Cada vez que leo los informes de exportaciones de la industria relojera suiza que puntualmente nos ofrecen desde la Federation of the Swiss watch industry me surgen varias reflexiones, que si me permitís, hoy quiero compartir con todos vosotros.

La primera, es que el crecimiento anual que ofrece, se sustenta en general debido a los países en vías de desarrollo, los que antes llamábamos subdesarrollados. Me refiero a China, o a India. Precisamente países caracterizados por la mano de obra barata y no especializada que, casualmente, son los que también contribuyen hasta un punto que asustaría a muchos si lo supieran, a todo el proceso del Swiss Made.



Regiones en donde afortunadamente las condiciones económicas de muchos van mejorando poco a poco, y que en un pequeño porcentaje, les permite aspirar a bienes de lujo como son hoy en día los relojes suizos. Desgraciadamente ese crecimiento no es equitativo, y las desigualdades entre ricos y pobres sólo hacen que exagerarse. Pese a todo, estos países también tienen derecho a adquirir el reloj que más les guste, igual que lo hemos ido teniendo nosotros.

La segunda pregunta que me hago, es hasta qué punto esos bienes de lujo se compran para que la gente se sienta bien con ellos mismos, o para que los demás los vean bien. En el mundo globalizado en el que estamos, quien más y quien menos vive de puertas hacia fuera. Las redes sociales están llenas de la imagen que queremos dar al mundo de nosotros mismos, y no tanto de lo que verdaderamente somos. Compartimos nuestra felicidad, presumimos de todos nuestros bienes materiales, y mostramos los lugares más atractivos en que hemos estado. Casi nunca hacemos lo mismo con nuestras frustraciones, nuestros sueños, o nuestros esfuerzos.

Me temo que la relojería, igual que muchas otras industrias, vive de nuestras apariencias. Queremos que la gente nos pregunte por nuestro reloj de 1.000€, o que se fijen en el nuevo automóvil de 50.000€ que hemos comprado a crédito. Dejamos de lado lo que realmente importa. Si esos objetos los queremos para nosotros, o solamente para que los vean los demás.

Un estudio construido en base a las respuestas del Gallup World Poll que encuestaba a ciudadanos de más de 160 países, determinó que la felicidad solía ir en aumento hasta un salario por persona entre 49.000€ y 61.000€ anuales. Generalizar siempre es incurrir en errores concretos, y a eso debemos considerar que las viviendas no valen lo mismo en todos los sitios, o que los impuestos cambian de país a país. Sin embargo como orientación, parece algo adecuado.

Intuyo que cuanto más tenemos, más necesitamos que los demás perciban nuestro poderío. Al final es solamente un poderío económico, y que sólo representa que podemos comprar más cosas, o las mismas pero más caras. Ocurre que si esas compras son para que los demás nos admiren, en el fondo es como si las compráramos para ellos. Para nosotros no cumplen ninguna función, no incrementan nuestra calidad de vida ni nuestra felicidad.

Vemos SUV enormes que no se pueden aparcar en casi ningún sitio, apartamentos con piscinas que nadie usa, y en el caso que nos ocupa, relojes de precios más o menos elevados que sólo provocan quejas en sus dueños. Conozco el caso de un chico al que le regalaron un Omega Speedmaster como reloj de pedido en su boda. Un reloj con una tarifa de unos 5.000€, que reconocía que le gusta mucho, pero que con su cristal de plexiglás es muy delicado, y que se adelanta unos pocos minutos al mes. Sin lugar a dudas ese regalo, probablemente con la mejor intención del mundo, sólo pretendía reforzar su estatus social, en vez de reforzar su felicidad, o cubrir sus necesidades.



Admito que nunca he sentido necesidad de guardar las apariencias demasiado, y en determinadas épocas incluso de manera intencionada iba en contra del establishment y sus absurdos convencionalismos. El tiempo me ha dado la madurez, o quizás la experiencia del vacío que representa algo que no te llena, valga 1€ o valga 1 millón, y poco a poco he ido valorando más lo que a mi me importa. Si coincidía con las normas sociales, estupendo, y sino, pues también.

Volviendo al tema de los relojes me encuentro satisfecho con piezas como el Parnis Master 35, un reloj que incluso para un aficionado con cierto grado de exigencia como yo, funciona perfectamente, y tiene una calidad sobrada.

Cada uno es como es, y no soy nadie para dar lecciones, menos aún de vida. Si te gusta algo caro, y puedes permitírtelo es estupendo podértelo comprar. Pero no te amargues si no puedes, no pasa nada. Ya podrás algún día, porque con esfuerzo todo se consigue. Solamente asegúrate de que es lo que tu como ser humano necesitas, no lo que piensas que a los demás les gustaría ver en ti. Te sorprendería lo poco que valoran los demás tus cosas comparado con lo que tu imaginas. La mayoría no saben si tu aparato de televisión es 4K o no, sólo verán el tamaño. Nadie sabe lo que es un Core i9. Un reloj Certina, les va a sonar a Festina, y lo más importante, siempre habrá alguien que tenga más que tu.