He tenido varios encendedores Zippo a lo largo de mi vida. Quizás el que más me gustaba, era uno de color ahumado que perdí. Después tuve uno precioso, con acabado cromado brillante (polished chrome), del año 1992, y que aún está conmigo.

Lleva muchos años, y mucho uso. Sólo le he recortado la mecha dos veces, y funciona perfectamente. El acabado externo, aguanta muy bien, a pesar de las caídas que ha sufrido. Alguna de ellas, con la suficiente fuerza, como para desalinear la tapa. Son mecheros, aquí el término si que es acertado, pues llevan mecha, muy resistentes y duraderos. Tal vez más de una vida, particularmente si su propietario lo utiliza para fumar.

Con el Clipper Metal Jet Flame, os decía que la principal ventaja sobre los Zippo, era el escaso mantenimiento. Ciertamente, un mechero Zippo, requiere de cierta dedicación a ellos. Algo parecido al calzado clásico, el afeitado clásico, las plumas estilográficas o la relojería mecánica. Ello los hace menos prácticos, pero con un encanto adicional, si queremos verlo de ese modo.

Después del calentador Zippo, me sorprendió, como los precios, eran bastante más competitivos que antaño. De hecho, puedes conseguir un Zippo original, por 15€ en Amazon, lo cual está muy bien. Esperaba que ya no fueran Made in USA, o que su calidad hubiera disminuido, pero no es el caso. Todo sigue exactamente igual que cuando lo recuerdo, y presumiblemente, casi nada ha cambiado desde 1932 en estos legendarios mecheros.

A parte de una buena resistencia al viento, lo que los hace únicos es su garantía de por vida sobre las partes mecánicas (ni siquiera Eastpak nos da tanto), o la simplicidad de su funcionamiento.

Desde 1958, cada Zippo que sale de la factoría de Bradford, lleva grabada su fecha de fabricación en la base. Desde 2001, esta es mucho más intuitiva que las barras o los puntos de antaño: 01 (2001), 02 (2002), y así sucesivamente, al menos hasta 99 (2099).

En realidad, apreciamos pequeñas diferencias. Ahora la caja es de cartón, mientras que antes era de plástico negra con las letras doradas (similar a la de Vostok), debe ser algo más económica, y más ecológica. Además, viene claramente identificada con un Made in USA, algo que antes, estaba más escondido. La esponjita superior, ahora incluye unas instrucciones para su recarga, con el texto: “Lift to fill”. Anteriormente no tenía inscripción alguna.

La versión con acabado cromado cepillado (brushed chrome), es probablemente la más fiel al original. Con la ventaja que sobre ese cepillado, no se notarán los arañazos. En realidad, podríamos volverla a cepillar si fuera necesario. Sin embargo, resulta algo áspero al tacto en algunas zonas. Encuentro mucho más agradable mi clásico en acabado cromo brillante.

La versión negro mate (black matte), le da un aspecto original, y algo diferente. El color, parece pintura, en vez de un recubrimiento, pero lo cierto, es que es muy resistente. Lo suelo llevar en la mochila, donde va golpeándose con la funda de las gafas de sol y la navaja, y no muestra síntomas de desgaste ni de descascarillarse.

Son artículos muy recomendables, con una durabilidad, y una herencia, difícil de encontrar hoy en día, y que sobreviven en gran medida gracias a los coleccionistas. Así que en tu caso, me haría con uno de estos encendedores lo antes posible. Pero debes saber, a qué me refería con mantenimiento, al principio del artículo.

Cargar gasolina: A diferencia de un encendedor de gas, aunque no lo utilices, deberás recargarlo de gasolina, al menos cada dos semanas. Ésta se va evaporando poco a poco, y te puedes encontrar con que cuando lo necesites, no encienda. Rellenarlo es muy sencillo, la gasolina es fácil de conseguir, y sin ser barata, tampoco es demasiado cara. Cuesta unos 3€ la lata de 125ml, que te debe dar para unas 20 cargas.

Cambio de piedra: Igual que los encendedores con piedra, deberás reemplazar la piedra. Dependiendo del uso, te durará unas cuantas semanas, o unos pocos años. El proceso es muy sencillo, son económicas, 2€ 6 piedras, y las venden en cualquier estanco.

Recorte de mecha: La mecha, acaba carbonizándose por mala combustión, bien sea por falta de oxígeno cuando lo cerramos, por el viento, o por falta de gasolina. Es suficientemente larga, como para que podamos cortar la parte quemada, y extraer un trozo nuevo, durante dos o tres veces. Pero después deberemos cambiarla. El proceso es fácil, aunque menos que los anteriores. Las mechas, cuestan más de comprar, aunque son baratas (1,5€).

Otros mantenimientos: Cambiar el algodón cuando este haya perdido su capilaridad al cabo de muchos años (difícil de conseguir, barato y fácil de cambiar), …