LinkedIn era a mi modo de ver, la única red social que mantenía su espíritu original. Facebook, se ha llenado de virales absurdos y de publicidad, y Twitter más de lo mismo.

En LinkedIn en cambio, encontrábamos contenidos interesantes, y era una buena forma de mantener el pulso a temas profesionales. Lo primero que percibí, es como empezó a degenerar, llenándose de historias de autobombo. Seguro que habréis leído muchas. Escribo un artículo exagerando mi imagen, la gente me comenta diciendo que soy el mejor (exagerando mi imagen y la suya), yo les digo que en realidad ellos si que son los mejores (exagerando su imagen y la mía), y así sucesivamente.

Después de eso, vino lo peor, la conquista de la red social por parte de muchos headhunters, que se ponen en contacto con nosotros, sin tan siquiera haber revisado nuestro perfil. El primer caso que recuerdo fue un consultor de HR que me contactó ofreciéndome una oportunidad muy interesante en Suiza. Lamentablemente, no estaba relacionada con la tecnología, ni siquiera con la relojería que tal vez hubiera aceptado. Tenía que ver con las finanzas. ¡Me pregunto si de haber aceptado me habrían contratado!

Otro consultor, se puso en contacto conmigo, ofreciendo los servicios de recruiting en la empresa para la que trabajaba. Educadamente le respondí que ya trabajábamos con esa empresa en tareas de selección. Nunca me respondió. Es obvio que si buscamos talento, que mínimo que leer el perfil del posible candidato…

Otra anécdota. Una empresa se puso en contacto conmigo, ofreciéndome su dilatada experiencia de más de 6 años en determinada tecnología. Me invitaba a un desayuno donde yo prefiriese para darme más detalles de sus servicios. Lo que no sabía, es que llevamos usando esa novísima tecnología desde hace 2 años más que ellos.

Me encontré también con una empresa de este índole en la que me añadieron 7 personas diferentes. Y eso que están a casi 1.000 Km de mi ciudad.

El caso más extremo, es el último, y el que me incentivó a crear este artículo. Me contactaron con un CV de un excelente candidato para ocupar mi puesto en mi empresa. Lo de excelente es literal, así lo ofrecían. Pues bien, ese currículum, no era ni la mitad de bueno que el mío. Ni por años de experiencia, ni por conocimientos, ni por tipo de proyectos. En cambio, el sueldo al que aspiraba, ¡si que era bastante mejor! Por supuesto les respondí con un enlace a mi perfil de LinkedIn, pero nunca volví a saber más.

Entre medio, he vivido múltiples variantes. Me han invitado a asistir a cursos de diseño gráfico, me han instado a dar charlas sobre marketing, me han convocado a llamadas por Skype que nunca ocurrieron y un largo etcétera de pequeñas meteduras de pata.

Por supuesto, me han comunicado servicios, o realizado propuestas, que bien podrían haberme interesado, aunque no lo hicieran finalmente, estaban justificadas. Es ese precisamente el punto que le veo a LinkedIn como red profesional, pero que paulatinamente se va perdiendo en un goteo periódico de desinformación y mensajes no deseados/no interesantes.

Quiero creer, que estos casos son excepcionales, y son la minoría, y que realmente, la mayoría de profesionales del recruiting, han mirado mi perfil, y por eso no me han contactado de manera infundada. Pero no deja de ser chocante que haya, aunque sean unos pocos, profesionales de este campo, que ni siquiera revisen el CV de a quienes contactan.