Como probable aficionado a la ciencia ficción, seguro que has oído hablar de la cibernética, una disciplina (no me atrevo a llamarla ciencia), que tiene por fin el control de las máquinas.

Su origen etimológico es curioso, y parece venir del griego, traducido literalmente como el arte de manejar un navío. Platón usó el término en su República con el significado de arte de dirigir a los hombres. Pero no es hasta 1948, que Wiener le da el sentido de control y comunicación en el animal y en la máquina.

Después, en 1951, Bateson habla de ella como la rama de las matemáticas que se encarga de los problemas de control, recursividad e información, que en mi modesta opinión se acerca bastante a la realidad, a pesar de ser bastante amplia, y lo discutible de "rama de las matemáticas. En 1959, Beer, da una acepción todavía más general: la ciencia de la organización efectiva. De manera que la cibernética tendría un enfoque más relacionado con la sociedad, el gobierno, la gestión y la economía que con los automatismos.

Si os interesa mi opinión, me quedo con la vertiente romántica y tecnológica de ella, como tanto el cine, la TV, y la literatura, han ahondado profundamente en la cibernética, que a día de hoy ha tenido menos desarrollo del que esperaban los coetáneos de los años 50. Visto en retrospectiva, no deja de ser una atrofia de la misma, en favor de la más popular informática.

Es cierto que no tenemos robots en cada casa, pero en cambio, sí que es mucho más probable que haya un ordenador. En este sentido, los computadores, han traspasado el alcance de puros calculadores que imaginaban aquellos visionarios.

Tampoco tenemos asistentes personales humanoides con cerebros positrónicos, aunque por contra, contamos con multitud de programas que de igual modo que ellos, nos ayudan en nuestro día a día, desde recordarnos las tareas pendientes; son capaces de transcribir aquello que dictamos; o nos permiten acceso a información casi ilimitada. Del mismo modo, son capaces de mimarnos, sugiriéndonos músicas que nos gustan, o grabando aquellos programas de televisión que queremos.

No estamos lejos de la metáfora de niños que aprenden con máquinas, no obstante, hablamos de ordenadores con aplicativos educativos, y no de robo-profesores.