Continúo haciéndome eco de mis publicaciones en la página de ZonaCasio, con este segundo recopilatorio.





Casio, una marca única

Artículo publicado originalmente por Javier Gutiérrez Chamorro (Guti) en ZonaCasio el Miércoles 12 de octubre de 2016 a las 8:51.

Cuando Rover decidió relanzar el Mini en 1996, un coche con casi 40 años el mercado (1959), apenas duró 4 años más (2000). La crisis económica de la marca, junto a la tecnología anticuada, hacía que fuera incapaz de cumplir las nuevas normativas en cuanto a seguridad, y no quedó más remedio que volverlo a dejar de fabricar. De hecho, fue reemplazado por los nuevos Mini de BMW, que apenas tenía que ver nada con el antiguo, y por supuesto, con un posicionamiento premium, que lo hacía ser un automóvil relativamente caro.

Casio por contra, nos sigue ofreciendo modelos que comparten el savoir faire de sus predecesores. Me estoy refiriendo a los F-91W, los W-59, y en menor medida a las variantes para el mercado japonés (F-84W) y con brazalete metálico (A-158, A-159, A-163, A-164 que comparten el módulo 593.

Relojes que aparecerían en 1990 (F-91W) y 1989 (W-59), y un módulo que ya viéramos montado en 1984 con el F-84W. Hace más de 30 años. Pero eso no es todo, porque esos relojes, son herederos de los F-85W de 1982, con el módulo 160 casi idéntico a éstos. Otros modelos ya también extintos, equiparon ese mismo módulo: A-162, A-163, W-74, W-76, W-78, W-79, F-88, F-98, F-99.



Siento que últimamente he sido muy crítico con Casio. En cierta forma, he pasado por alto todo lo que nos ofrece con modelos como el W-59 y el F-91W. Unos relojes digitales, que pese a que en su día grandes marcas como Citizen, Seiko, Orient, Tissot u Omega se apuntaron al carro, hoy han dejado de lado. Es fácil que nos embargue la amargura cuando vemos que el W-720 ha desaparecido del mercado, o que intentos de renovar estos F-91W/W-59 como los F-105W/W-86 han quedado en el olvido.

Como humanos, adolecemos con frecuencia de no valorar lo que tenemos hasta que lo perdemos. Así que imagina por un momento, que desaparecieran este tipo de relojes del mercado. Imagina lo que sería un mundo sin el Casio F-91W. Ese fue el ejercicio que hice, y comprendí, lo única que es Casio al seguir ofreciéndonos estos relojes. Algo que ninguna otra marca hace.

Para valorar en su justa medida el F-91W, podemos compararlo con uno de los relojes que más veo en la calle, el famoso Daniel Wellington Classic Winchester, un reloj analógico de cuarzo, que se vende a 139€ en su versión femenina (36mm) y 149€ en su versión masculina (40mm), y que solamente ofrece horas y minutos. Incorporan un movimiento Miyota 1L22, un excelente movimiento analógico, que arroja 5 años de duración de pila (SR616SW), y una precisión de +/- 20 segundos/mes. Sin embargo, no deja de ser una maquinaria proporcionada por Citizen, y que pila incluida, cuesta menos de 3€ en el mercado. En cambio Casio, nos ofrece en sus F-91 y W-59, un módulo de manufactura propia, que ofrece 7 años de duración de pila (CR2016), y todo ello a un precio unas 10 veces más barato.

El DW es resistente al agua 3 ATM, lo mismo que el F-91W, y por tanto menos que el W-59, que resiste 5 ATM. Sin embargo, sus precisiones son menores +/- 30 segundos/día.

Ambos son muy legibles, pero el Casio, ofrece además segundero, día del mes, y día de la semana. Como extra fundamental, el calendario es automático, diferenciando la duración de todos los meses del año, con la excepción de los febreros bisiestos. Una complicación, que requiere que nos vayamos a relojes analógicos de cuarzo de cientos de euros. Naturalmente contamos con horario de 24h, bien sea en formato AM/PM o en formato militar, señal horaria, y alarma. Por si esto fuera poco, nos ofrece un cronógrafo de 1 hora con visualización de centésimas de segundo. Nuevamente, con el cronógrafo nos encontramos ante una característica que en relojes analógicos nos requeriría invertir mucho más dinero, especialmente si son mecánicos, pues no los encontraremos por menos de 400€. Además, tiene luz, y podremos ver la hora a oscuras, algo que con el Daniel Wellington sin lumen, sería imposible. Comparado con otros, es tan completo, que hasta tu mismo puedes comprobarlo con mi Simulador de Casio F-91W en HTML5.

