Que el futuro de Seat a medio plazo es incierto, es una afirmación que a estas alturas no sorprende a casi nadie.

Dentro del mismo grupo VAG compite por debajo con Skoda, y por encima con VW y Audi. Por otro lado, militando en la división de Audi y Lamborghini, con un claro enfoque deportivo, es evidente que las cosas no pintan nada fáciles.

Seat debe conquistar nuevos mercados con un carácter diferenciador: Japón y EE.UU ofreciendo deportividad, y dinamismo.

El problema no está en las cadenas de producción de la marca, donde el rendimiento, y la calidad están dentro de márgenes tolerantes, sino más bien en los proyectos estratégicos que se desarrollan.

Los nuevos modelos apuestan por diseños que se salen de lo común. Pero ¿dónde queda la deportividad y el dinamismo? Seguramente, sepultados por el miedo a diseñar un proyecto que realmente rompa moldes.

Con un poco de imaginación, me viene a la cabeza lo que denominaría proyecto Seat Ibiza Cupra R4:
– Motor 2.0 FSI, como el del Golf GTI, pero retocado para dar unos 250 CV.
– Cambio secuencial DSG, como el del Audi A3 DSG.
– Tracción integral como en el antiguo León Cupra 4, o el A3 Quattro.
– Precio entorno a los 32.000 euros.

Está claro que un vehículo así, con elevada tecnología, altas prestaciones, dimensiones contenidas, y un precio equilibrado, tendría muchísima salida en Japón.

Pero por otro lado, el consolidado mercado del tunning en EE.UU aceptaría un coche así como agua de mayo.

No quiero decir que el modelo en cuestión fuera a ser un super-ventas, pero si que sería uno de los estandartes de la nueva imágen que Seat debe ofrecer al público, en los mercados donde más lo necesita.

Lo anterior, podría reforzarse (¿por qué no?), con un Toledo V6, o aplicar el mismo concepto al León.