Grapadora El Casco M-30

Retomamos los análisis de artículos de escritorio, y lo hacemos de una de las mejores formas posibles, retomando un clásico de hoy y de siempre, la grapadora M-30 CG, también conocida como Nº30 de la marca guipuzcoana El Casco de Olave, Solozabal y Cia (Tuncalya).

La progresiva evolución de la marca hacia los escritorios de lujo les ha llevado a disponer de una variedad de productos que son el sueño de cualquier amante de la escritura y la papelería de altísima calidad: abrecartas, afilalápices o sacapuntas, bandejas, portalápices, lupas, perforadoras, tinteros y especialmente grapadoras que conocemos también con las denominaciones de abrochadoras, corcheteras, cosedoras o staplers.

Si bien es cierto que su primer modelo, lanzado al mercado en el año 1934, la M-5 y que aún se vende, es el más conocido, me gustaba la idea de enfocar este análisis a modo de los artículos de cómo envejecen, de manera que hoy la grapadora de de sobremesa El Casco M-30 de 2018 se va a enfrentar a su único posible rival, la grapadora de sobremesa El Casco M-30 de 1985.



Digo que su único rival es ella misma, porque aunque a nivel europeo tengamos a Petrus (Esselte) y en Estados Unidos a Swingline ya ni siquiera ellas continúan fabricando en sus países de origen. En El Casco, todos sus productos siguen siendo tan Made in Spain como lo eran al principio, y por tanto con todas las ventajas que ello comporta.

La M-30 se nos presenta en una caja que muestra una fotografía del producto para reconocerlo inequívocamente, aún así incluye los textos en 4 idiomas.



Una presentación bastante simple y que no impresiona, habiendo incluso escrito su web capitalizada y con un espacio en la forma Http ://www.el-casco.es. Si bien el empaquetado es algo importante en artículos selectos, para mi no representa ningún inconveniente. Lo que busco es precisamente lo que encontramos en su interior.



Una agradable cortesía es la inclusión de un paquete de 1000 grapas galvanizadas del número 27 de la propia marca que equivalen a la referencia 27/13. Es satisfactorio en el sentido que podemos comenzar a usar el producto tan pronto como lo recibimos. Aprovecho para recordaros la nomenclatura de grapas, que como me ocurría a mi, la tendréis olvidada. Si nos fijamos en 27/13, el primer número indica la fuerza de la grapa (27 que es más dura cuanto más grande). El segundo número es la longitud de la pata (13 en milímetros). Con ese tipo de grapa, es capaz de grapar hasta 100 hojas de 80g/m2, que es mucho.

La grapadora M-30 acepta grapas también más pequeñas, concretamente de los números 26 (26/10) y del 24 (24/6) que naturalmente pueden ser de cualquier marca.



La variante M-30 CG está fabricada en acero y zamak (aleación de zinc con aluminio, magnesio y cobre), con detalles bañados bien en cromo brillante plateado. La M-30 LN está bañada en color negro con detalles en oro de 23 quilates y cobre-níquel.

Se posiciona como una grapadora de gran capacidad, puesto que en su cuerpo, puede almacenar una carga de hasta 100 grapas; lo que explica su tamaño: 150mm X 58mm X 108mm. El empujador con un muelle o un resorte, es fácil de extraer y no requiere demasiada fuerza para volverlo a poner incluso aunque el cargador esté lleno.



Es también bastante pesada (470g), lo que le da mucho aplomo y estabilidad a la hora de utilizarla, incluso aunque debamos aplicar mucha fuerza.

La base tiene un bonito logotipo en color negro con la armadura que representa la marca, el modelo, y la palabra Spain. Ofrece tres posibles ajustes rotativos, dos que juntan las patas de las grapas en diferentes ángulos, y un tercero que las separa.

En la parte inferior tenemos 4 patas de goma que hacen que sea antideslizante, y que no rallen la superficie en donde la tengamos. En cierta forma además, amortiguan los impactos a la hora de grapar.



El pulsador además de bonito por su cromado brillante, es redondeado, adaptándose a la palma de la mano, y permitiéndonos hacer la fuerza suficiente. El muelle o resorte que equipa hace que éste vuelva a la posición original, y además amortigua ligeramente los golpes.

