La calidad

Después de escribir Casio F-91W y los precios, me vino a la mente el aspecto de la calidad. Un punto que al centrarme en el precio, mencioné de manera muy somera.

En las últimas décadas hemos visto como la calidad general de los productos que adquirimos, ha ido bajando paulatinamente. Son las reglas del mercado, que ofrece lo que se demanda.

Sin embargo, el mercado no es una entidad abstracta, sino que fundamentalmente consta de fabricantes, vendedores y compradores (además de distribuidores, subcontratistas, etc). Es decir, la calidad de los artículos baja, porque es algo que los clientes no demandamos.

Antaño, la mayoría de productos que se vendían, tenían un grado de calidad aceptable, con una gama por debajo de menor calidad, y otra por encima con un grado muy superior, es decir, el lujo. Hoy día, la mayoría de productos, son de calidad baja, con el sector del lujo que a veces si que ofrece mucha calidad, pero sin apenas posibilidad de escoger una franja intermedia.

La mayoría de artículos, ofrecen poca calidad general, esto se debe a que se da importancia a precios bajos, de modo que decrece la calidad, los materiales, y los controles. Por otro, aumenta la frecuencia de renovación de productos, que hace imposible que ese artículo en cuestión, haya podido evaluarse adecuadamente cuando sale a la venta. Algo tan aparentemente simple como un cambio de color, puede implicar que ese pigmento no haya podido probarse debidamente en términos de durabilidad.

En el sector de lujo, lógicamente el grado de calidad es más elevado, pero como también se ven afectados por la deslocalización, muchas veces estas grandes multinacionales, tampoco están a la altura en ese sentido.

Estoy bastante cansado de productos baratos, que al poco tiempo resultan inservibles, como comentaba con los relojes chinos, al final escatimar a partir de un límite, hace del producto algo tan malo, que resulta apenas útil. Por otro lado, en el extremo premium, también se sufre la deslocalización, marcas textiles de prestigio que fabrican en todo o en parte con mano de obra poco cualificada, y que por tanto, impacta en la calidad final.

¿Qué nos queda entonces? Pues precisamente esa gama intermedia, es decir, el equivalente a lo que hace años se consideraba lo normal, es lo que ha ido desapareciendo, aunque percibo síntomas de que va a volver a crecer. Productos de marcas blancas creados por pequeños fabricantes que dan buenos grados de calidad, o bien pequeñas empresas, que tienen por valor diferencial la calidad, a precios razonables, como surgió en el blog de Radio Ibérica.

Se que con el tiempo, cada vez más consumidores se sentirán frustrados con productos nefastos, independientemente de que fueran baratos, como especialmente, caros. Un tipo más de obsolescencia artificial.

Os pongo algunos ejemplos concretos. Las camisetas Doc (El Corte Inglés), o Tex (Carrefour), de unos 4€, no tienen nada que hacer con sus competidores de aquí, como Valento o Alfor, que rondan los 7€. Las Made in Spain son francamente superiores en cuanto a duración y calidad, y no nos hace falta irnos a Diesel o Jack and Jones.

Los modelos clásicos, que han probado su eficacia, y que siguen fabricándose como lo hacían hace años, como por ejemplo las J’hayber New Olimpo, no tienen nada que ver con las
Chakave, de la misma marca, pero de lineas más modernas, y fabricadas en China. O los vaqueros de Mercajeans, que costando tres veces menos, no son inferiores a los de Levi’s.



8 comentarios en “La calidad”

  1. Me tiré una racha en la que no me duraba el calzado ni 3 meses. Casi el que fuera. Si no reventaban o se despegaban rápido, los dejaba en dos meses con las suelas absolutamente lisas y ya dejando entrever alambres y otras tripas de refuerzos y estructura de la propia suela. Un desastre… sólo por usarlos para no ir descalzo y simplemente caminar. Nada más.

