El pasado sábado, tuve el privilegio de asistir al Curso de Conducción deportiva que se imparte en la escuela de Can Padró.

El temario era el siguiente:
– Posición y acceso a los mandos.
– Posición de manos en el volante.
– Importancia del peso en el comportamiento del vehículo.
– Slalom.
– Correccion de derrapaje.
– Frenada de emergencia en piso deslizante. sin ABS con ABS.
– Trazado de curvas, mismo radio, distinto radio, enlazadas…

Empezamos a las 9 en punto, y se nos entregó nuestro coche, un Seat León 1.8 de color naranja metalizado. Luego, Ferrán, nuestro instructor nos explicó las posiciones óptimas de conducción, y comenzamos haciendo uno slaloms, aumentando progresivamente la velocidad para podernos ir habituando al comportamiento del coche, transferencias de pesos, y pérdidas de adherencia. La prueba se realizaba al máximo de nuestras posibilidades en 2ª velocidad.

Seguidamente, se nos explicó porque un coche subviraba o sobreviraba, y como funcionaban los cambios de apoyo, que empezamos a practicar en una rotonda. Esta práctica consistía en tomar en 2ª velocidad a 3/4 de gas la rotonda lo más cerrada posible, forzando del derrapaje de la trasera del coche al soltar el acelerador bruscamente, y controlar la maniobra contravolantando.

Luego vino una rápida comida de trabajo, aunque de bastante buena calidad, para empezar a ver las diferencias de comportamiento en firme deslizante durante las frenadas. Se frenaba con y sin ABS, y el objetivo final era entrando a 60 Km/h, realizar una frenada de emergencia que a su vez nos permitiera esquivar los obstáculos.

Por último, la parte fuerte, Ferrán nos explicó como se debían trazar los distintos tipos de curvas, y sobre la linea del circuito. Cambiamos de coche por un León TDI de color gris, con las ruedas en mucho mejor estado, y empezamos a dar vueltas cada vez a mayor ritmo. Era una zona lenta, que hacía tomar las curvas en 2ª velocidad, con una recta que permitía llegar a fondo de 3ª.

Hicimos el trazado en los dos sentidos, y debo reconocer, que nunca había conducido tanto tiempo al límite, las curvas se sucedían sin apenas tiempo, tomando todas al tope de adherencia, algunas incluso un poco más allá.
Según nos explicaron después, el pitido que sonaba, era la centralita electrónica quejándose de que el control de estabilidad intentaba entrar en funcionamiento, y no podía. Logicamente, la escuela, deshabilitaba todas las ayudas electrónicas directamente, por lo que la electrónica, iba un poco confundida durante las pérdidas de adherencia y tracción.

En los videos se pierde toda las sensaciones del coche que se transmitían al habitáculo, y gran parte de la sensación de velocidad, y de la intensidad de las frenadas. Pero doy fe que cuando seguíamos al León Cupra rojo del instructor, íbamos a nuestro tope, apurando las marchas hasta más allá de las 4500 rpm, y con reducciones a segunda velocidad que en algunos casos hacían cortar la inyección.