Lo más impresionante es cuando tomamos un montoncito de 60-70 folios, algo que suele ser una tarea imposible en otras grapadoras, y que la M-30 de El Casco engrapa sin ninguna dificultad. Nos damos cuenta de la fuerza que tiene, porque cuando el volumen es menor, lo hace con gran facilidad. A partir de ahí, volver a nuestra grapadora anterior es un suplicio. Es como si les faltase energía, y no fueran capaces de hacer su trabajo de golpe.

Se vende a un PVP de 95€, no es barata, pero se justifica por su robustez y calidad. Es un objeto que va a darnos servicios durante muchísimos años, se amortiza, incluso aunque le vayamos a dar un uso esporádico. Como suele ser habitual, la podemos encontrar bastante más económica. Con menos exigencia, una M-1 CG más compacta y asequible (75€), es también otra estupenda opción.

Su cuidada calidad y por tanto su precio, posicionan a El Casco más como una marca de lujo y culto, que queda bien en cualquier despacho, como una enseña funcional de oficina. Todo eso no quiere decir que sean puramente objetos decorativos, al contrario, están hechos para usarse intensivamente y resistir el paso de los años, porque otra cualidad que tienen, es la de ser reparables, algo que es muy positivo, y que cada vez vemos menos frecuentemente.

La prueba de esa durabilidad, es como adelantaba al principio mi antigua M-30, una unidad con al menos 40 años a sus espaldas, muchos de ellos sufriendo el trabajo intensivo y el maltrato de una oficina de aquella época.

La nueva a la izquierda, y la vieja a la derecha nos permiten apreciar como salvo ligeros detalles, la construcción es exactamente igual en ambas. Percibimos el lacado gris mate que se ha ido saltando con el uso. Tal vez el maluso debería decir, puesto que en sus tiempos se llevaría más de un golpe y caída.









Como podemos comprobar, y si exceptuamos la suciedad que se ha ido incrustando en la máquina, con una buena limpieza y un repintado, sería casi imposible distinguir el modelo viejo del nuevo.

La El Casco M-30 es un artículo legendario de nuestras oficinas y despachos, una pieza que no sólo es mucho más duradera y eficaz que los productos de la competencia actuales producidos en China. Es también un objeto elegante, y que llena de buen gusto cualquier mesa o escritorio.

18 comentarios en “Grapadora El Casco M-30”

  1. Tenía muchas ganas de leer esta review. La grapadora es una pasada, cuando la comparo con las mías de plástico casi me da hasta risa. Me recuerda (salvando las distancia, claro) a mi querida, añorada y antigua máquina de escribir Olivetti, por el cuerpo metálico. Brutal. Sin palabras. Gracias por descubrirnos otro de esos objetos que como los Zippo o las maquinillas clásicas son de los pocos de su estilo que nos quedan.

    Por cierto, me encanta la «plaquita» en la antigua (que la nueva al parecer no lleva).

  2. ¡Qué grande! Es (o muy parecida) la que mi padre tuvo siempre en su despacho.
    Hablo de años ’80 y hasta mediados de los ’90. Gratos recuerdos, sin duda.

    ¡Un saludo!

  3. Gracias bianamaran. Es muy loable eso de fabricar objetos tan duraderos como esta grapadora. Algún día tendré que sacar yo también la Olivetti. Creo que todos tuvimos una, seguro que funciona, a ver si me hago con una cinta y la pruebo.

    La nueva no lleva plaquita, me imagino que no aportaba información útil y por eso la eliminaron.

  4. Por lo que dices Ender_Wiggin ya no la conserva. Una lástima, porque la mía es de la misma época, y aún le damos uso. La antigua la tiene mi padre, y la moderna yo. ¡Espero que mis hijos o mis nietos alguna vez lleguen a hablar de mi M-30!

  5. Esa grapadora era común verla en oficinas… supongo que yo la veía como todos los niños: con deseo de machacar ese pedazo de «pulsador»…

    Las grapadoras y los niños… un binomio que tiene mucha química por algún misterio de la vida…

    Ya de adolescente no me gustaba grapar las hojas, y en casa con una grapadora de las pequeñas de carcasa plástica nos vale. Sin embargo compramos una grapadora con un brazo de 30cm que nos permite hacernos nuestros propios librillos al poder grapar los folios por el centro.

