Después de la Entrevista a Frederique Gernot de Eternium Co., continúo con las historias ambientadas en el mundo de El Imperio creado por Bia Namaran.

En esta nueva entrega, narrando la historia de la elitista marca relojera Eternium, de la que pudisteis conocer un poco más gracias a la mencionada entrevista.

Quiero agradecer especialmente el apoyo de Bianamaran, aportando datos y detalles y corrigiendo el estilo de la narración. Por supuesto también por haberme dejado adentrarme en el ese mundo de su creación.



En el pequeño pueblo de Porrentruy, perteneciente al distrito administrativo del Jura Bernés de Suiza, nacieron en 1742 y 1745 los hermanos Weber: Peter y Hans respectivamente.

Hans era un niño inteligente e intelectualmente inquieto, lo que le llevaría a graduarse como ingeniero mecánico en la Universidad de Lausana. Entre tanto, el mucho más pragmático Peter se interesó por el negocio familiar desde muy tierna infancia donde pasaba largos ratos de ocio en compañía de sus progenitores.

Se trataba de un pequeño taller de reparación de telares ubicado en su localidad natal. Aunque la paulatina popularización de los telares les llevó a un fructífero crecimiento, rápidamente aparecieron las sombras. El progresivo aumento del precio de la lana, disminuyó la producción de telas, y por ende el mantenimiento de telares. El punto de inflexión sería cuando ambos hermanos optaron por aprovechar su maquinaria y sus conocimientos centrándolos en la producción de relojes.

En 1770, con la consigna de “tempus eternium est”, el nombre de la nueva compañía era evidente “Eternium Co”, lo cual les dio paso a lo que luego mantendrían con ligeras variaciones hasta nuestros días, añadiendo el “is eternium” cuando la marca comenzó a expandirse en mercados internacionales, uniendo “eternium” y “tempus” para que formara una expresión fácilmente comprensible por el público en la cada vez más importante lengua inglesa.

Mezclan así sus raíces de una lengua muerta como el latín, con el idioma franco que iba a ser el protagonista en las transacciones comerciales de los mercados de todo el mundo en los años posteriores. Eternium daba a entender su apuesta por el futuro con la tecnología más vanguardista, sin abandonar ni renunciar al pasado medieval de la relojería, cuando ésta existía únicamente en claustros y templos alejados del mundo y convertidos en refugios que, como santuarios, guardarían el conocimiento para las generaciones futuras. En suma: crear relojes que pudieran ser casi tan eternos como el tiempo en sí.

Sus primeros años se caracterizan por la construcción de relojes de pared, de mesa y de bolsillo. Relojes con una construcción exterior que, gracias a su experiencia con los metales y las maderas, rápidamente se posicionó entre las mejores de la zona. Pero más importante aún, sus maquinarias. Hans y Peter desde un principio pensaron que un reloj debía ser elegante, bonito y duradero, pero, sobre todo, debía ser preciso y ofrecer las funciones o complicaciones que sus usuarios requiriesen. Podemos destacar los relojes para navegación de barcos, de entre los más precisos de la época, y construidos en cajas de bronce que evitaban su oxidación. No debemos olvidar que el uso del aluminio no llegaría hasta casi un siglo después.

Con el prematuro fallecimiento de Peter en 1791 a la edad 49 años por culpa de la tuberculosis, y sin dejar descendencia, se incorporan a la firma Hans y Greta, los dos hijos del hermano fundador. Que una mujer como Greta, estuviera al frente de una empresa como Eternium, incluso a modo co-participativo con su otro hermano y su padre como era el caso era algo demasiado adelantado a su época, y que recelaba las miradas y las opiniones no solamente del sector relojero, sino del pueblo entero.

Ciertamente no hay pruebas suficientemente documentadas de ello, pero se considera que Greta Weber fue una de las impulsoras de los relojes de pulsera para mujer, en una época tan temprana como eran los principios de siglo XIX. En 1824 fallece Peter Weber contando 79 años, que era una vida longeva en aquella época. El parte médico no indica más que murió de viejo. Diferentes documentos de Eternium de aquellos años, prueban en sus cartas comerciales, y libros de venta que Peter estuvo implicado de primera mano en la empresa hasta sus últimos años.

Greta refuerza su liderazgo en la empresa, y la dirección empresarial obtiene la ayuda de Marguerite, la esposa de Peter (hijo). Por tanto, el timón de Eternium es operado mayormente por féminas.

Los círculos selectos admiran los relojes de pulsera de Eternium, que con materiales preciosos adornan las muñecas de la alta sociedad femenina de Suiza. Eternium es una marca reconocida y admirada en toda Suiza. Es en esos años cuando actualiza su logotipo y abandona las tipografías cursivas, incorporando un estilo más moderno y visualmente más enérgico.

Durante los años 1960 la competencia japonesa primero, y la irrupción de los osciladores de cuarzo después acaba con la mayor parte de la industria relojera suiza que debe reinventarse. Algunos uniendo sus compañías y esfuerzos, y otros adoptando los relojes de cuarzo como parte de su historia. No es el caso de Eternium que continúan con su visión de relojería mecánica del máximo nivel. Los tiempos no son fáciles, y su actividad se reduce a mínimos, viéndose obligados a despedir a la mayoría de trabajadores de sus fábricas paulatinamente.

El sustento mínimo que necesitan se lo dan sus relojes de pie o de comedor, que siguen estando construidos con las mejores maderas de la Selva Negra. Sus ventas son anecdóticas, pero su elevado precio, todavía más que sus otros tipos de relojes ya de por si caros, hacen que sea suficiente para continuar con su actividad. Aquellos relojes en las mejores familias de Nueva York y París mantienen la llama y el prestigio de la marca. Es el sustrato con el cual, a finales de la década de 1980, comenzará la siguiente fase de la empresa: el resurgimiento de los relojes mecánicos.

Un visionario gesto de Hákon Sjöberg, reputado hombre de negocios sueco y a la sazón, el padre de las actuales propietarias, las hermanas Sjöberg (Ingrid, Astrid y Etdrid), que a su vez era usuario y entusiasta de los relojes Eternium, decide adquirir la compañía. Sus directrices son claras. No hay ninguna directriz, y no va a inmiscuirse en la evolución de la misma. Quiere que sus responsables sigan su propia intuición. Se dice que Hákon hizo tal movimiento no guiado por su visión empresarial, sino como forma de conservar algo que le agradaba, aunque, ello implicara que tuviera que poner dinero de su propio bolsillo.

Ya fuera en las muñecas de grandes empresarios, de sibaritas y “bon vivants”, de líderes políticos, de comunicadores públicos, y hasta de narcotraficantes amantes del lujo, los relojes de Eternium representaban los relojes más deseables.