Mucho se habla últimamente de las reivindicaciones de los transportistas en huelga, y de los inconvenientes en cuanto a distribución de mercancías que surgen como consecuencia natural.

Sin entrar en lo justo o injusto que pueda resultar el hecho de una huelga en colectivos que pueden ejercer una elevada presión social, en contraposición al resto de profesiones, voy a intentar ser diferente, y hablar de las ventajas que conlleva la huelga, que también las hay.

La más destacable, y quizás la única que exista, viene de la mejora en la fluidez del tráfico. En mis caso, el trayecto en coche de casa al trabajo, lo hago en estos días en aproximadamente la mitad de tiempo.

Esto quiere decir, no solamente que al resto de conductores les ocurra algo análogo, es decir tarden mucho menos en llegar a su puesto de trabajo, y eviten colas. Cualquier psicólogo estará más cualificado que yo para hablar de la mejora en calidad de vida que supone poder dormir algo más, o poder pasar más tiempo con familiares y amigos. Todo ello, sin menospreciar la reducción en el nivel de stress causado por las largas colas.

Así mismo, el medio ambiente, también se beneficia de ello, una reducción del 50% del tiempo de trayecto, implica una reducción de aproximadamente el mismo porcentaje en cuanto a emisiones contaminantes de los vehículos a la atmósfera.

Si la ecología se beneficia, también lo hace nuestro bolsillo, con un ahorro de combustible, que dados los precios actuales, debe empezar a tenerse en cuenta.

A todo esto, y viendo que los gobiernos, parece que no van a invertir en nuevas infraestructuras para el tráfico rodado, si queremos conservar la fluidez que de forma transitoria nos ha aportado la huelga, tenemos que ir empezando a pensar en cómo optimizar los recursos de que disponemos.

Se trata básicamente de potenciar el transporte ferroviario o marítimo cuando sea posible, en vez de seguir aumentando el tráfico rodado, y saturando las vías públicas.