Durante el viaje de vuelta de León a Roda de Barà, el Corsa, hacía a ritmo de ralentí un traqueteo extraño. El sonido era un traqueteo muy sospechoso, pero se eliminaba cuando se cogía velocidad. El aire acondicionado, acentuaba todavía más el ruido.

En un viaje lleno de aventuras, el colofón lo marcó la parada rutinaria de la Guardia Civil de Tráfico, después de comprobar que toda la documentación estaba en orden, y al arrancar el coche, que se puso en marcha a la primera, el molesto ruido se hizo todavía más evidente y preocupante. Uno de los policias sugirió que sonaba como si un cilindro no acabase de encenderse… La cosa pintaba grave, y pese a los intentos de tranquilizarme de mi padre como buen compañero de viaje, mi estado mental estaba un punto por encima del desánimo profundo.

A ritmo moderado, llegamos al taller oficial de Opel y Saab en Soria, donde a pesar de ser las 16,30 en pleno mes de agosto, gustosamente acogieron el coche, y le echaron un vistazo.

El problema parecía venir de un golpe que habían dado al coche al estar estacionado en la parrilla frontal, y que había desequilibrado el ventilador, así que procedieron a su desmontaje.

Con todo el frontal al aire libre, pude comprobar que el 90% del diseño de un coche, son molduras de plástico decorativas, y eso se aplicaba según pude apreciar, al mío, al Saab 93, al Astra GTC, e incluso hasta a un Audi S3 que había.

Con todo abierto, se vió que el problema venía causado por unas pequeñas plaquitas de plástico, que anclan el ventilador del radiador al frontal. Por algún motivo se habían partido las dos superiores, lo que hacía que al ponerse en marcha el ventilador, para restablecer la temperatura de trabajo del motor, este se desequilibrase, y golpeara la parrilla. Los pequeños plastiquitos se podían haber partido debido a un golpe en el frontal como comentaba, o bien a un bache pronunciado pisado a cierta velocidad en una carretera comarcal con firme en mal estado, aunque lo más probable era una combinación de ambas.

Un buen adhesivo solucionó el problema, aplicándolo a los dos pernos superiores y dos pernos inferiores. Luego hubo que volver a montar el frontal, una tarea algo más complicada que la de quitarlo.

Durante el examen, pude comprobar que el pequeño GSi, lleva unos tubitos direccionales desde la parte inferior de la rejilla, que canalizan el flujo de aire de entrada apuntándolo a los discos delanteros para facilitar su refrigeración. Un detalle que me alegró la tarde, y que el mecánico comentó que solo había visto en BMW y Audi más bien deportivos.

Tras hora y media de espera, y 58 euros de factura, podíamos seguir la marcha, y a día de hoy, 800 Km después, todo sigue perfecto, aunque las fotografías, impresionan.