    Saludos

  6. Aparte del producto, que curioso ver que se le llame «grapadora». Por acá, y según sé, en toda América, es «engrapadora». La clase de producto que nada mas notas cuando falla, y como fallan! Parece que algunas estan diseñadas solo para engrapar 2 fojas! Uso una diaria por mi trabajo, y la vieja Swingline de mi padre esta en la oficina, y en casa, una «de bolsillo» marca Pilot que salió mejor que muchas de tamaño completo.

  7. Tienes razón Kabe. Por aquí nunca escuché el término engrapadora, pero he consultado la Wikipedia y confirman que es la denominación usada efectivamente en la mayor parte de América (Mexico, Colombia, El Salvador, Honduras, Uruguay y Venezuela).

    Muchas veces confundimos tamaño con calidad, resistencia o duración. Como bien apuntas, podemos encontrar algunas pequeñas que están bien construidas y otras grandes que no lo están.

  8. Buenas Guti,

    En mi trabajo tenemos varias grapadoras de «El Casco», creo que te lo comente en un e-mail hace un tiempo, sobre todo las grapadoras de tenaza modelo M-83 y M-85, hay también alguna grapadora M-30. Puedo decir que son unas grapadoras bien construidas, resistentes y duraderas, algunas en mi curro con muchos años a sus espaldas.

    Otra de las bondades de estas grapadoras es su fácil reparación y sustitución de piezas y repuestos. De esto os lo puedo decir de primera mano, porque en la empresa yo soy la persona que se encarga de repararlas y ponerlas a punto.

    Gracias,

    Un saludo.

  9. Muchas gracias por tu testimonio Xabier P. Migoya. Lo de la reparación es un aspecto muy importante, por un lado son fáciles de reparar, pero por el otro la marca se preocupa de que haya recambios disponibles, algo que incentiva hacerlo.

    En cambio la mayoría de marcas, hacen justo lo contrario. Descatalogar modelos que llega un punto que ya no se pueden reparar. Otro ejemplo más de obsolescencia programada.

    Da gusto llegar a un sitio y ver modelos de El Casco que pese a sus años de servicio siguen funcionando perfectamente. Pienso que no hay mejor prueba que eso.

  10. Voy a ejercer mi derecho a disentir: disiento en cuanto a la obsolescencia programada.

    Empezando por lo obvio: una marca como «El Casco» que se preocupa de forma integral por su producto, esto es, no solo que sea atractivo para su venta, sino que sea práctico, fácil de reparar y que se puedan encontrar los repuestos habituales (aquellas piezas susceptibles de desgaste/rotura dentro de la vida normal del artículo) y por tanto también se preocupa de la experiencia de sus clientes.

    Así es como era, y sigue siendo en ocasiones, el comercio de antes. Cuando compré la trompeta al hijo salimos de la tienda con un instrumento de 600€ sin haber pagado un céntimo ni firmado ningún contrato, en una ficha de las de biblioteca el dueño de la tienda apuntó mis datos fiándose por completo de mi… hablo de ese tipo de comercio.

    La ingeniería permite calcular los costes de tiempo y dinero que cuesta fabricar casi cualquier cosa, además también permite estimar la vida útil de los artículos fabricados. ¿Cómo se aprovecha?, pues fabricando al menor costo (tiempo/dinero) posible cumpliendo los mínimos requisitos de funcionalidad/durabilidad.

    En el mercado de los móviles el 90% de los consumidores cambian de aparato dentro de los 2 primeros años: para qué preocuparse por baterías reemplazables o actualizar el firmware? Máxime si entendemos que esto último no es valorado por la inmensa mayoría de consumidores. Los consumidores prácticamente están marcando a las marcas qué hacer.

    En el mercado de cámaras réflex profesionales nos encontramos con máquinas asombrosas, cuya resistencia y durabilidad está fuera de toda duda. No es fácil encontrar repuestos, ya que estos quedan en manos de los servicios técnicos. Según tengo entendido hay diferencia en cuanto a la calidad de los servicios oficiales en España según la marca. Pero no hablamos de una marca despreocupada, sino, como ocurre muchas veces, que de alguna manera el servicio técnico puede no estar a la altura de la marca. Evidentemente hablamos de máquinas de más de 2000€ y objetivos que superan fácilmente los 1000€. En este mundillo en concreto tengo datos de primera mano y puedo dar fe de la robustez y fiabilidad de dichos artículos así como de la calidad del servicio técnico oficial de la marca que usamos en mi empresa.

