Cuando yo era niño, eran pocos los compañeros y amigos que vestían prendas de marca. Por aquellos tiempos, las marcas daban estatus, e individualidad, aunque en realidad, el tiempo nos hiciera ver que solamente eran un reflejo de la capacidad de nuestros padres para darnos caprichos.

Recuerdo como unas zapatillas deportivas de marcas como Nike o Adidas, salían por unas 8.000 pesetas, es decir 4 o 5 veces más que modelos más asequibles, e incluso dos o tres veces más caras que marcas nacionales como Paredes, J’hayber, Kelme o Puma.

Transcurridos 25 o 30 años, la situación es totalmente opuesta, siendo habitual que los niños lleven ropa de marca, especialmente en el terreno deportivo, siendo los que no lo hacen una excepción. Visto con perspectiva, es extraño ver como renunciábamos a marcas de aquí, con productos fabricados aquí, en contra de marcas americanas, alemanas, inglesas o francesas, que no obstante ya fabricaban gran parte de su producción en paises con mano de obra barata y poco cualificada.

He hablado de multitud de marcas, que no tienen la mercadotecnia de las globalizadas, y que incluso son grandes desconocidas: Eifa, Inodee, Doosan, etcétera.

Así que ahora, reivindico lo contrario, las marcas de aquí, particularmente si fabrican en nuestro país, pero en menor medida, también si lo hacen fuera (PRC -China-, Vietnam, Indonesia, Bangladesh, …), pues no sólo son más económicas y de calidad bastante comparable, sino que también, al menos una parte de sus ingresos se queda en nuestras arcas.