Shareware

Hoy vuelvo con las batallitas del abuelo cebolleta, esta vez para hablaros del shareware.

En 1982, Jim «Button» Knopf, crea PC-File, y decide distribuirlo como «user-supported software», o sea «software soportado por el usuario«. Poco después, Bob Wallace crea PC-Write y lo distribuye como shareware.

Ambos términos quieren decir lo mismo. El autor cedía una copia de su programa, con el fin de ser evaluado por los usuarios, que éstos podían posteriormente comprar directamente al autor.

Hasta entonces, el software era bien gratuito, bien comercial, distribuido y comercializado por una distribuidora o una casa de software, de manera que esta nueva filosofía fue realmente innovadora. Permitía que los autores mantuvieran el control de su programa, y a la vez, que programadores aficionados, que no interesaban a las grandes casas, pudieran ofrecer sus programas al público.

Es muy similar a lo que ahora todos conocéis como «compras integradas» (In app purchases), con la salvedad que la venta, la realizaba también el autor, en vez de un intermediario como Google o Apple que se llevaba su propia comisión.

En muchos casos, la versión shareware, era idéntica a la que comprabas, sólo que te decía que si la usabas regularmente debías pagar por ella. En otros casos, ofrecía limitaciones, menos niveles en los juegos, uso por un tiempo determinado, caducidad al cabo de determinados días, etcétera.

Algunos autores, decidieron dar más beneficios aún a los compradores, ofreciéndoles un manual de usuario en papel, o un soporte telefónico o por carta.

En mi caso, fue una gran solución. En el colegio, intercambiaba mis programas (y de otros), con otros compañeros aficionados. Al final, el círculo era demasiado pequeño como para darlos a conocer, o como para conseguir software realmente especializado.

Así, sobre el año 1990, descubrí Soft-Share (Lejona), una empresa a la que le podías solicitar gratuitamente el catálogo de software shareware y de dominio público (ahora freeware). Este catálogo, estaba impreso de manera amateur, con una impresora láser. De ellos me hice con herramientas que siempre había querido: LZEXE, LHA, … Cada uno lo ofrecían a unas 200 pesetas en discos de 5,25 pulgadas, y el doble para los de 3,5 pulgadas. Pero lo bueno de Soft-Share, es que te permitían enviarles tus programas para que ellos los distribuyeran. Si los aceptaban, en mi caso lo hicieron con todos, te premiaban con 25 o 50 discos (dependiendo de si eran de 3,5 o de 5,25) con los programas de su catálogo que escogieras. Huelga decir, que me hice con cantidad de software freeware y shareware que quería, y que aún conservo una caja con probablemente más de 100 discos de ellos.

Por supuesto el concepto de shareware, les permitía cobrar un pequeño importe por cada programa vendido, ello era en concepto de discos, duplicación, publicidad, etc.

Por aquella época se llamaba versión shareware, a la que se conseguía de manera gratuita a modo de demo, y versión registrada a la que era de pago. Muchos se hicieron famosos, y si no ricos, pudieron vivir bien de ello: PKWare, Apogee, …

Luego vendría Prix Informática (El Escorial, Madrid). Eran algo más caros que Soft-Share, pero con un catálogo enorme. No te daban nada a cambio por distribuir tus programas, salvo el beneficio de darlos a conocer en su catálogo.

Después vendrían otras muchas más, siendo Soft>Mail (Muntaner 44, Barcelona), la más conocida, con agresivas campañas publicitarias en revistas de informática. Cobraban al principio la friolera de 1.200 pesetas por cada programa, haciéndose famosos con el eslogan de «Probar antes de comprar».

Hay que recordar que no existía la web, y que Internet, estaba reservado a centros universitarios y militares, por lo que salvo que alguien nos lo copiase, éstas empresas hicieron una gran labor divulgativa. Su popularidad fue decreciendo paulatinamente, a medida que el acceso por módem a BBS, y luego a internet se iba popularizando.

Entre tanto, surgieron otras muchas, como Inter-Share (Madrid), y hasta revistas dedicadas al shareware de las que recuerdo Top Shareware y Hot Shareware, que llegaban a incluir cientos de programas seleccionados con mayor o menor acierto, primero en disquetes, y luego en CD-ROM. Incluso si disponías de conexión telefónica, estas revistas te salían a cuenta, ahorrando costes de teléfono.

Naturalmente no vendía ni un registro, es decir, mis ingresos fueron cero, cosa que no me importaba, pues eran programas que había desarrollado porque me interesaban, el dinero hubiera sido sólo un plus. Sin embargo, si que me llegaron a contactar algunos usuarios, tanto por carta (unos pocos), como posteriormente por email, a los que recuerdo haberles hecho llegar la versión completa totalmente gratis.



6 comentarios en “Shareware”

  1. no tenia ni idea de que existieran sitios como Soft-Share ni servicios parecidos… aunque si recuerdo alguna de esas revistas que mencionas, que te traia en un disquette una seleccion de software. Un dia llegue a comprar una y no volvi a hacerlo porque sus programas me parecieron realmente simplones.
    Yo lo que si hacia es que, si necesitaba algo, la mayoria de las veces lo programaba yo. De hecho en muchas de las empresas para las que trabaje la enorme cantidad de aplicaciones que tenian se las iba programando yo (en el mercado hay muchas aplicaciones, pero no hasta el punto de especializacion que conoces necesita la empresa en la que estas).
    Tengo una anecdota -si me lo permites :D- de que cuando me fui de una de ellas, uno de los responsables (no recuerdo ahora el puesto que tenia, director general o algo asi) se puso en contacto conmigo para decirme que no encontraban determinada aplicacion. Le respondi diciendo que no la encontraba porque me la habia llevado yo, ya que era mia. Con cosas similares me escribian muchas veces ex-compañeros de trabajo pidiendo tal o cual programa que ya no veian en el repositorio de la compañia… Y es que cuando me iba, obviamente, me llevaba conmigo mis programas. La empresa no me habia comprado las aplicaciones que yo -y otros- usabamos para nuestro trabajo, y al no hacerlo seguian siendo, obviamente, mias. Resulta curioso, ninguna de ellas se dio cuenta que si lo hubiean hecho su nivel productivo (y la comodidad de sus empleados) hubieran mejorado notablemente. Pero esto es españa, en otros paises europeos no pasaria y probablemente antes de irme hubieran llegado a un acuedo para hacerse con ellas. Aqui jamas me propusieron tal cosa.

