Retomando la sugerencia de la Entrevista a Lidia, donde reclamaba una entrevista a mi persona, he decidido contar con una profesional del campo: Elena Fernández, que ha sido la encargada de conducir la entrevista a vuestro humilde escritor. Las fotografías son de Sergi, un gran aficionado de las instantáneas.

Se llama Javier Gutiérrez, tiene 41 años y semblante sereno, pese a la presión que irremediablemente recae sobre un CTO que debe dirigir y hacer funcionar a un equipo de programación. En esta entrevista descubrirá sus secretos para mantener la calma y mucho más. Ha llegado el momento de conocer mejor a Javier o mejor dicho a Guti, como le gusta que le llamen. Un nombre tan cercano como él.

Dime Guti, ¿qué hora tienes?
Pues son las ocho y trece de la tarde/noche. Ya ves que, aunque lleve un reloj de agujas, no me gusta eso de y cuarto cuando en realidad son y trece.

¿Qué reloj llevas hoy?
Todos los relojes que tengo me gustan, y me los pongo con cierta frecuencia, pero hoy me pillas con mi preferido, un Kronos Pilot Moon Phase. Lo que me gusta de él, es que, en primer lugar, es de una relojería barcelonesa con mucha tradición, de la que he hablado en algunas ocasiones. En segundo lugar, es un reloj mecánico que ofrece muchas funciones, complicaciones que se llama en el ramo, y que en general, montan relojes realmente caros.

¿Cuántos tienes?
Unos 50. Aproximadamente 40 me los pongo, y otros 10, los tengo por su valor sentimental, o porque los tengo pendientes de reparar.

¿De dónde viene tu devoción por los relojes?
Desde pequeño que me gustan, pero no había profundizado demasiado en el tema. No fue hasta hace 6 o 7 años, que, conociendo a gente, y con internet, que se me abrió un mundo totalmente nuevo. Hasta esa época, tenía dos relojes. Uno de diario, y otro para el fin de semana.

¿Necesitas tenerlo todo en hora? Quiero decir, organizado, bajo control…
Sí, pero a mi manera. Tolero cierto desorden, siempre y cuando yo lo entienda. No me importa tener un papel medio escondido en la mesa, si sé que está allí. De la misma forma que si tengo un reloj que va retrasado 5 minutos, no me molesta, pero tengo que estar al tanto de ese retraso.

Ser organizado es una de tus obligaciones en tu trabajo diario… ¿Cómo se lleva la gestión de equipos?
Lo llevo bien, aunque viendo mi mesa llena de papeles no lo parezca. Soy metódico a la hora de organizar las cosas, porque es importante que sean fáciles de encontrar, tanto para mí, como sobre todo por los demás. Son muchas cosas las que manejo al mismo tiempo, y es fundamental tenerlas claras y ordenadas. Ocurre que, si ya uno mismo no lo tiene perfectamente claro, resulta imposible transmitirlas al equipo.

¿Cuál es el secreto para mantener la calma en los momentos de mayor estrés?
Aunque tiene un componente innato, y en realidad soy bastante calmado en mi vida privada, profesionalmente es una habilidad que se desarrolla y mejora con la práctica. Lo importante es tener la mente clara, para dar con la solución que funciona, y salir del atolladero. Bajo presión, tendemos a desmoronarnos y ofuscarnos. Vamos, justo lo opuesto a lo que hace falta para centrarse y resolver la situación. Muchas veces, la presión nos la causamos nosotros mismos, intentando encontrar la solución perfecta, y nos olvidamos que en esas situaciones no es necesaria la perfección, ¡sólo que funcione! En el proceso, nos suele asustar fracasar o meter la pata, en mi caso, sí sé que lo he dado todo, y he hecho todo lo posible, me quedo tranquilo, independientemente de lo que ocurra al final. Lógicamente, prefiero que termine bien.

¿Qué es lo que más y lo que menos te motiva de dirigir a un equipo?
Lo que más me gusta es que es una tarea de resolución de problemas, pero multiplicado por 7 o por 10. Son muchas cosas que hay que ir despachando y me gusta esa visión de estar un poco en todo. Lo que menos, es cuando por razones diversas, ocurre, o tienes la impresión que el equipo o parte de él, no sólo no se implica, sino que parece que su actitud sea un freno. Hablo de actitud, porque creo que todos podemos aprender a hacer casi de todo. Es cuestión de ponerle interés para hacerlo. Por tanto, cuando no existe ese interés, y da la impresión que las cosas resbalan, me enciendo por dentro.

