Cuando yo era niño, España todavía no se había incorporado a la Unión Europea (que al hacerlo, sería todavía la Comunidad Económica Europea), el mundo no estaba tan globalizado, las diferencias entre ciudades y pueblos eran abismales, y todavía estábamos empezando a salir de una dictadura.

Era difícil conseguir unas zapatillas de Nike, o Adidas, y si las tenías, es que eras un pijo porque eran muy caras. Por supuesto ni Reebok ni Avia ni Asics habían todavía llegado al mercado, así que nos conformábamos con productos nacionales como Kelme, Yumas, Joma, Crube, Rox o Victoria.

Los más afortunados, calzaban marcas que todos pensábamos serían americanas, sin embargo nada que ver, y eran más bien magníficos ejemplos de marketing 1.0: J’hayber, John Smith, o Puma. Estas últimas también nacionales, y con un contencioso legal sobre la marca alemana que no se ha resuelto hasta hace más bien poco.

Cuando teníamos menos suerte, eran unas Tórtola, Naiki o Navalis, a las que tengo mucho cariño. Sin embargo mis preferidas eran las Paredes, y es que con el nombre de paredes es como empezó a denominarse de manera genérica a las zapatillas deportivas, que luego serían bambas.

Me alegra ver como la mayoría de ellas siguen en activo, leyendas de nuestra infancia, que hoy en día siguen vivas, algunas con un cambio de perfil, y sobre todo, con un nuevo público, y en un nuevo mercado multinacional. Pero no me gusta ver como la reputación de todas ellas se va relegando a un segundo o tercer plano, y como siguen teniendo una imagen de cutre entre mucha gente, por el simple hecho de ser de aquí. Parece que nos estemos volviendo tontos con los productos grandes marcas globales, que venden en muchos mercados, pero que fabrican en unos pocos. Qué prometen mucho prestigio, pero en general de puertas a fuera solamente, y que tienen una percepción de calidad, que no siempre es real.

Calzados Paredes, fundada en 1954, en Elche (Alicante), por José Paredes Castaño, y ahora en manos de sus hijos, lanzaron en 1973 la primera zapatilla deportiva de fabricación nacional, y después se vieron forzados a diversificarse, y apostar por la gama aire libre con productos dedicados al campo, y la naturaleza, que gozan de bastante popularidad, y así capear el auge de marcas extranjeras en el sector deportivo. Ahora son también bastante fuertes en el calzado técnico e industrial, dentro de la gama seguridad.

Lo sorprendente es que en su división de moda, nos sigan ofreciendo unas zapatillas atemporales que en muchos casos se parecen a las que usábamos de niños, con ese aire vintage (Estrella, Albona, Vermont, Ecology o Record), pero también con algunos modelos más modernos (Axel, Ian, Adan o Antu).

En su tienda on-line, los precios realmente asequibles, oscilando entre 14€ y algo más de 75€ (IVA aparte), con envíos gratuitos a partir de 20€, es decir, para la gran mayoría. En mi caso el envío ha sido rapidísimo, y en 3 días la tenía. La nota negativa son su fabricación China, que bajo el eufemismo R.P.C., donde la marca fabrica el 80% de sus productos, especialmente los más económicos. El resto, siguen haciéndose en Elche. No denota mala calidad, pero sí que al menos, les hace perder una gran parte del encanto.

Actualizado a miércoles 11 de septiembre de 2013. 12:02:
La nota negativa de la marca es el servicio de atención al cliente, que no ha respondido a mis cuestiones ni desde el formulario de contacto, ni los emails que proporcionan en la web, ni en la tienda, ni en los mensajes ni el muro de Facebook, ni naturalmente en Twitter. Sin duda una imagen nefasta, que no hace justicia ni a los productos, ni de la empresa. Así que les animo desde aquí a que solventen este delicado punto negativo.