Ayer volví a pasar por la Rambla Prat.

Ha sido pura casualidad, pero era la misma hora a la que pasaba cuando iba a mi primer trabajo hace más de 6 años después de haber acabado las clases en la uni.

Todo estaba muy cambiado, la estación de metro había sido renovada, y volvía a estar descuidada. Cuando yo la dejé estaban empezando a remodelarla, y ahora se la volvía a ver vieja. Es como si la renovación no hubiera servido para nada.

La zona seguía teniendo ese espíritu entrañable y retrógrado que caracteriza al barrio de Gràcia. Nunca ha sido de mis preferidos, pero reconozco que es diferente al resto.

No tengo buena memoria para este tipo de cosas, pero creo que quedaban pocas de las tiendas que mi cerebro memorizó allá por 1997.

Al tiempo que iba caminando me iba imaginando al yo de años atras, las cosas en las que pensaba, las cosas que miraba, los gestos que hacía… Y todo, como si ese otro yo fuera otra persona. Viéndome a mi mismo desde fuera en un tiempo pasado.

De esta forma he podido ver que en mi vida han cambiado muchas cosas, aunque mi vida no ha cambiado.