  2. Pues, para dar a conocer tus programas era buena idea, pero para venderlos pues yo la verdad nunca compré nada 😀 , creo que hoy en día la situación es igual o peor, vender software directamente en línea no creo que sea una buena idea, por lo menos no demos porque dificilmente alguien paga (crakean todo). Lo mejor es (desde mi punto de vista):

    * Ofrecer el programa completo al usuario a precios muy, pero muy bajos para que alguien se anime y darle varias opciones de pago (paypal, bitcoins, transferencia bancaria, tarjeta de credito, etc), eso no es tanto problema hoy en día, pero hace 10 o 15 años atrás era una pesadilla.

    * Ofrecer el producto como un servicio, así nadie nos piratea nada y podemos rentabilizarlo insertando publicidad (por ejemplo9.

    * Ofrecer el código fuente del programa gratis y libre, pero si alguien quiere el compilado pues entonces debe pagar por descargarlo desde nuestro servidor (tampoco vamos a ganar mucho pero quiza alguno sea perezoso y prefiera pagar).

    * Ofrecer el código fuente del programa gratis y libre, pero usarlo para proyectos comerciales privados (programador freelancer por ejemplo) donde si se gana algo de dinero, aunque no consigamos un centavo por liberarlo pero por otros medios nuestro proyecto ya se pagó solito 😉

  3. Propones unas alternativas muy intersantes Manuel.

    1) No creo que funcionase. A los usuarios no les molesta tanto el precio, con el hecho en si de pagar. Te lo digo por mi experiencia en FileOptimizer, donde la donación es voluntaria, y de la cantidad que se quiere, apenas hay donativos.

    2) Es muy interesante a nivel económico, pero además de las complejidades técnicas de montar el servicio, y sus costes asociados, está que entonces se restringe el uso a gente que pueda pagar. ¿Y si hay alguien que de verdad lo necesita, pero no puede pagarlo? ¿No sería justo en ese caso que lo usase? Al final no perdemos nada, ya que nunca lo compraría, porque no puede.

    3) Por mi experiencia, a los usuarios no les interesa el código fuente en absoluto. Quizás a las empresas sí, como garantía de su inversión, sabiendo que podrían contratar a alguien para hacer el mantenimiento, o adaptarlo a sus necesidades, pero es un caso especial.

    4) Es una opción muy interesante, es una derivada de 3) donde el desarrollador implementa cobrando las funciones que le encarguen los usuarios.

    Y te propongo una opción más:

    5) Incrustar publicidad, como en las Apps móviles. Si el usuario paga, se eliminan los anuncios, sino se quedan ahí para amortizar el desarrollo. El problema es que esta política se asocia con Adware, como algo malo, cuando en realidad lo malo es que nadie da nada por nada. Por otro lado a nivel técnico, apenas hay plataformas de monetización de aplicaciones, así que lo hace más complejo, o si se quiere, caro para el desarrollador.

  4. Gracias por compartir tu anécdota Nelbu. Supongo que esas herramientas las creaste en tu casa, y las usabas en el trabajo, pero incluso a día de hoy, existen contratos laborales que te dicen que todo lo que escribas estando en la compañía les pertenece, lo hagas en tu jornada laboral o no, o usando sus equipos o no. Por suerte no es lo normal, y es tu propiedad lo que haces en tu tiempo fuera de la jornada.

    Ciertamente esas joyas de la productividad, muchas veces realmente tontas, sólo se valoran cuando desaparecen, lo que nos indica la poca visión estratégica que tenemos…

  5. Mmmm, pues lo cierto es que pocos son los que quieren pagar por un servicio (y ni hablar de los donativos, se necesita que sea un proyecto muy grande para que despierte interés), yo la opción más viable que veo es: publicidad en el servicio (si es un servicio web) o bien, no se si sea buena idea, pero cuando instala el programa mostrar algunos anuncios publicitarios antes de proceder a su instalación y luego ya funcione con normalidad (no se instalan adwares, ni spywares ni nada, solo se muestra un video publicitario al inicio o algo), pero si paga pues descarga entonces un instalador que no contiene publicidad.
    Por otro lado me parece buena idea dos versiones, una gratis con cierta cantidad de funciones, y una de paga, donde los usuarios que deseen ciertas funciones paguen por ellas, ¿qué opinas?, ¿se podría monetizar algo un proyecto?, saludos.

  6. Efectivamente Manuel, lo de una versión gratuita con menos capacidades, o reducida de algún modo, y la completa de pago, es lo que ahora se llama freemium, de Free y Premium, y que no deja de ser lo que se hacía en la época del shareware.

    La versión gratuita que hacía menos cosas, o estaba limitada durante algún tiempo para que pudieras probarla, y la versión comercial completa.

    Sin duda una práctica que parece funcionar muy bien en aplicaciones móviles. De hecho Microsoft Word para Android e IOS sigue por ejemplo ese concepto.

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