Desde que Swatch anunció en 2013 el movimiento automático Sistem51 (ETA C10.111), he tenido muchas ganas de poder tener uno.

Reconozco el tremendo mérito de la marca Swatch, que consiguó resucitar a la relojería suiza tras la denominada crisis del cuarzo. Recordemos que por aquella época, la mayor parte de la industria relojera suiza, estaba en las últimas, o había cerrado.

Gracias a la visión, y porque no decirlo también, los contactos de Nicolas Hayek, los relojes Swiss Made de Swatch, conquistaron desde 1983 el mercado. Se trataba de conseguir que esos relojes fueran nuevamente interesantes para el público. Para ello, se les dotó de unos diseños atrevidos y atractivos, una variedad de modelos nunca antes vista, y una renovación de los mismos con frecuencia anual. Además se les equipó con un movimiento de cuarzo, y gracias al uso de materiales baratos, y de la automatización con que se producían, lograron venderlos casi a precio de reloj japonés. Tened en cuenta que en esa época, los grandes fabricantes japoneses que dominaban la tecnología del cuarzo, aún eran capaces de manufacturar y ensamblar sus relojes y componentes en Japón.

El resurgir de Swatch, les llevó a crear Swatch Group, la corporación sobre la que irían rescatando marcas suizas como Tissot, Certina, Hamilton, Mido, Omega, Longines, Rado, Blancpain, Breguet, Glashütte Original etcétera.

Sea como fuere, siempre estuve en contra de ese tipo de relojes desechables, de usar y tirar (disposables). Guardatiempos que por baratos que fueran, no aguantarían una vez se agotase la pila. Construidos con material plástico poco duradero. Pero otra faceta en donde el Grupo Swatch, siempre ha brillado, ha sido en la mercadotecnia, el marketing. Decidieron atacar de raíz esa percepción, ofreciendo cambios gratuitos de pila. Ya nadie pensaría que sus relojes no aguantarían hasta después de cambiarle la pila. ¿Si no fuera de ese modo, ¿para que lo iban a ofrecer?

Como entusiasta de los relojes no era un factor suficiente. Por tanto cuando en 2009 vi los preciosos Swatch Silver Class Automatic Chronograph (SVGK401G), los rechacé precisamente por el material de su caja construida en plástico.

Tampoco me gustaron los Swatch Sistem51 de su lanzamiento, como el Sistem Blue (SUTS401), ni siquiera los posteriores Sistem Class (SUTS402) o Sistem Chic (SUTB402).

En cuanto Swatch organizó el lanzamiento para prensa en 2014, no dudé en acudir a la Popup Store de Barcelona a enterarme de todos sus detalles, tal y como publiqué en Hablemos de Relojes (HdR). Mis conclusiones de aquel momento fueron claras, me gustaba mucho el movimiento Sistem51, pero no los relojes que lo montaban. Esperaba que con el tiempo, el Grupo Swatch decidiera agregarlo al catálogo de otras marcas de mayor calidad, o que incluso pudieran montarlos en la gama Swatch Irony con cajas de acero y cristales minerales. Parece que me escucharon, porque tras tres generaciones de modelos Swatch Sistem 51 (2013, 2015 y 2016), a la cuarta ha ido la vencida, y desde 2017 tenemos los Swach Irony Sistem51.

El calibre es increíble, con 90 horas de reserva de marcha, carga automática y posibilidad de remonte manual. Está regulado por láser, ofreciendo una precisión media de +/- 7 segundos/día según algunos, y de +/-10 segundos/día según otros, unas prestaciones al nivel de la alta relojería. La clave está en su diseño simplificado al máximo, que consta de 51 partes divididas en 5 módulos, y un único tornillo. Lo habitual en un reloj automático, es que conste de el doble o el triple de piezas.

Está fabricado con ARCAP, una aleación de cobre, níquel y zinc, que dicen que es muy duradera, y con buena resistencia a los campos magnéticos.

A nivel técnico, supone también un gran avance, pues es el primer movimiento mecánico manufacturado sin intervención humana alguna. Una cadena de producción robotizada, que es justo lo opuesto a Vostok.

El cambio de fecha no es instantáneo, se produce entre las 23 y las 2, pero si que ofrece cambio rápido de fecha (quickset).

Si a nivel de rendimiento, es excelente, a nivel funcional, es más bien discreto, una prueba más del énfasis de la marca en cuanto a ahorro de costes de diseño y producción. Así, late a 21.600 vph, como los Powermatic 80 (ETA C07.111), y tiene 19 rubís. No cuenta con parada de segundero, y el rotor de carga es unidireccional. Unos datos, que lo hacen comparable a un calibre de gama baja como el Citizen 8200.

El remonte manual, se da en el sentido contrario al habitual. En los Irony, con la corona de acero, no aporta sensaciones especiales. En aquellos con corona de plástico, darle cuerda manualmente, resulta incluso desagradable, tanto por tacto, como por sonido, aunque funciona muy suave.

Quizás la principal pega, es que es una maquinaria sin mantenimiento, y por tanto no reparable. Va herméticamente cerrado en su caja, así que no puede abrirse. Según Swatch, se estima una vida útil de al menos 20 años, y tampoco puede ajustarse. De ser cierto, no tendremos que pasar ninguna revisión durante esas dos décadas.

Me gustaría ver algún tipo de evolución, ofreciendo también día de la semana como en el Mondaine Classic Automatic, parada de segundero, o incluso con indicación de reserva de marcha. El asunto del rotor unidireccional, por desgracia, es algo que no cambiará, pues probablemente, obligaría a rediseñar gran parte del movimiento.

La pregunta clave sería si precio por precio, es superior a un Orient F69 o Seiko 4R36. Yo diría que resulta más cómodo, podemos olvidarnos de llevarlo al relojero a los 5 o 10 años para limpiarlo o engrasarlo, y si no lo vamos a usar seguido, sus casi 4 días de reserva de marcha, no tienen rival. Sin embargo, si somos más conservadores, probablemente prefiramos un movimiento más clásico.