¿Y de programar?
De programar me gusta casi todo. Que no me agraden, pues tal vez las supuestas revoluciones en cuanto a productividad que van apareciendo en forma de nuevo software o librerías, y que prometen mejoras increíbles. Los que ya llevamos en esto un tiempo, hemos vivido unas cuantas. Al final la mayoría se quedan en una moda pasajera, sin ventajas reales.

¿Cuándo y por qué decidiste hacerte programador?
Pues hace muchos años de eso. Cuando tenía 8 años, tuve mi primer ordenador. No sabía ni para que servía, ni lo que era programar, pero a base de libros y revistas me fui metiendo. Me picó el gusanillo, y lo encontré un pasatiempo que me encantaba. Poco a poco me di cuenta que además se me daba muy bien, y un poco después todavía, que era posible vivir de ello. Así que hice de mi hobby mi profesión.

¿Cómo liberas la mente fuera del trabajo?
Soy bastante tranquilo, me gusta pasear, especialmente con Sidra Isidra, leer, el cine, salir en bici, escribir, y actualizar el blog. Tengo mis frikismos.

¿Cuáles son tus pasiones?
Bueno Elena, ya te he ido contando algunas. Si te las digo todas en esta entrevista, ¡ya no querrás hacerme más!

Decíamos antes que eres un gran coleccionista de relojes, ¿qué más coleccionas?
Pues coleccionar como tal, hace muchísimo que no colecciono nada. De pequeño, tenía una colección de llaveros que aún conservo, pero nada más. No soy un coleccionista en ese sentido.

Pero sí que hay algunas cosas que me gustan, y de las que tengo unas cuantas. No es una colección en el sentido de algo que está expuesto, y su intención es ser contemplado. Son objetos que uso, además de que me proporcionen cierto placer contemplarlos. Además de los relojes que te decía (de pulsera), tengo algunas variantes más: También relojes de pared, de mesa, despertadores, de bolsillo y cronógrafos.

Tengo también mucho material relacionado con la retroinformática (libros, revistas, ordenadores, software), o también una colección de libros (ciencia-ficción, filosofía, psicología y algunos clásicos), que es casi lo máximo que me cabe en el piso.

Me gustan ciertos juguetes, en especial los de mi época, y aunque no lo parezca, juego con ellos, aunque sólo sea durante Navidad. No sé, los Airgamboys, los Madelman, el Fuerte de Comansi, el Tente o los circuitos de slot.

Además, desde niño que me apasionan los coches, así que tengo muchísimo material en forma de revistas, libros, catálogos, guías de taller, manuales. Mayormente de los 70 y los 80. De Lidia conocerás también mi afición por las plumas estilográficas con tintas y tinteros.

Me gustan también las maquinillas de afeitar clásicas y su parafernalia; las gafas de sol y de ver; los botijos, paraguas, navajas y los cuchillos.

Tengo un teléfono antiguo, un bastón, una vajilla de Duralex, o una caja de música.

Soy entusiasta de los aparatos analógicos, y de los encendedores Zippo.

Si te fueras a una isla desierta y tuvieras que elegir sólo una de tus colecciones… ¿con cuál te quedarías?
No me haría falta llevarme ninguna de ellas. Quizás la de libros sería lo que mejor me iría para pasar el rato, pero no soy de los que en general disfrute volviendo a leer algo que ya he leído, salvo unas pocas excepciones.

¿Tienes previsión de empezar a coleccionar más objetos?
Uyyy, yo creo que estas cosas no se prevén. Llegan por sorpresa. Descubres algo nuevo que no te habías planteado, y de repente te entusiasma, y deseas conocer más de ello, explorar ese submundo recién creado, y acaparar.

Y ya para acabar, ¿qué le pides al futuro?
Solamente le pido al futuro que entre todos logremos ser mejores, y convirtamos el mundo en un mejor lugar. Más próspero, más justo, y más cómodo. Uno de mis ideales, es una Humanidad unida, que nos haga mejorar como individuos y viceversa, y de la que podamos sentirnos orgullosos, y no parar de avanzar. Llámalo paz mundial, conquista del espacio, o erradicación de la injusticia.

El secreto está en saber lo que uno quiere, y en rodearse de personas que en vez de frenarte, te aporten valor, y te impulsen a ser mejor.