Hace algunas semanas, compré mi primer libro digital en Amazon para leerlo en el Kindle Touch. Cuál fue mi sorpresa que una vez descargado, comprobé que estaba protegido con DRM.

El DRM es el acrónimo de Digital Rights Management, es decir, Gestión de Derechos Digitales, que no deja de ser el eufemismo que se aplica a lo que Richard Stallman llama simplemente Gestión de Restricciones Digitales (Digital Restrictions Management).

La razón es muy sencilla. Un libro electrónico con DRM, solamente puede ser leído en el dispositivo para el cuál se ha realizado la compra. Una medida desesperada, y mal entendida, que persigue frenar la piratería, pero que como voy a intentar exponer ahora, sólo consigue que aumentarla.

Si nos vamos por un momento a los tradicionales libros de papel, encontramos que a pesar de ser anticuados, y menos prácticos cuentan con ciertas ventajas:

1) Los puedo leer en cualquier lugar. Un libro con DRM sólo se puede leer en el dispositivo para el que se compró, o como máximo en la cuenta de usuario asociada a esa compra. O sea que no podría pasárselo al dispositivo de mi pareja y que ella me lo leyera en voz alta, incluso teniendo el mismo Kindle Touch que yo tengo.

2) Una vez leído, se lo puedo dejar a quién yo quiera. El DRM hace algunas excepciones en este sentido, y permiten de algún modo hacerlo, pero imponiendo nuevas restricciones, como que se haga un máximo de veces, o por un determinado tiempo. Los libros de papel, los puedo dejar a tanta gente como quiera, y por tanto tiempo como desee. Es más, se pueden redejar. De forma que si yo le dejo a Alicia mi libro, cuando ella lo termine, puede prestárselo a Berta, y ella a su vez a Carla, con o sin mi intervención, eso lo decido yo, que para algo soy el propietario.

3) Después de haber prestado el libro a mis amigos y familiares, puedo regalarlo en iniciativas del estilo bookcrossing, o incluso venderlo de segunda mano. Un libro con DRM no permite estos derechos.

4) Derivado de lo anterior, puedo comprar libros de segunda mano económicos, o incluso obtenerlos legalmente a coste cero. Es obvio que los libros electrónicos con DRM, no te dejan hacerlo, puesto que no se pueden regalar ni vender “de segunda mano”.

5) Puedo comprar libros de papel económicos, cuando provienen de excedentes de stock, y similares. Como en un libro electrónico su producción es virtual, no hay excedentes, por la razón que no hay un tiraje limitado, así que debes pagar el precio que considere el vendedor.

Así que hemos pasado de una preciosa idea que nos ofrece la tecnología, como son los libros digitales, que son ecológicos, más baratos de producir, y más cómodos de leer en el día a día, a algo sesgado que me restringe las cosas que puedo hacer con él.

¿Por qué digo que estas medidas no van a frenar la piratería? Pues en mi caso es muy fácil, porque no pienso comprar más libros digitales protegidos con DRM. Porque hacerlo, me representa renunciar a unas libertades que me dan los libros de papel, sin compensarme a cambio. Porque además requieren que gaste mi tiempo desprotegiéndolos, para así poder hacer con ellos lo que se supone que puedo hacer con un libro. Es irónico, pero ciertamente es tremendamente sencillo que el propietario de un libro con DRM lo libere de estas restricciones. Y ese es el segundo argumento que justifica porque no frena en absoluto la piratería.

La industria electrónica ha alargado más la mano que la manga en más de una ocasión pasado, y siempre ha ocurrido lo mismo. Cuando la compra legal es más incómoda y limitante que la ilegal, el público opta por lo ilegal. ¿Recordáis los juegos que te hacían preguntas sobre el manual de instrucciones para poder jugar? Podías tener el titulo original, pero era mucho más cómodo usar la versión desprotegida, eso nos ahorraba ese tedioso proceso de introducir el código. No pasó mucho tiempo hasta que surgiera la pregunta de si sería mejor ir directamente a por la versión pirata…