Recientemente ha saltado a la palestra el fraude de Volkswagen descubierto por la EPA (Agencia de Protección Medioambiental Estadounidense). El escándalo, de momento descubierto sobre motores VW 2.0 TDI de 140 CV vendidos entre 2009 y 2015, afecta a cerca de 500.000 vehículos, pero es probable que se extienda a otros propulsores, y enseñas del grupo como Audi, Seat y Skoda.

El comunicado de la marca, anuncia ya que se puede estar hablando de 5 millones de coches dentro del grupo, aunque hay voces que afirman que la cifra podría elevarse hasta los 11 millones.

¿En qué consiste el escándalo? Pues que para superar las normativas anticontaminación de la EPA, la ECU (Engine Control Unit) o ECM (Engine Control Module), es decir, la centralita de estos motores, detectaba cuando se estaba pasando el test de homologación, y actuaba en consecuencia empobreciendo la mezcla, de manera que se superaban las pruebas. Por el contrario, en conducción real, operaba en el modo de trabajo normal, y por tanto las emisiones aumentaban entre 10 y 40 veces.

Lo interesante de este caso, además de la temática de automoción que tanto me gusta, son los añadidos tecnológicos.

Por un lado, la campaña de Google Adsense que Volkswagen AG ha implementado para dar a conocer los hechos. Un gasto económico irrisorio, si se cumplen las amenazas de la EPA de multar con más de 30.000$ por vehículo vendido.

En segundo lugar, y si cabe más importante, es que muchas veces me he referido a lo que debería aprender el mundo de la informática de acontecimientos del mundo real. Esta vez se trata justo de la lección opuesta, es decir, de cómo el mundo, puede aprender de la informática. Y es que este tipo de pruebas, han sido hasta ahora benchmarks puramente sintéticos, y por tanto detectables, y optimizables. ¿Os acordáis de los drivers de Detonator FX de nVidia que en 2003 se descubrió que detectaban 3DMark, y de ser así, eliminaban detalles para sacar mejor puntuación?