Hemos llegado al final de Diamantes Positrónicos, si te perdiste la primera entrega, la tienes aquí, y la segunda aquí.

Al final, encontrarás las notas del autor, tal cual se incluyeron en la edición original, y la descarga completa en PDF.

Susan estaba explicándoles a Alfred, Lawrence y Scott lo que había visto. Mientras iba hablando, sus compañeros no dejaban de prestar atención a las televisiones. Ocho de los artefactos parecían ya terminados, y las máquinas trabajaban en los dos restantes.

Fuera lo que fuera lo que tuvieran entre manos, no les quedaba demasiado tiempo para averiguarlo, sus vidas podían estar en juego.

Lo primero que acordaron fue que Lawrence coordinase un equipo que fuera a ver de cerca y en persona aquellos diez artefactos que estaban construyendo. Era evidente, que unas cámaras televisivas con imagen en blanco y negro, no eran la mejor opción para poder apreciar los detalles.

Entre tanto, Susan advertiría a EZ-27-E1007 que unos compañeros iban a descender a realizar tareas de inspección rutinaria. Si durante la conversación, era capaz de obtener más información, sería bienvenida.

EZ-27-E1007 no puso ninguna pega en que el equipo humano descendiese a la galería para realizar aquellas “tareas rutinarias”. Pero tampoco fue capaz de proporcionar más información útil.

El equipo estaba listo, descenderían cinco de los hombres de mayor confianza en la “USR” (ahora “US Diamonds, Inc”), acompañados del propio Alfred.

Cuando descendieron, 9 dispositivos estaban ya terminados. La voz de Alfred les indicó a los robots que detuvieran su trabajo unos instantes mientras hacían unas comprobaciones. Fieles a sus órdenes, los robots encargados de la construcción de los aparatos, se retiraron con el resto a trabajar en la extracción de diamantes. La función que cumplían antes de que decidieran empezar a construir aquello.

Tuvieron suerte, porque ese momento les permitía ver las esferas completamente terminadas, pero también la última de ellas, la que estaba en progreso, y con acceso a su interior.

Aquellas bolas pulidas y brillantes, podían ser perfectamente el caparazón de una bomba atómica. El envoltorio que contendría aisladas las dos masas subcríticas de uranio. Sin embargo, el contador Geiger que portaba, no manifestaba valores de radiación superiores a los normales.

Decidió acercar el medidor a la esfera abierta, la que quedaba por terminar. Nada, valores de radiación nominales. Introdujo el contador en el interior de la esfera, y esperó algunos segundos. La manecilla indicadora de Roentgen se mantuvo estable. O bien aquel aparato no era radiactivo, o su interior estaba aislado hasta unos niveles inimaginables para la tecnología existente.

Alfred examinaba el interior de la esfera. Intentaba hacerse una idea de su interior, y determinar si sería capaz de aislar la radiación hasta tal punto. Entonces se dio cuenta.

No se trataba de ninguna bomba atómica. Lo que había construido los robots, era una especie de prensa BARS. Un artilugio que casualmente es también esférico, y que también debe resistir mucha presión, pero que no tiene ninguna utilidad como armas.

Definitivamente EZ-27-E1007 no había mentido, su programación se lo impedía. De algún modo se las habían ingeniado para lograr producir los diamantes sintéticos de una manera más sencilla que la excavación. Probablemente, haciendo uso de sus conexiones al sistema de información central, habían descubierto la existencia de este tipo de prensa.

Sus cerebros positrónicos, habrían calculado que resultaba más eficiente invertir el tiempo de trabajo fabricando prensas BARS, que extrayéndolos.

Una vez más, las máquinas se ponían al servicio de los hombres, y una vez más, conseguían sorprenderlos, siguiendo un camino inimaginado durante su concepción.

FIN

NOTAS
El invento del transistor, que tanto ha cambiado nuestro mundo actual, se remonta a antes de 1925. Al igual que la computación cuántica actual, pocos fueron los que vislumbraron alguna utilidad práctica al mismo, reconociéndose esta visión al controvertido William Shockley de los Laboratorios Bell. Continúan las investigaciones, y en 1954, también de Bell Labs, Morris Tanenbaum, patenta el transistor de silicio, que poco después sería comercializado por Texas Instruments.

Los transistores serían los sucesores a las válvulas de vacío en lo que a ordenadores se refiere, dando así paso a la revolución digital, gracias a la constante miniaturización electrónica que no se ha detenido hasta hoy. Decimos digital, porque opera con dígitos, o sea bits de información, que pueden valer 0 o 1. La mencionada computación cuántica se basa en un estado intermedio adicional, que vale 0 y 1 al mismo tiempo, y con implicaciones filosóficas que se ha especulado pueden afectar a realidades alternativas.

Sea como fuere, Isaac Asimov anticipó algo parecido, los cerebros positrónicos que proporcionaban un razonamiento lógico más similar al del cerebro humano. De forma que el 1, pueda depender de las circunstancias.

Por ello es un homenaje al Doctor Asimov, adoptando gran parte de sus escenarios y personajes, en este cuento me plantee reflexionar lo que habría ocurrido si el transistor no se hubiera descubierto o, mejor dicho, si no se le hubiera encontrado una utilidad práctica. La micro-computación, habría tardado más tiempo en llegar, tanto como hasta 2002 que es donde se ambienta este cuento. Pero sus posibilidades y su crecimiento, podría haber sido varios factores de magnitud más rápidos que la Ley de Moore (el doble de potencia cada 18 meses).

La descripción de los personajes, es una combinación de lo imaginado en los libros, y lo visto en las películas, mientras que Susan Calvin, añade además rasgos de alguien muy especial para mí.

Explota también la idea de los robots con voz, otro concepto de Asimov. Mi descripción de Susan Calvin, es una mezcla de mi querida Lisa, combinada con la Susan de la película Yo Robot de 2004.

Los brillantes son un claro ejemplo de Bien de Veblem, un concepto por el que siento pasión, y que obviamente debía aparecer en este relato.

Técnicamente no es demasiado estricto, construir una bomba atómica, o una prensa BARS, no es algo tan sencillo, y menos, como para realizarlo con materiales de deshecho. Arthur C. Clarke, me habría pegado un buen rapapolvo, pero yo, como un aficionado de a pie, he preferido priorizar la trama principal, en vez de complicarla con historias secundarias que dieran más fundamento científico.

Debo agradecer a Luis su ayuda en la revisión, sus sinceras opiniones, e incluso algunas sugerencias que forman parte de esta versión.

Para los que no estéis familiarizados con las Leyes de la Robótica de Asimov, aquí os las dejo:

1ª Ley: Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2ª Ley: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley.
3ª Ley: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley.
Ley 0: Un robot no hará daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño.

Desde aquí puedes descargarlo completo en formato PDF (252 Kb).