Hace bastante tiempo que uso un cronógrafo de mano, primero con un Casio HS-3V, después el TFA Dostmann y recientemente el Agat.

Puede parece que en pleno 2015, un cronógrafo de mano sea un atraso, aunque para mi no lo es en absoluto, y de hecho ese es el motivo de este artículo.

Igual que una calculadora portátil o de sobremesa me da la posibilidad de hacer cálculos, sin contaminar el espacio de trabajo del ordenador, y así me permiten centrarme en lo que estoy haciendo.

Me explico, si tengo que realizar una división complicada, me sirve de sobras la calculadora de Windows, la tengo disponible fácilmente la abro, lanzo el cálculo, y me quedo con el resultado. En otros casos, requiero cálculos más complejos, pero los gestiono directamente sobre una hoja de cálculo, tipo valoraciones de esfuerzo.

Aún y así, me encuentro en momentos, que necesito enlazar una serie de cálculos, mientras hago otras cosas, por ejemplo para verificar fórmulas, u otro tipo de operaciones.

Del mismo modo, tengo necesidades puntuales de medir lapsos de tiempo, si es algo muy puntual, me vale con el reloj de Windows, pero otras veces, fundamentalmente cuando hago pruebas de rendimiento que repito varias veces, me es muy cómodo tener la pantalla disponible para lo que estoy probando, y no con el cronógrafo. Me serviría el móvil, pero como me ocurre con las calculadoras, me da mucha rabia que se bloquee y apague la pantalla si tardo más de la cuenta, y me parece un engorro desactivar el bloque, y volverlo a activar al terminar. Puede parecer irrelevante, pero de esta forma, incluso puedo seguir controlando la medición, mientras hablo por teléfono, algo que aunque no me ha ocurrido nunca, es teóricamente posible.

Además del romanticismo, le he descubierto una ventaja más al cronógrafo mecánico, y es que como una calculadora solar, siempre está disponible para funcionar. Te puedes despreocupar de pilas, basta con darle cuerda cuando lo necesites usar.

Bien, pero ¿no decíamos que los relojes mecánicos eran poco precisos? Así es, un mecanismo de relojería mecánica es relativamente poco preciso, podemos hablar de desviaciones cuando no son cronómetro de hasta 2 minutos al día. Lo que ocurre es que en el peor de los casos, ese desfase es despreciable. Hablamos de un segundo cada 15 minutos de cronometraje.

De hecho, hasta la década de los 80, no era inhabitual ver cronometrajes con este tipo de instrumentos, incluso en disciplinas donde la precisión era fundamental, como los entrenamientos libres de la Fórmula 1. Por supuesto en los 1960 y 1970, incluso las mediciones oficiales se realizaban con este tipo de aparatos.

Otro factor que he descubierto como algo de suma importancia, además del hecho de ser mecánico, es la posibilidad de tener un botón de inicio/pausa separado del de puesta a cero. De este modo, puedo acumular fácilmente intervalos procedentes de diferentes mediciones, para al final calcular la media. Esto por supuesto con una calculadora de sobremesa.