El transcurso del tiempo tiene sonido, al menos lo tiene para todos los que amamos la horología. Ya con mi primer reloj, un Sandoz de cuerda que os expliqué en mi historia relojeril, ese tic-tac del correr del tiempo me pareció cautivador.

La sensación de encontrarme en una habitación silenciosa y oir los compases del reloj mecánico que me acompaña siempre me ha resultado algo agradable. Quizás la constatación del significado de la expresión “Marcar el tiempo”, o marcando el tiempo como dicen mis amigos de ZonaCasio.



Con la popularización de la tecnología de cuarzo y los relojes digitales, olvidé un poco la importancia del tic-tac. No es que la olvidara realmente, sino que quedó eclipsada por la señal horaria de mi Casio F-87W. Era como tener la complicada sonería de un reloj de pared en mi muñeca. Un discreto sonido que sonaba a cada hora en punto, y que en cuanto te acostumbrabas te permitía saber la hora sin tener que mirar el reloj.

Cuando retomé la afición relojera, me encontré buscando un reloj de sobremesa que tuviera señal horaria. Desgraciadamente pocos relojes analógicos de cuarzo, o digitales para el hogar cuentan con esta función o complicación. Así que me conformé con el Technoline WS 8009 que carecía de ella. En el fondo me sentía algo desorientado teniendo que mirar sus grandes dígitos para saber la hora. Me faltaba algo como la señal horaria que, como decía antes, me fuera marcando el tiempo.

Muchos prefieren el silencio total en su casa, otros la música sin parar, y algunos más el sonido de fondo de un televisor. Para mi la experiencia completa es un elegante tic-tac, y un recordatorio de los cuartos. Una experiencia por la que tuve que esperar hasta tiempos muy recientes gracias al Hermle Linford, irónicamente, basado en una tecnología de hace más de 300 años…



Tener un “tiempo que se siente” es una experiencia completamente distinta. No importa que sea por el tic-tac de su mecánica, por un sonido electrónico, o por su sonería. Tanto es así que con el Hermle os explicaba que estaba en proceso de acostumbrarme a esas interrupciones que en forma de melodía de Westminster interrumpían el silencio cada 15 minutos. Ahora es completamente distinto, y cuando lo desactivo, encuentro como si faltase algo.

Los elevados precios en los que se mueven los relojes mecánicos de pulsera, alejan las sonerías con su repetición de minutos de los bolsillos normales. A lo sumo podemos aspirar a una alarma de un reloj soviético. Como ocurre con los calendarios perpetuos. Sin embargo, con los módulos de cuarzo cada vez más baratos, tampoco encontramos bonitos relojes analógicos que tengan indicación de cuartos o señal horaria. Tendré que esperar a Eble de cuco.