Hace tiempo leía un artículo en Zona Casio de esos que tanto me gustan, porque me incitó a la reflexión. El autor venía a concluir que los que llevamos un reloj mecánico lo hacemos por vanidad.

Como tengo la creencia que esencialmente la conclusión era correcta, voy a hacer el mismo ejercicio a ver si coincido con ese veredicto.

¿Por qué llevamos reloj?

Se me ocurren tres explicaciones a la necesidad de llevar un reloj.

1) Por la necesidad de saber la hora
Naturalmente esa fue su primera utilidad, la necesidad del ser humano de conocer el transcurso del tiempo. Una guía que ordene nuestras vidas, que permita planificar tareas, o una referencia para cálculos astronómicos y de orientación, de velocidad o de distancia.

El saber la hora en cualquier momento sigue siendo el casi de uso principal, sin embargo los tiempos van cambiando, hay relojes públicos en casi cualquier espacio. El omnipresente teléfono móvil que nos acompaña dispone de reloj incluso en los modelos más básicos, de modo que un reloj en nuestra muñeca es algo cada vez menos necesario. Por ello los relojes han ido evolucionando incorporando en muchos casos otras herramientas: cronógrafos, cuentas regresivas, calendarios, fases lunares, podómetros, termómetros, barómetros y altímetros, brújulas, profundímetros, receptores de GPS, tcétera. En los denominados relojes inteligentes, incluso notificaciones con el teléfono.

2) Como complemento de moda
Un reloj es algo que en cierta forma nos decora. La creciente variedad en cuanto a colores, diseños y materiales hacen de él casi una prenda de vestir. La finalidad es únicamente estética, no funcional. En el caso de los hombres, es además de las pocas joyas que están bien toleradas socialmente.

3) Por el placer de llevarlo
El placer de llevar reloj es probablemente la situación más marginal, pero en la que me incluyo. Desde la sensación de ser autónomo en cuanto a saber la hora se refiere, hasta el propio placer de llevar en la muñeca tecnología o ingeniería que admiramos.

¿Por qué un reloj mecánico?

Esta pregunta tiene una respuesta extensa, así que dejadme que os de una pincelada histórica. En los años 70 y 80 la relojería mecánica sufre una profunda debacle. Los relojes de cuarzo, mucho más baratos, precisos y con más funciones empiezan a conquistar el mercado. Los relojes mecánicos quedan como algo romático, o en su defecto, como una herramienta en mercados que por ejemplo no dispongan de pilas, algo que no era habitual al principio. No nos debe extrañar que HMT en India, Vostok en la Unión Soviética, y relojes japoneses como el Seiko 5 siguieran siendo usados.

La industria suiza reaccionó, y con Swatch luchó con sus propias armas, el cuarzo. Pero esa era la idea a corto plazo, a largo plazo consistía en lo que se llama reposicionar un producto. Es decir, lograr que la percepción de los clientes ante un reloj mecánico cambiara. Que dejara de verse como un instrumento caro e impreciso (comparado con el cuarzo), y empezara a verse como una obra de ingeniería, como un artículo de lujo, o como un bien exclusivo. Algo en lo que probablemente los grandes grupos como Swatch Group, Richemont y LVMH tuvieron mucho que ver.

Sin ir más lejos eso ha ocurrido recientemente con el Gin tonic el combinado que bebían tradicionalmente los obreros en la España de los 70 y 80, y que ahora es una bebida de lujo gracias a los esfuerzos de Diageo y Grupo Bacardí entre otros.

Objetivamente no hay mucha diferencia entre un reloj mecánico o un gin tonic de los años 70, y los que tenemos ahora. Pero nuestra percepción si que es muy diferente. De ser productos que estaban disponibles para las masas, han pasado en general a ser premium. Gin tonics o relojes 10 veces más caros que en su época de esplendor.

Visto de esta manera, no quiere decir que algunos no disfrutemos de esos productos, sólo quiere decir que muchos lo hacen debido a la influencia externa. Pongamos un par de ejemplos. Si en un local de moda me pido un zumo de melocotón, que es muy saludable y refrescante, resulta que mi status baja. Si hago lo mismo con un gin tonic, ocurre lo contrario.

Si me gusta un reloj por historia, por calidad y por diseño como el Omega Speedmaster, resulta que sólo lo puedo comprar en su versión mecánica. No me va a dar la hora con mucha precisión, pero mis amigos me dirán “¡Uooou, un Omega!”.

¿Cómo ha sido posible?

Todo esto ha sido posible, además de con enormes esfuerzos en cuanto a estrategia y recursos, porque un reloj mecánico sigue teniendo algunas ventajas que no tienen los relojes de cuarzo. De la misma manera que un gintonic es ventajoso porque por ejemplo tiene pocos azúcares, mientras que el clásico cubalibre de ron con cocacola tiene muchos más.

En un reloj mecánico, su ventaja natural es que no necesita pilas. Obviamente no es gran cosa, también tenemos relojes de cuarzo solares que el acumulador durará más tiempo que el que transcurra antes de tener que revisar el reloj mecánico. Pero si lo enfocamos desde ese punto de vista, podemos convencer a algunos. En fin el mismo argumento que podríamos plantear ante el cubalibre en base a cocacola light en vez de normal.

Esta técnica, bien se podría haber usado con cualquier otro producto en desuso. El más cercano, porque le ocurre algo parecido a los relojes mecánicos son las plumas estilográficas, un instrumento en general superado, pero que sigue teniendo algunas ventajas prácticas. La lista es larga y podríamos continuar con las maquinillas de afeitado clásico. Casualmente cosas todas ellas que me gustan.

Como descargo propio, cualquier día se pueden volver a poner de moda los sombreros, las pajaritas, los tirantes, los bastones o los pantalones de pana. Otra vez artículos que me gustan. Cuando lo hagan, subirán notablemente de precio, y entonces sabré que hay una multinacional detrás intentándolos popularizar.