    En el precio hay que tener en cuenta también los parámetros de durabilidad/fiabilidad que normalmente no tenemos en cuenta. En muchas ocasiones si incluimos en la valoración del artículo estos parámetros encontramos explicación al precio que nos parecía, a primera vista, increíble.

  11. También tenemos marcas que, fabricando un buen producto, no les interesa la experiencia post-venta y por no tener no tienen ni servicio técnico oficial.

    Algunas son puramente por precio. Es común en pequeño electrodoméstico de cocina como tostadoras, sanwicheras… Otras… pues vete a saber, solo quieren al cliente para que les compre, luego no quieren saber nada de el.

    Las primeras, las entiendo y sabiendo lo que estás comprando no veo el mayor problema… las segundas dan una ilusión de marca «seria» pero luego lo único que se toman en serio es el dinero.

    Y aquí no hablamos de la calidad de fabricación, hablamos de si a la marca le preocupa el servicio post-venta o no.

  12. He debido explicarme terriblemente en mi comentario Fernando. Porque secundo totalmente lo que dices. Los productos duraderos, son indudablemente los más sostenibles que hay, y por tanto los que deberíamos preferir.

    Efectivamente un producto duradero y de calidad, suele ser más caro, y ello se le repercute también el coste de disponer de piezas de recambio y su distribución.

    En el caso que nos ocupa, las grapadoras, son un absurdo esas máquinas de pésima calidad que duran menos que la caja de grapas que hemos comprado. Por baratas que sean esas grapadoras, al final nos salen caras. En términos de dinero, y en términos de molestias, porque deberemos salir a comprar otra justo en el momento que más falta nos haga.

    Me imagino que es más fácil hacer negocio con precios bajos, y es por ese motivo que me alegra que haya compañías como El Casco, que sin precios bajos, pero con la calidad y durabilidad como bandera, hagan negocio y sean respetados.

    Como digo con frecuencia, en parte depende de nosotros como clientes. Si no adquirimos esas baratijas, todos dejarán de fabricar baratijas que no sirven de nada.

    La pregunta (retórica) que enlaza con lo que dices de empresas que se preocupan por sus clientes. ¿Cuántos volverán a comprar, o recomendarán, una grapadora barata que se estropea justo en el momento en que necesitas grapar algo?

    Tan fácil como eso, mi M-30 con más de 40 años de servicio. O sea, un coste actual de 1,5€ al año. Por mucho que pensemos que se ahora con una grapadora de 2€, si ésta nos dura menos de un año, estamos tirando dinero, y malgastando recursos, esfuerzo y tiempo de manera innecesaria.

  13. No creo que sea que te hayas explicado mal, y mi disentir era por la expresión. Aunque últimamente me decanto de disentir en sí mismo del concepto de «obsolescencia programada», al menos como algo negativo por si mismo.

    En mi casa tendremos dos o tres grapadoras de las de plástico, es probable que alguna sea de la mítica «Petrus»… si las usas como nosotros en casa para (en)grapar algunas hojas de vez en cuando tienes grapadora por años. La cosa cambia si quieres grapar más allá de una veintena/treintena de hojas. La fuerza necesaria para grapar esa cantidad de material hace que el plástico sobre el que hay que ejercer el empuje se resienta más allá de lo previsto y termine partiendo.

    En el curro tenemos una perforadora de esas para hacer dos agujeros a los folios para archivarlos… sólo que es del tamaño de un bate con una palanca que para qué contar… evidentemente no perforamos un par de folios cada vez: perforamos cada día una docena de periódicos, todos los días del año. Para los folios tenemos un perforador de los pequeños.

    Hay que recordar que para cada uso hay una herramienta adecuada y muchas veces pecamos de ¿para qué, si con esto me vale? y luego nos pasa lo que nos pasa y lo achacamos a la porquería de producto que fabrican hoy en día.

