Hace unos meses Pablo de Historias Minimalistas (el autor también de La sabiduría de quebrar los huesos), tuvo el detalle de invitarme a escribir en su blog. Igual que hice con ZonaCasio y con Marc, me hago eco a continuación de la entrada.



Soy Javier Gutiérrez Chamorro, y os voy a hablar del coleccionismo.

Pablo pensó que sería interesante que los lectores de Historias Minimalistas pudieran conocer un poco más sobre las motivaciones y los beneficios del coleccionismo, que a priori pueden parecer completamente opuestos al minimalismo.

Debo aclarar que no me considero un coleccionista, al menos, no un coleccionista al uso. Cuando pensamos en un coleccionista, inevitablemente nos vienen a la mente las colecciones de sellos, de monedas o de minerales que vemos en muchos mercadillos. Colecciones que persiguen el placer de la contemplación de sus piezas, o bien la satisfacción de encontrar las partes que faltan, y llegar a tenerla completa. Obviamente, durante ese proceso de coleccionismo, se adquieren nuevos conocimientos, se conocen nuevas personas con las que compartir nuestros intereses en común, etcétera.

No tengo colecciones, aunque sí bastantes objetos que me agradan, y que, por ser de una tipología común, podríamos englobar en una colección. Una buena biblioteca de libros, unos cuantos relojes, algunos pares de zapatos clásicos, artículos relacionados con el afeitado tradicional, plumas estilográficas, retro-informática, juguetes de antaño (Airgamboys, Madelman o Comansi)…; Y si tuviera más espacio, y por qué no decirlo, más dinero, tendría varios coches de diferentes clases.

No me mueven las ansias de tener una colección íntegra y entera. No pretendo tener todas las plumas estilográficas de color rojo que salieron a la venta, ni tampoco todos los libros escritos por determinado autor, o en determinado período. Lo que me motiva no es la contemplación de estas piezas en una estantería o en un expositor. Aunque de vez en cuando me quede ensimismado mirando un reloj, lo que me gusta precisamente de él es ponérmelo, usarlo, disfrutarlo. Darle la función para la que fue concebido y creado.

Tampoco es relevante el precio de cada pieza, da igual que cuesten 0,50€ o 500€. Solamente es necesario que me generen algún tipo de emoción. Desde un recuerdo, como me ocurre desde niño con los Airgamboys; quitarme la espinita de algo que quise tener y nunca pude como un Madelman; explorar y diferenciar las particularidades y sensaciones que ofrece una maquinilla u otra en el afeitado clásico; o bien profundizar en el conocimiento y la artesanía del calzado tradicional. Poder escoger uno u otro dependiendo de lo que mejor se adapte a mí en cada momento en concreto.

El minimalismo, según yo lo entiendo, persigue la supresión de lo superfluo, eliminar todo aquello que no es necesario, para quedarse con la esencia. El concepto en su expresión más pura. Aquello del menos es más.

Pero ¿qué significa, es más, o ser más, en este contexto? En lo que a mí respecta, consiste en centrarse en las cosas importantes y transcendentales. Qué duda cabe que, a nivel humano, ese más, tiene mucho que ver con la felicidad y la armonía. Así pues, si obtenemos esa felicidad, coleccionando, acaparando, o renunciando a todo ello como si fuéramos un asceta, no importa. Lo primordial es que cada uno de nosotros tenemos derecho a intentarlo, nuestros caminos pueden ser diferentes, pero la meta es la misma.

Escrito por Javier Gutiérrez Chamorro (Guti)