En preguntas frecuentes sobre afeitado, os hablaba del compañero de un foro que me había motivado a escribir el artículo, con el fin de disipar sus dudas.

Trabajaba de manera intermitente como vigilante de seguridad desde 2008, y llevaba aproximadamente un año, cuestionándose su vida, y sus prioridades. Al cumplir recientemente los 39 años decidió tomar el control y cambiar radicalmente.

Me contaba lo duro que era estar sólo durante 8 horas, sin casi nada que hacer, y como eso le fue empujando poco a poco al alcohol. Algo de lo que fue consciente, y que pudo controlar, por el miedo a perderlo todo.

Era un apasionado de la relojería, pero jamás se había planteado el desconocido afeitado clásico. En ese momento aparecieron en su vida nuestras conversaciones sobre afeitado clásico, y decidió hacerse con un frasco de colonia Varón Dandy. Leyó aténtamente mi blog, y empezó a centrarse en el afeitado clásico.

Se afeitaba a días alternos, y acababa con la cara hecha un cromo, así que se lanzó, y empezó a con el afeitado, siguiendo mis recomendaciones. Una brocha Casalfe, una barra de jabón Lea, y una maquinilla de Vie-Long.

Me contaba, como ganó en suavidad, y empezó a tomárselo como un placer, que hasta sus hijos y su hija disfrutaban viendo. Como magia veían a su padre afeitándose en esa mezcla de aromas. Sin darse cuenta, empezó a disfrutar más de ellos, y por supuesto ellos de él.

Poco a poco fue dándose cuenta que ya no era capaz de ir a su tedioso trabajo mal afeitado, después que no podía prescindir de su Floïd.

El cambio fue haciéndose dueño de él, ser consciente de su situación, y percibir que tenía el control. Todo ello, y en gran parte, gracias a que el afeitado le enseñó a disfrutar de si mismo y de su familia. A descubrir que la felicidad está muchas veces en pequeñas cosas que tenemos muy a mano, y a las que por desgracia, no prestamos la atención que merece.

En enero decidió intentar su sueño, y hacer realidad una vocación frustrada. Ser profesor de secundaria de historia, dejar su trabajo de vigilante. Así que abandonó los relojes, y dio prioridad a preparar las oposiciones. Lo comparaba con el afeitado, y me decía que el placer no puede existir sin sufrimiento. Y considero que tenía razón, que luchar por algo, tiene que requerir esfuerzo.

Para terminar, me decía que el afeitado clásico le había cambiando la vida. Seguro que leyendo mis palabras, estaréis de acuerdo.

No he vuelto a conversar con él, prefiero que se centre en lo importante. Así que no se cómo le va, o si ha conseguido esa plaza. En todo caso, ocurra lo que ocurra al final, él ya ha ganado. Vuelve a ser dueño de su vida, y a perseguir su sueño.