Conforme más tecnología tenemos, más esclavos nos volvemos de ella. Sin apenas darnos cuenta, nos van surgiendo nuevas obligaciones y responsabilidades: llenar el depósito de combustible del coche, recargar el móvil, desfragmentar el disco duro del PC, instalar las actualizaciones de Windows con su correspondiente reinicio, ajustar la hora cuando cambiamos a horario de verano/invierno, cambiar la pila de reloj, configurar la WiFi para un nuevo dispositivo, revisar el spam en las cuentas de correo, …

Por eso me gusta cuando la tecnología se pone a nuestro servicio, e intenta paliar estos inconvenientes: básculas solares, relojes automáticos, actualizaciones de software que se aplican automaticamente, pero también los antiguos dispositivos analógicos de toda la vida.

Una estación metereológica analógica no requiere pilas en absoluto, mientras que una báscula solar está disponible siempre que la necesitemos, y un rejoj radio controlado, se ajustará automáticamente.

Todavía recuerdo como hace no demasiados años, salir de turismo requería ponerte el reloj, coger la cámara de fotos, el móvil, la Gameboy, el ordenador portátil, … Ahora con la integración de funciones en los smartphones, es suficiente para todo, y nos ahorramos llenarnos la cabeza con la lista de cosas a llevar.

No me estoy refiriendo a los parámetros de sostenibilidad y ecología que también cuentan, sino sobre todo, a valores de dependencia personal.