Con la técnica y la tecnología soviética, me ha pasado un algo bastante curioso. Por supuesto, de niño, todo lo que sonase a comunismo era el enemigo, así que aunque me llamaban la atención los Lada, quizás porque me recordaban a los Seat 124, era un entusiasta de la cultura norteamericana.

A raíz de mi pasión por los coches, descubrí los ZIL, esas exageradas berlinas, mezcla de limusina alemana, y sedán norteamericano, que si tenían algo especial, era su diferencia con lo que se veía normalmente.

Después vendría la conquista espacial, con los Sputnik (el primer satélite artificial y el primer animal en el espacio –la perrita Laika-); Luna (la primera nave en llegar a la Luna); Venera (primera nave en llegar a Venus); Vostok (primer hombre en llegar a la órbita lunar); Soyuz (primer acoplamiento de dos naves en el espacio); Salyut (primera estación espacial); Mir (primera estación espacial habitada); …

Luego, con la ciencia-ficción rusa, descubrí un estilo diferente, donde primaba el conocimiento científico, sobre la redacción, y que en seguida me atrapó.

No sería hasta profundizar en la relojería rusa con los Vostok, que dicho sea de paso, rinden homenaje al programa espacial del mismo nombre, que empecé a comprender su encanto.

Basta un golpe de vista, para darnos cuenta que la técnica y la tecnología rusa, progresó de una manera peculiar. Si bien podríamos afirmar que no inventaban nada nuevo, si que eran muy buenos partiendo de conceptos, e ideas que ya existían, y construir a partir de ahí, mejorando puntos débiles, o simplemente adaptándolos. Una política, que se extendía a los artículos de consumo, muchas veces copiados de los occidentales.

El caso es que los rusos, daban importancia a valores, que en el mundo capitalista estaban de capa caída: durabilidad, robustez, sencillez de mantenimiento, etc; y por contra, daban poca al diseño, o en general cualquier aspecto no funcional. Algo que se ve con mucha claridad en el período de la Guerra Fría, y del que os recomiendo la serie The Americans, para haceros una mejor idea.

Naturalmente, no eran productos competitivos en un mundo globalizado, donde los consumidores compramos por la vista, así que todas esas factorías, vivieron una época realmente dura tras la desaparición de la Unión Soviética.

Sin embargo, ahora que determinados movimientos, luchan contra la obsolescencia programada, empiezan a escucharse alabanzas de las manufacturas soviéticas, y porque no, también de la RDA.

Para mi, la tecnología rusa, es atractiva precisamente por eso. Ofrece algo, que los demás son incapaces de ofrecer, a su vez, renunciando a lo que la mayoría da.

Ahora volviendo a la relojería, nos encontramos, con que esencialmente producen la misma tecnología que usaban en los años 60, para conseguir unos productos, que en muchos casos no distan demasiado de los de aquella época. Sus procesos son tan obsoletos, y su demanda de mano de obra (cualificada y sin cualificar), son tan elevadas, que apenas resultan económicamente viables. Unos guardatiempos, que quizás resulten feos, extraños, o toscos, pero que no dejan de ser un reflejo tremendamente fiel de los que producían hace 50 años.

Productos que se centran en la funcionalidad, y con un aire industrial que no pueden ocultar. Dando lo indispensable para cada especialidad, y huyendo de lujos, y detalles innecesarios.

Independientemente del cambio de divisa en rublos, los precios son muy razonables, más aún si nos damos cuenta, que ofrecen complicaciones que por su baja demanda, en el resto del mundo se consideran de lujo o elitistas. Hablo de cronógrafos, alarmas, etc.

Soy consciente que no durará para siempre, y que tarde o temprano, quedarán integrados, o engullidos por la máquina capitalista, pero de momento, tenemos un resquicio para hacernos con relojes de pulsera, relojes de bolsillo, cronógrafos de mano, relojes de barco, despertadores, … todo un mundo de relojería rusa por descubrir, y que como buena industria, nos durarán muchísimos años.