De niño allá por los años 70 y 80, ya me gustaban los coches, y si había uno que me llamaba la atención era el Dodge Dart. En un mercado tan cerrado como el nuestro, con elevados aranceles a las importaciones, los coches que se veían en la calle eran todos nacionales: Seat 1500, Seat 124/1430, …

A partir de 1965, Barreiros-Diésel, S.A. en su factoría de Villaverde (Madrid), fundada por Eduardo Barreiros Rodríguez, comenzó a fabricar el Dodge Dart, sobre la base del ya casi extinto modelo americano de tercera generación (1963-1966), en sus variantes 270, GL, GLE, GT, y diesel. La versión española se basaba en la tercera generación (1963-1966) y después en la cuarta (1967-1976) de las versiones americanas, que fueron fabricadas por la compañía.

Los Dart manufacturados por Barreiros, equipaban un motor de origen Chrysler, 6 cilindros y 3,7 litros de cilindrada, que daba 145 CV de potencia, y subían hasta los 160 CV en la versión GT. El motor diesel, era de origen Barreiros, con 4 cilindros, 2 litros de cilindrada y 65 CV de potencia máxima.

A partir de 1970 se renueva la gama, y se rebautiza como Dodge 3700, con el fin de enfatizar su potencia. Este modelo, no tiene nada que ver con la cuarta generación del Dodge Dart estadounidense (1967-1976), sino que se basaba en la carrocería del Dodge Coronado fabricado para Argentina.

Equipaba de serie un nunca visto equipo de aire acondicionado, y un exlusivo motor de 6 cilindros que nadie más montaba. Para los estándares de la época, era un coche lujoso, caro (400.000 pesetas en 1971), grande (4,99 m), potente (165 CV) y pesado (1412 Kg).

Hubo una versión aún más larga ranchera/familiar, lo que ahora llamaríamos station wagon, que se utilizó mayoritariamente como ambulancia, y coche fúnebre, y versiones con cambio automático.

Para ponerlo en situación, debemos mencionar que en aquella época, España estaba plagada de utilitarios los longevos Renault 8 (1962-1976) y Seat 850 (1966-1974), el nuevo Seat 127 (1972-1982), … Las familias optaban por el Seat 124 (1968-1977), el Simca 1200 (1967-1982), el moderno Citroën GS (1970-1980) y los más pudientes el Renault 12 (1969-1980) o el Peugeot 504 (1968-1983).

Coches excepcionales que llegaran a nuestro país, se contaban con los dedos de una mano: Citroën CX (1974-1991), Chrysler 180 (1970-1982), Renault Alpine A110 (1961-1978), Matra Simca Bagheera (1973-1980), … Al cabo de los años, podrías ver en las carreteras algún BMW, algún Mercedes, o incluso algún Porsche, probablemente en manos de extranjeros.

Estábamos en un contexto donde los coches más populares montaban un motor de 1,2 litros y unos 60 CV de potencia, que apenas les permitían rozar los 140 Km/h de velocidad máxima. El Dodge 3700 GT, llegaba a los 170 Km/h, gracias a casi triplicar esa potencia en base al triple de cubicaje. No es de extrañar, que fuera una berlina de representación ampliamente utilizada en nuestro país, como la que montaba el coche bomba que en 1973 acabó con la vida de Luis Carrero Blanco.

Se dice que el techo de vinilo tan característico en los Dart, con ese toque deportivo, fue un apaño de Barreiros para disimular la corrosión superficial que tenían algunas carrocerías tras haber estado almacenadas, y que al final se convirtieron en un símbolo del coche, y que acabara extendiéndose a otros coches de aquella época.