Donald Virgil Bluth, más conocido como Don Bluth tuvo gran transcendencia mediática como uno de los animadores clave de Disney, que abandonaría la compañía a finales de los 70 para establecerse por su cuenta bajo el nombre de Don Bluth Productions. En su larga trayectoria, Bluth participaría en títulos clásicos como La bella durmiente, o creaciones más recientes como Titan A.E.

Sin desmerecer en absoluto lo anterior, personalmente, a mi me gusta más su contribución a los juegos de recreativa, basados en tecnología Laserdisc, donde consiguió aunar su capacidad artística con la tecnología existente en el momento, para disfrute de la mayoría.

Para ponernos en contexto, hablamos de la prehistoria arcade, principios de los 80, donde incluso los juegos de máquinas recreativas más avanzados, apenas podían manejar sprites de algunas decenas de píxeles con pocos cientos de colores distintos en el mejor de los casos.

Desarrollados por Cinematronics y RDI Video Systems combinaban las ilustraciones y animaciones de Don Bluth, el resultado eran películas interactivas que atraían masas. Tanto es así que los cabinets de estos juegos, además de la habitual pantalla para el jugador, solían incluir otra más pequeña en la parte superior, para deleite de los observadores.

La clave para tanto movimiento, vivacidad de colores, y sonido de calidad era el Laserdisc, que almacenaba del orden de media hora de secuencia con más de 30.000 fotogramas, y que esencialmente tenía todas las posibles combinaciones de juego. Es decir, el usuario no controlaba directamente el personaje, sino que más bien controlaba el flujo de la historia, con caminos incorrectos, y que restaban otra vida, y caminos correctos que proseguían el avance.

Por lo anterior, cuando lo jugabas, el juego podríamos decir que era decepcionante, era poco interactivo y muy cerrado. Pero cuando lo veías, te quedabas atónito, estabas deseando que un jugador experto tomara los controles, para ver que sorpresas deparaba la historia.

El primero de ellos fue Dragon’s Lair (1983), que recortes incluidos, requirió de un presupuesto para las animaciones de aproximadamente 1 millón de dólares, y necesitó 7 meses de animación. Involucraba al jugador en la tradicional historia épica de princesas y dragones.

Luego vendría Space Ace (1984), que era de nuevo una historia épica, pero ambientada en el futuro, lo que en mi opinión representó un plus. Aunque funcionaba sobre un hardware idéntico al de Dragon’s Lair, a nivel de software había pequeñas novedades, como algunas escenas que tenían más de un camino correcto, de manera que los flujos de juego eran más variados.

Bastantes años después llegaría Dragon’s Lair II: Time Warp (1991), similar en concepto y tecnología a los anteriores, era quizás demasiado tarde para él, y es que variados problemas, hicieron que el desarrollo tomara casi 8 años.