Estaba navegando por internet, leyendo acerca de la Carrera Espacial Soviética, y de repente fui consciente que había hecho mi humilde homenaje a Valentina Tereshkova, que en 1963 pasaría a formar parte de la historia, como la primera mujer en viajar al espacio.

En seguida me vino a la mente la perrita Laika, que en 1957, haría lo propio al ser el primer ser vivo en orbitar la tierra.

Como paso previo a los experimentos con humanos, la exploración aeronáutica usando animales, se remonta ya a 1783, los hermanos Montgolfier, enviaron patos, gallos y ovejas en globos aerostáticos. En esta situación, el uso de animales, es un mal necesario, que nos permite avanzar sin arriesgar vidas humanas. Lo cual no quita, lo emotivo y dramático de sus hazañas.

Llamada originalmente Kudryavka (Кудрявка), que significa pequeña y de pelo rizado, era una perra callejera pequeña que vagaba por Moscú. Era una mezcla de Husky y Terrier, y pesaba entre 5 y 6 kilos. Se estimaba que tenía 2 o 3 años de edad.

Decían de ella que era tranquila y encantadora, así que acabaron llamándola cariñosamente Zhuchka (bichito), y Limonchik (limoncito), aunque finalmente se la llamó Лайка, que significa ladradora.

La decisión de lanzar el Sputnik 2, fue apresurada, ya que era requisito que coincidiese con la celebración de la revolución bolchevique, de manera que el equipo, apenas tuvo un mes de plazo para diseñar y construir la nave.

Los perros callejeros, tenían mejor capacidad de adaptación a entornos cambiantes como los que le iban a exigir los experimentos, y Vladimir Yazdovsky fue el encargado de hacer la selección. En efecto, siendo consciente de lo que estaba por venir, decidió llevársela unos días a casa para que jugara con sus hijos, y tiempo después declaró: “Quería hacer algo bueno por ella: Le quedaba tan poco tiempo de vida”. Era un viaje sólo de ida, y en el que supuestamente se había previsto acabar con Laika dándole comida envenenada a los 10 días de misión.

El entrenamiento requería confinamientos en espacios cada más pequeños, por períodos que duraban hasta 20 días, de manera que se fueran acostumbrando a las reducidas dimensiones del interior de la nave. Esto les causaba dificultad para orinar y estreñimiento, algo que los laxantes no solucionaban, de forma que el único remedio vino a medida que se fue habituando al entrenamiento.

Luego se les habituaba a comer un gel especial nutritivo, y se les sometía a la centrifugadora para simular las fuertes aceleraciones del despegue, con equipos de sonido que reproducían los ruidos del cohete.

Posteriormente se la operaría para incorporarle los sensores biométricos que enviarían información de sus constantes a la tierra (presión arterial, pulso y respiración), y volaría primero a Tashkent, y luego a Turatam cerca del Cosmódromo de Baikonur.

Allí se la colocó en la cápsula para familiarizarse con el sistema de alimentación, y se le puso el arnés especialmente desarrollado, que permitía que tuviera cierta liberad de movimientos (sentarse, acostarse y ponerse de pie).

Problemas técnicos, hicieron que el lanzamiento se retrasara 3 días, y dado el frío extremo, se tuvo que calentar la cápsula para que el animal no muriera de frío.

Finalmente el 3 de noviembre de 1957, entre las 5 y las 7 de la mañana hora de Moscú, se produjo el lanzamiento del Sputnik 2, con Laika a bordo, que llegaría a sufrir hasta 240 latidos por minuto en los períodos de máxima aceleración.

Sin embargo la sección Blok A, no se desprendió de la nave, lo que sumado a que se perdió parte del aislamiento térmico, hizo que la temperatura en el interior de la cápsula superara los 40 grados.

A las tres horas, el corazón de Laika estaba a 102 pulsaciones por minuto, y empezaba a estar más tranquila y a comer, a pesar de toda la tensión vivida.

Se fueron dando diferentes versiones, que había muerto sacrificada, que se quedó sin oxígeno al fallar las baterías, o que sobrevivió hasta cuatro días. Sin embargo, la versión aceptada parece ser que entre 5 y 7 horas después del lanzamiento, es decir, de 10 de la mañana a 15 de la tarde, la perrita moría a causa del calor, las taquicardias por el miedo y del estrés general.

Tiempo después, uno de los técnicos de la misión, Dimitri Malashenkov, declaraba: “Fue prácticamente imposible crear un control de temperatura fiable en tan poco tiempo”.

Sin embargo, la nave seguiría orbitando durante 163 días con el cadáver de Laika, hasta que el 14 de abril de 1958 se desintegraría al entrar en la atmósfera terrestre.

Bien es cierto que la esperanza de vida de estos animales, en un Moscú de los años 50, no era demasiado elevada, y que tampoco tenían una vida fácil, pero debemos sincerarnos, y admitir que todas las perrerías que le hicieron sufrir, han redundado en nuestro beneficio, aún a costa de su propia vida. Y es que mi mente científica y racional, no puede evitar emocionarse con esta historia.

Desde 2008, cuenta con su propia estatua, una figura de bronce, de dos metros de altura que representa uno de los segmentos de un cohete espacial, que se transforma en una mano humana, sobre la cual está el animal