Como yo mismo soy a veces consciente de que tal vez últimamente me esté excediendo con mis artículos sobre relojes que poseo, aquí va uno, sobre uno que deseo, y que espero en un futuro poder conseguir. Porque el primer reloj que recuerdo que me gustase fue el Rolex Day-Date, y el segundo el Heuer Autavia.

Antes de que en 1999 el grupo LVMH (Moët Hennessy, Louis Vuitton) se hiciera con la marca TAG Heuer convirtíendola en una marca de lujo, más que de herramientas precisas, y por supuesto antes de que en 1985 TAG (Techniques d’Avant Garde), se hiciera con la marca Heuer, dándole gran difusión mundial, Heuer, tenía una historia que se remontaba al año 1860.

Aparecido en 1933, el Autavia tiene el honor de ser el primer Heuer con denominación propia, un reloj de tablero para coches y aviones, que por combinación creó el nombre (combinación de las palabras automóvil y aviación).

En 1962 Heuer presenta el primer lote de Autavia, como reloj de muñeca, que estaría en producción hasta 1986. En 1963 lo hace el todavía vigente, aunque con bastantes cambios, Carrera.

A partir de 1969, montaría el Calibre 11 de manufactura propia, desarrollado bajo el paraguas del Proyecto 99, que en colaboración con Breitling y Hamilton pugnan por construir el primer movimiento cronográfico de carga automática, al que bautizarían como Chronomatic (Calibre 12).

Los pilotos de GP Giles Villeneuve, Graham Hill, Clay Regazzoni, Nikki Lauda, Phil Hill, Bruce McLaren, Jo Siffert o Jochen Rindt, que en la fotografía siguiente, luce un Autavia 2446 de 1966, y un curioso titular en el periódico del día.

La parte aeronáutica, vino de la mano del astronauta John Glenn, que gracias a su Heuer en la muñeca, el Autavia se convirtió en el primer reloj suizo en ir al espacio.

Son relojes que a día de hoy están muy valorados, lo que los aleja de muchos. No en vano, su cotización cuando están en óptimas condiciones es alta, pudiendo superar los 10.000€ en según que casos, y no siendo inferior a los 500€.