    Yo también suelo hacer ese tipo de cálculos: el coste por la duración estimada. También tengo en cuenta el tiempo que necesito que me dure. Una vez tuve que comprar una radial pequeña de mano para un único trabajo, me gasté 40€ y aún sigue esa radial por ahí. Me salvo el momento con creces. Una herramienta profesional sale por más del doble pero yo no necesitaba que aguantara un uso profesional diario.

    Como bien dices, hay que tener en cuenta la vida útil para no desperdiciar recursos. Hemos de ser más conscientes de nuestras necesidades reales y no pensar que la única diferencia entre dos artículos aparentemente iguales es el precio.

  14. Entiendo lo que dices de la obsolescencia programada Fernando. No es mala cuando es por rebajar costes. Es mala cuando se hace intencionadamente. De manera consciente, recortando «el eslabón más débil» para que así se rompa y haya que cambiarlo.

    Tu caso de la radial, tiene trampa. Cierto que sirvió para lo que la compraste. Pero como dices, aún la tienes en casa. Puede que la necesites una segunda vez, vayas a usarla, y te des cuenta que no funciona. Económicamente no pasa nada, gastas otros 40€, y aún estás igual que si hubieras comprado una buena. Lo único, que has perdido el doble de tiempo en comprarla, porque has ido dos veces.

    Creo que nuestro tiempo es algo que aunque valoramos mucho, le damos poca importancia.

  15. En cierta manera el tiempo es en si mismo una trampa. Solemos decir que no tenemos tiempo para nada y luego por no pararnos a pensar cinco minutos muchas veces perdemos mucho tiempo.

    Muchas veces, si por el tiempo fuera, saldría más rentable seguir esa dinámica de sustituir en lugar de reparar.

    Y sin embargo yo, en muchas ocasiones, me resisto a ello… cómo será que hasta mis hijos, al requerirles que cuidaran las cosas no fuera que se rompan, me respondieron que daba igual porque luego ya lo arreglaría yo…

    Si valoramos la gestión de recursos perderíamos mucho tiempo reparando… si valoramos nuestro tiempo no repararíamos… si valoramos el coste económico en ocasiones no sabríamos qué hacer… así que es una mezcla de todo, salvo cuando nos da el aire y nos apetece meternos a reparar por puro deporte.

  16. ¡Qué reflexión más lograda Fernando! Muy cierto eso de que si no inviertes cinco minutos de tiempo, luego probablemente acabes perdiendo mucho tiempo más. Y es algo que nos ocurre en la vida personal, el trabajo, la familia. En cualquier ámbito diría.

    Lo de reparar tal vez sea un engorro, y lo mejor es que sepamos disfrutar del proceso de reparación. Pero en caso contrario, sería deseable tener una industria auxiliar de la reparación. Algo como teníamos antaño con zapateros, relojeros, …

  17. No había oficina que se preciara que no tuviera visibles una o dos Olivetti Línea 90 o similares, y cerca o al lado en la misma mesa bandejas organizadoras de folios, algún taco de ídems o de formularios, y por ahí encima estas grapadoras.

    En momento de necesidad, ojo, que tremendo dispositivo de defensa personal son también… (ejem). Medio kilo de acero la grapadora, casi nada.

    Ya sé gracias a este artículo de qué fabricante son las que seguramente sean todas las que hayamos visto en España en toda nuestra vida. Estoy hasta por comprar una… siempre hay momentos hasta en casa en los que hasta una grapadora grande (la tengo) pero de tipo más manual, se queda corta. Y las más pequeñas salvo que sean para coger unas pocas hojas y poca cosa, ni qué decir.

    Encima es que esta herramienta pura, que no oculta su finalidad, su robustez, sus justas florituras… hasta adorna. Siempre lucen impolutas. En mejor o peor aspecto de pintura por caídas, trato… pero lo que me quiero referir que siempre normalmente enteras, y sin óxido prácticamente, si acaso en el muelle que sí es normal que termine oscurecido. Pero el casco, nunca mejor dicho siempre brillante y lustroso, sin óxido.

    Casi 100 euros… pero para una vez. Y lo dicho, la dejas encima de la mesa, y da un toque guapo, guapo. Siempre dispuesta para cuando se la necesita.

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