    Y mira por donde un día en una de las zapaterías de siempre del barrio, veo esas Aventura Olimpo del final. Negras. Entré a preguntar, me las enseñaron, me dieron buena impresión, vi el Hecho en España… 50 euros. Pero A VER, que es que buscando yo calidad aceptable y sin marquitis ni lujos, ya había reventado más de un par de zapatillas y zapatos que ya rondaban ese precio.
    Total que probé.

    ¡Santa cosa! Tras ya 5 AÑOS, ahí siguen. Comodísimas, lo único que la pareja derecha, viendo esa foto, pues ha saltado la costura que une la parte alta del talón que tiene el logo grabado, con la lateral que da a la tela del forro ya por donde metemos y sacamos el pinrel. Y apenas si tiene un poco gastado los dientes finos en los que termina el dibujo de la suela en la zona delantera de mayor apoyo y desgaste normal. Pero están enteras y perfectamente en uso. Con uso para caminatas tanto porque sí, como las habituales haciendo otras cosas (hace años que fui relegando más y más el coche, y lo mejor que pude hacer), para la bici… para todo.

    Las tengo más relevadas ya a más trote (y lo aguantan). Y me hice hace un par años con otro par, en este caso las blancas. Que cualquier las estreno para irlas usando «suave». Porque las compré como reserva, pero es que estoy viendo que las negras no están por jubilarse… jejejeje.

  2. ¡Bon dia Marcita!
    Tienes razón en que el cambio ha sido paulatino, y rápido, o al menos más rápido de lo que esperábamos.

    Me anima mucho ver que al menos por los comentarios del post, hay ya bastante gente que piensa como yo. Rechazar este tipo de productos es el primer paso para que la industria comience a cambiar (de nuevo), y nos ofrezca bienes más sostenibles, duraderos, y saludables.

    ¡Beso virtual!

  3. ¡Bon dia, Guti!

    Un post interesantísimo, como muchos tuyos. 🙂
    Solamente discrepo en un pequeño detalle. Dices: «En las últimas décadas hemos visto como la calidad general de los productos que adquirimos, ha ido bajando paulatinamente.»

    Yo tengo la impresión de que este cambio no ha sido para nada paulatino, sino demasiado rápido y en muy pocos años.

    Por lo demás, solo me queda enviarte un abrazo y desearte un buen día.

    ¡¡Saludos virtuales!!

  4. Muchas gracias por la parte que me toca nelbu. Como bien dices, lo importante es que todos reflexionemos un poco, y decidamos hacia donde queremos ir.

    ¿Queremos el precio mínimo a costa de nuestra salud, satisfacción o duración del producto? ¿Queremos máxima calidad a precio de oro? ¿O acaso queremos volver a lo que teníamos antaño de calidad razonable a precios justos?

  5. Lo que yo digo cabreado, tú lo redactas de buenas maneras, Guti 😀 Por fortuna aún nos quedan algunas marcas que tienen un mínimo de calidad exigible (y que tengamos que dar gracias a eso, manda narices…). Hablando de los cacaos, con las cremas ocurre mas o menos lo que tu comentas, marcas blancas hechas en el extranjero (la mayoría de las marcas blancas baratas proceden de fuera) con una proporción de avellanas ridícula, que no llega al 3%, mientras que aquí, a precios mucho más competitivos Ibercacao, que sin ser para tirar cohetes se queda en la media, al menos te ofrece ese «mínimo exigible» de un 5% de pasta de avellanas.

    Luego están las «top» como Nutella, con ese 13% de avellanas -pero claro, a unos precios que mejor ni mirarlos-, aunque hay excepciones, como la Choco Nussa del Lidl a precio de marca blanca y con 13% también de avellanas.

    En resumen, un buen post que invita a la reflexión, que es lo importante: que todos reflexionemos un poco sobre a dónde nos está llevando -o a veces imponiendo- un modelo de comercio y negocio claramente mejorable y, por desgracia, bastante peor que el que conocíamos nosotros hace ya una buena cantidad de años. El ejemplo de las J’hayber, que de una misma marca salgan «dos» zapatillas, es clarificador.

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