He hablado bastante de relojes en este blog, pero nunca me he centrado en cómo surgió esta afición.

Desde pequeño que los relojes me han despertado algo especial. Supongo que para un niño de 6 o 7 años a principios de los años 80, era algo único poder apreciar el transcurso del tiempo en su muñeca.

Curiosamente no recuerdo la marca de mi primer reloj, era un digital de cadete, de esos que mostraban solamente hora y minutos, con una caja chapada en dorado, y que con el tiempo iba perdiendo el baño, y mostraba el plateado de abajo que me gustaba mucho más, con una correa de piel.

Luego vino un Sandoz, que mi padre ya no usaba, y que fue mi primera experiencia con los relojes de remonte manual. Naturalmente en aquella época, no sabía que diferencias había entre un mecanismo de cuarzo y uno mecánico. Tenía la esfera dorada, y una correa de piel tipo cocodrilo. Tampoco es que me gustase demasiado estéticamente, con la salvedad de que hacía tic-tac, y eso era para mi algo maravilloso.

Como no me ponía ese analógico para ir al colegio, vino otro digital barato, esta vez todo de resina, y que era de color amarillo. Algo que aún hoy me sigue gustando. Seguía siendo sencillo, con presentación solamente de horas y minutos.

En mi décimo cumpleaños, y tras mirar en muchas tiendas, consigo mi primer reloj de verdad. El Casio F-87W. Lo primero que me gustaba, es que además mostraba los segundos, y el día de la semana. Presentaba también el día del mes, aunque eso para un chiquillo tenía poco interés. El caso es que para mi representaba el máximo exponente en una muñeca. Sus funciones eran más completas que la de los relojes analógicos de mayores: cronógrafo, alarma, … Y era estéticamente precioso.

Así seguiría mi vida, pasando de un reloj a otro, primero alternando entre digitales de Casio, y analógicos de la misma marca, hasta que al llegar a los 20 años, cambio a los analógicos de cuarzo de Lotus de los que tuve tres modelos.

El primer síntoma de que para mi los relojes eran algo especial, vino allá por el año 2000, cuando opté por tener dos relojes al uso, dependiendo del momento. Hasta entonces, tenía solamente un reloj que me pusiera, y los otros estaban guardados en un cajón. En verano, solía cambiar, de manera que el del cajón salía, y el que usaba entraba.

Al ver que el Casio W-59, existía, y me recordaba tanto al F-87, me hice con uno, que alternaba con el Lotus Titanio que llevaba en aquella época.

Un poco después, vino un toque de rebeldía por mi parte, estaba cansado de la supuesta poca elegancia de los digitales, así que me hice con un Casio W-756D, que era mi reloj principal, y que compaginaba con el último Lotus que adquirí, y que en este caso fue barato.

Sentía que tenía que ir más a contracorriente, y de nuevo me sublevé con los digitales, con un deportivo Casio W-210, poco elegante, y muy vistoso.

Este punto es el que yo considero precisamente el inicio de mi pasión, contaba con 3 relojes, que iba alternando en función de mi estado de ánimo. Es decir, cuando un reloj pasa de cumplir su función, a complementar tu personalidad como a mi me ocurrió, es cuando afirmo que la horología ha entrado en tu vida.

A partir de ahí, continuaría de la misma manera, pero con más piezas. El GW-6900 en digital, el Citizen Pilot en analógico, … Probablemente mi evolución no habría sido tan rápida, de no ser por la comunidades de usuarios en internet.

Ya notaba que los digitales eran los relojes que más me llenaban, la razón, la fui descubriendo poco a poco, y es sencillamente que los relojes analógicos de cuarzo, no me transmitían nada. De forma que el último punto de inflexión, se produce con el Seiko 5, tras tantos años, y al descubrir que seguía habiendo relojes automáticos en el mercado, a precios asequibles, me adentré en los mecánicos.

Admito que al principio no me cautivó en absoluto, pero a medida que iban pasando las semanas, fui apasionándome por la relojería mecánica, hasta tal punto, que abandoné por completo los relojes de cuarzo analógicos. Es interesante que a raíz de ello, decidí extender esta faceta a otros aspectos de la vida. Adopté el afeitado clásico, y comencé a interesarme por las estilográficas, que al igual que los guardatiempos, habían estado casi toda la vida conmigo, sin apenas ser consciente de lo que representaban.