Cada vez que hablo con profesionales del panorama relojero español, se repiten una y otra vez la crisis que está viviendo. Suele atribuirse a las marcas chinas, la profusión de relojes inteligentes, a la venta por internet, los mercados paralelos o a que cada vez menos gente lleva reloj.

Escucho que se habla de facturaciones que descienden en un 30%, de modas que duran menos de 6 meses, o de un cambio de hábitos al cual todavía no nos hemos adaptado. Sin embargo, y aunque suene duro, mi opinión es otra, y seguro que a muchos profesionales del sector, o a los representantes de las marcas no les va a gustar. La crisis que afronta la relojería en España se debe principalmente a nosotros mismos, a todos los implicados que se dedican a ello de manera profesional.

Llevo años impulsando a las empresas de aquí, dándolas a conocer, evangelizando y defendiéndolas ante las extranjeras. En muchos casos son compañías que tienen un producto mucho mejor que el que nos venden desde afuera. Pero quizás fallan en la comunicación, en saber vender, o en la distribución.

Mi pasión relojera me ha llevado a conocer a un elenco de protagonistas de la relojería de nuestro país. Realmente tengo ubicadas más de cien firmas españolas que se dedican a la relojería. De todas ellas, casi una veintena se han ofrecido amablemente a colaborar conmigo, en forma de entrevistas, de información, o en forma de pruebas a fondo de sus relojes.

En cambio ¿qué ocurre con las otras ochenta? Nada, ni pío, han hecho oídos sordos sin dignarse a responder. Si verdaderamente así es como tratan a alguien que quiere darlos a conocer, no quiero ni imaginarme lo que harán con sus clientes o distribuidores…

Me llama notablemente la atención que con marcas extranjeras como Tissot, Swatch, Suunto o Casio, las puertas suelen estar abiertas para cualquier tipo de colaboración. En cambio, con las de aquí, todo son trabas. Para más inri, percibo que las tiendas parece que sienten y viven más el producto que la propia marca. Tiendas españolas, alemanas, inglesas o incluso rusas se prestan a que podamos hablar de los relojes que venden de manera orgullosa y sin nada que temer. Una actitud admirable, y que reconozcámoslo, les requiere a esos comercios un esfuerzo económico y de gestión nada despreciable.



Lamentablemente con las empresas de aquí es distinto. Ciertamente tienen mucho más personal y perfectamente podrían coordinar este tipo de actividades. También tienen un mejor sustrato económico del que sus números no se van a resentir si ceden un reloj. Pero no lo hacen. Es como si no les interesase que nadie probase sus relojes, como si les diera miedo quedar mal. Entonces me doy cuenta que, si esas marcas no creen en su producto, no se lanzan abiertamente a darlo a conocer, menos aún creerán en ellos sus clientes, no importa que sean éstos consumidores, comerciantes o distribuidores.

Es un problema que va más allá de la relojería, y que en mayor o menor medida afecta a cualquier tipo de industria en nuestro país. Desde la textil, hasta la joyería.

Pero, ¿sabéis que ocurre? Que las veces que he tenido en mis manos un reloj de marca española me he dado cuenta que no tienen nada que envidiar a los de afuera. Que en general aquí, en España, hacemos las cosas bien, mucho mejor de lo que pensamos. Que tenemos marcas, micromarcas y distribuidores con un potencial enorme y con ganas de ofrecer algo diferente. En pocas palabras, que el mercado está esperando.

La prueba es que tenemos claros ejemplos de éxito, Kronos o Duward que pese a toda la dificultad, siguen adelante, haciéndolo lo mejor que pueden, y dando lo mejor de ellos mismos.