Llevaba unos cuantos años intentando localizar un teléfono Heraldo de CITESA (Compañía Internacional de Telecomunicación y Electrónica S.A.). En casa nunca lo tuvimos, recuerdo un Gónzola de color rojo, y luego de color crema.

En cualquier caso, para mi el Heraldo simboliza el teléfono por antonomasia. Lo que me viene a la mente cuando pienso en un teléfono. El color elegido, debía ser rojo. Fuera de su innegable aire pop, me trae a la memoria el teléfono rojo de la guerra fría, de la seria de Batman de los años 60, o de la casa de mis abuelos paternos.

Grabados en la parte inferior, recuerdo que aparecía la firma de CITESA Málaga, así que podemos comenzar por ahí. En 1962, se funda la empresa en dicha ciudad, asociada al Instituto Tecnológico de Telecomunicaciones (ITT).

En 1964, lanzan a nuestro protagonista, el Heraldo, y a partir de ahí continúan lanzando nuevos modelos como el Góndola (1970), Teide (1979), Forma, Domo, … de los que se realizaba al completo el proceso de manufactura en la factoría malagueña, si bien algunas de sus ideas estaban inspiradas por las de teléfonos de otros países.

En 1986 se integran en el grupo Alcatel, y hasta su absorción en 2004 por parte de Thomson, llegan a fabricar más de 100 millones de unidades, muchas de ellas destinadas a la exportación.

En 40 años de vida, no podemos considerar que fueran prolíficos en la variedad de modelos que sacaron, pero si que debemos atribuirles el mérito de por ejemplo el primer teléfono digital en 1979 (Teide). No obstante, cada modelo solía ofrecerse en diferentes variaciones, por ejemplo los Heraldos mural, destinados a ir colgados en la pared, las variantes con botones en vez de disco, etc.

Estuvo en el mercado durante más de veinte años, terminando su vida a mediados de los 80, sin cambios, salvo por la circutería interna que pasó de ser 5900, 5901, 8900, 8901, UNA-8021, y por ultimo la UNA-8018.

Recordemos que en aquella época, lo habitual era tener el teléfono en régimen de alquiler, lo que ahora se llamaría como servicio, y convivíamos con el mismo modelo, durante años o décadas.

A pesar de ser un diseño de hace más de 50 años, sigue teniendo algunas ventajas comparado con los actuales DECT (Digital Enhanced Cordless Telecommunications) que usamos en lineas fijas de casa o la oficina. La primera es que no requiere toma de corriente, se alimenta directamente del par de cobre telefónico, un enchufe menos, y un ínfimo ahorro energético. Derivado de esto, nos ahorramos tener que cambiar sus baterías recargables que con el uso se estropean, o tener que estar pendiente de si está o no cargado.

El sonido de su timbre es muy alto, así que lo oímos fácilmente a diferencia de muchos teléfonos actuales. El volumen es por supuesto regulable.

Lógicamente, debemos prescindir de la identificación de llamada, olvidarnos de la memoria de contactos, y acostumbrarnos a girar el disco para marcar, que lo hace más lento. Tampoco tenemos rellamada, ni otras funciones.

Generalmente los teléfonos antiguos no son compatibles con las conexiones actuales. Si antaño usaban una conexión a roseta, ahora es un conector RJ, por lo que deben ser adaptados. Aunque la operación es relativamente sencilla, esto hace que sus precios aumenten notablemente. Máxime si su estado de conservación es bueno, o como en él mío, además está restaurado, haciendo que sobrepase el precio de muchos de sus compañeros de hoy en día.

Es importante que sepáis, que algunos restauradores, repintan el teléfono. Si se mantiene la tonalidad original, por ejemplo un Heraldo rojo, repintado a rojo, no hay problema. En mi caso, el teléfono era originalmente de color crema, así que al estar repintado en rojo, se nota rápidamente cuando la pintura se desprende, cosa que ocurre sobre todo en el cable enroscado que va del teléfono al auricular.

En lineas de fibra óptica puede recibir llamadas, pero no emitirlas, mientras que si contamos con VoIP, no nos servirá en absoluto.

Puede chocar que ahora que acostumbramos a cambiar de móvil cada año, y que apenas recordamos que terminal tuvimos hace 5 años, podamos seguir usando un aparato con tantos años encima, y que como bien demuestran, sean de más calidad y duración que los modelos recientes. No dudo que mi Heraldo, salvo cambios en la linea, pueda darme servicio durante 50 años más.