El problema de la sacarina, es que las formulaciones en las que se suele vender, no es sacarina como tal (amida o-sulfobenzoica -E954-), sino una mezcla de otros azúcares y edulcorantes.

La razón es que en su estado natural, tiene un regusto amargo, por lo que dependiendo de la marca y la variedad, se combina con otros edulcorantes, ya sean de origen natural como sacarosa, dextrosa, fructosa, manitol, sorbitol o xilitol; o bien artifucuales como sucralosa, ciclamato o aspartamo.

La stevia, se extrae de las hojas de la Stevia Rebaudiana, y está normalizada como aditivo bajo la denominación de E960. Su ventaja es que endulza hasta 300 veces más que el azúcar refinado a igualdad de peso, y es adecuado para dietas bajas en azúcares.

Hay que ir con pies de plomo también, porque no todos los edulcorantes que se venden como Stevia, están compuestos solamente de ella, y de nuevo nos encontramos combinaciones de los mismos. Por ejemplo Cacaolat 0% contiene ciclamato sódico; el batido Puleva Cacao Light contiene aspartamo, o el chocolate sin azúcar Torras tiene eritritol, …

Así que ya sabéis, a leer la composición y la información nutricional de la etiqueta antes de adquirir un producto que se identifique como Stevia.