Después de la vajilla Duralex Lys, he rescatado un nuevo producto que ha probado con creces su durabilidad. Hoy os voy a hablar de un maletín Samsonite, pero dejadme que antes os cuente un poco de su historia, porque estoy seguro de haber sido unos de los usuarios más jóvenes de maletines. El caso es que en primero o segundo de EGB, estuve al menos medio curso llevando un cabás al colegio.

Mi padre usaba un maletín en su trabajo, y lo renovaba cada dos años o así, por lo que en casa había maletines de sobra, que se usaban para guardar cosas. En aquella época, odiaba las carteras de “material”, vamos, aquellas de cuero que equipaban a la mayoría de niños. Entonces se me ocurrió la idea, iría a la escuela con maletín. Sorprendentemente, mis padres no se opusieron, quizás ya tuviera mis rarezas por aquellos días, o tal vez no fuera tan mala idea después de todo…



Lo cierto es que no era muy práctico, pesaba mucho, había que llevarlo del asa y no se podía colgar, y como portadocumentos que era, estaba diseñado para ser abierto colocado en posición horizontal. Por tanto no era nada práctico dejarlo de pie en el suelo, y pretender sacar en esa posición los libros cuando el profesor los reclamase.

En cambio, me encantaban los diferentes compartimentos, y que fuera rígido. No obstante, me duraría poco, y con la moda primero de las carteras escolares, y luego las bolsas de deporte, el niño del maletín abandonó su hábito.

Cuando muchos años después ya en el mundo laboral ejercía de consultor con pantalón, camisa y chaqueta americana, era el turno de recuperar el cabás, y fue justo en ese momento cuando reencontré el que había usado en mi niñez, un Samsonite. En realidad todos los que usaba mi padre eran de esa marca, que justo en aquel momento descubrí que era una buena, y aunque cara, no de forma exagerada.

Me gustaba su color gris tan elegante y sobrio, que con los adornos rojos en las lineas laterales, en la marca Samsonite del asa, y en las iniciales identificativas, le daban un toque yuppie, y tan original como los colores de la furgoneta del Equipo A. Prueba de ello, es que nunca he llegado a ver más unidades de portadocumentos Samsonite como este.



El interior combina el guarnecido de color gris, con el cuero negro de los separadores, siendo bastante discreto, y a la vez sufrido en cuanto a roces y uso. El plástico externo, es antideslizante, pero fácil de arañar si no se va con cuidado como podéis apreciar. En ese sentido, nada que ver con la robustez de los anteriores modelos de los años 1970, que si bien no se ven tan “pop”, eran de una calidad ligeramente superior. Cabe destacar, que más o menos hasta aquella época, los productos Samsonite que se vendían aquí, y probablemente también en Portugal, bajo la denominación de Samsonite España, eran Made in Spain, producidos por Industrias Tauro de Madrid.

Por supuesto, nada que ver con los modelos actuales de la marca, donde de hecho, apenas encontramos este tipo de artículos, ante la profusión de maletas de viaje, y bolsas para portátiles y dispositivos, y donde más del 40% de la producción global se realiza en India, y que tal vez fuera uno de los motivos de llevar la compañía a la quiebra en 2009.