Datos recientes de diferentes investigaciones, son capaces de hacer una estimación relativamente precisa de la capacidad de proceso de un cerebro humano. Dicho datos, estiman un margen de error de un orden de magnitud:
- Velocidad de cálculo: 10 TFlops.
- Capacidad de almacenamiento: 10^15 bits (114 Tb) en base a 10^14 sinapsis con 1000 conexiones cada una.
- Consumo: 30 W.
- Tamaño: 900 cm3.
- Peso: 1500 g.

Naturalmente a lo anterior, habría que sumar nuestra memoria ROM, esto es, la información contenida en el ADN del genoma, que se cifra en unos 400 Mb.

Comparativamente, veamos los datos de un PC puntero de hoy en día:
- Velocidad de cálculo: 55 GFlops (AMD Phenom 9950).
- Capacidad de almacenamiento: 8 Gb.
- Consumo: 140 W.
- Tamaño: 285 mm2.
- Peso: 50 g.

Como curiosidad, una GPU de última hornada como sería la ATI 4870 X2, obtiene un rendimiento cercano a los 2 TFlops.

Así que llevándolo a valores relativos, el cerebro sigue en ventaja:
- Velocidad de cálculo: 180 veces más potente.
- Capacidad de almacenamiento: 15.000 veces más capacidad.
- Consumo: 5 veces menor consumo.

Vemos que termodinámicamente, el cerebro es una máquina eficiente, con una capacidad y rendimientos que superan con creces a los diseños de los ingenieros, al mismo tiempo que ofrece un parco consumo de energía.

La capacidad de almacenamiento, es francamente enorme, aunque en aquí está por ver si a nivel teórico toda la capacidad disponible sería aprovechable.

La velocidad de cálculo, siendo todavía muy superior a la de un ordenador doméstico, si la Ley de Moore no falla, en el año 2020 deberíamos tener máquinas que lo superasen.

Llegado el momento, ¿cómo nos lo tomaremos?