El inconveniente, puede ser el olor de la nafta, que es intenso, y a los que no están acostumbrados les puede resultar molesto. Del mismo modo que a otros, les recordará los Zippo. Tiene cierta gracia el llevar en el bolsillo algo totalmente analógico, que de manera incandescente se alimenta de combustible fósil.

Comparado con los calienta-manos de tipo químico y un sólo uso, que requieren reemplazar la carga cada vez, serán muy útiles para un uso puntual, pero al final, se convierte en un incordio comprar nuevas recargas, que por otro lado, suelen ser difíciles de encontrar.

La ventaja sobre los calentadores reutilizables que tienen que hervirse, y que funcionan en base a soluciones supersaturadas, es precisamente que solamente necesitan ser recargados con gasolina cuando los necesitemos. No hay que poner agua en ebullición, así que podemos usarlos en lugares donde hervir agua no sea fácil, y así ahorrarnos molestias. Además, dan un máximo de dos o tres horas de calor, que en muchos casos es insuficiente, y la temperatura que obtienen no suele ser tan elevada.

Los hay también que funcionan con baterías recargables, pero como son de iones de litio, tendremos que ir vigilando que no se agoten por completo, y su duración será de uso 5 años como máximo, menos aún debido al calor que producen. Considerando que en circunstancias normales, vas a usar el aparato 10 o 20 veces al año, es un incordio. Además, ¿y el encanto de la gasolina Zippo?

Oficialmente salen a 24€ los de 6 horas en colores cromado, blanco perlado y rosa; y a 29€ los de 12 horas en colores cromado, negro, naranja y camuflaje. No es mal precio, pero si nos fijamos en la web norteamericana, nos daremos cuenta que allí valen 19$ y 21$ respectivamente, o sea 18€ y 20€ respectivamente, que está mucho mejor. Ante eso, acudimos a Amazon.es, que los tiene al precio americano, y nos ahorramos un buen dinero.