El diseño del F-91W, no sufre el paso del tiempo, es tan actual hoy en día, como lo era en 1990. Gracias a su cristal, correa y caja de resina, pesa solamente 21g. De hecho salvo la tapa trasera, los botones, y algún componente interno, todo es plástico. Sus contenidas dimensiones (38,20mm x 33,20mm x 8,50mm), hacen que sea un reloj discreto y cómodo de llevar. Que se oculta fácilmente dentro de la manga, y que así, está a salvo de muchos golpes accidentales.

A diferencia de los Daniel Wellington, los Casio F-91W, son relojes que apenas se publicitan, y a pesar de ello, son relojes populares, conocidos, y llevados al cine, la televisión y el famoseo. Una tecnología que a pesar de sus más de 40 años de edad, es capaz de competir, y superar en cuanto a prestaciones, precio y fiabilidad, al nuevo reloj de moda. Eso es precisamente lo segundo que hace única a Casio. Una tecnología que estaba tan avanzada a su época, que incluso a día de hoy es capaz de superar a la de sus competidores sin cambio alguno. Por eso, sigue siendo el reloj estrella. Probablemente el modelo más vendido de todo el catálogo de la marca, y probablemente, el modelo que menos quisieran vender.

Desgraciadamente, es cuestión de tiempo que se vean superados, ya vemos que los DW ofrecen una mejor precisión, tienen cristal mineral y caja de acero, … No es algo que Casio no tenga, pero sí algo que se guarda generalmente para sus relojes analógicos y caros.

Por favor, cuida de mi reloj

Artículo publicado originalmente por Javier Gutiérrez Chamorro (Guti) en ZonaCasio el Lunes 31 de octubre de 2016 a las 8:24.

Un reloj no es más que un objeto material, creado gracias al saber humano, lentamente acumulados. Algo que llevamos por su utilidad práctica, o estética. Sin embargo, no puedo evitar ir más allá con hechos como el que expliqué en Una bonita historia del Casio GMW-15 (Moon Graph). Me estoy refiriendo, a cómo ese artículo inanimado, en muchas ocasiones, debido al tiempo que comparten en nuestras vidas, acaba cargado de emociones y sentimientos. Por supuesto, somos nosotros mismos los que acabamos atribuyendo al reloj esos valores, pues para ellos, no es nada más que su función vital: llevar la cuenta del transcurso del tiempo.



Resulta irónico que mientras los guardatiempos, acumulan el devenir de lo vivido, esa crueldad, que tiene por significado último recordarnos que nuestro tiempo aquí es limitado, y que inexorablemente se va reduciendo, al mismo tiempo una porción de esa vida se quede con ellos. Por un lado, son tan desagradables como para recordarnos que cada segundo que transcurre, es un segundo menos que tenemos, por el otro, pueden ser tan agradecidos, como para hacernos recordar de manera muy intensa aquello que ya pasó.

Tal vez ese reloj fuera un regalo de cumpleaños especial, y que inevitablemente rememoramos a medida que cumplimos años. Quizás fuera el que adquirimos con nuestro primer sueldo, y aunque ya no nos lo pongamos, sólo con verlo nos viene a la memoria aquel gran hito en nuestra vida. Puede que haya pasado tantos años con nosotros, que nos guste apreciar los golpes y el desgaste, que como cicatrices, son la prueba inequívoca de lo que hemos vivido. O simplemente sea un reloj que nos gusta, y que como ya no se produce, le tenemos un cariño especial. No importa si es un Rolex Milgauss 116400, o un Casio W-720, lo que verdaderamente lo hace especial, no es su valor intrínseco, sino el valor que tiene para nosotros.

Admiro cuando veo a un señor mayor, vistiendo su mismo Seiko 5 o Citizen 7 que probablemente lleve con él más de 40 años. Tal vez fuera un regalo de su hijo traído de Canarias. Puedo imaginarme que a raíz de un viaje en su juventud, contando 20 años, y que de pronto, se ha transformando en un hombre maduro en la sesentena. Todas esas experiencias, han tenido un testigo de primera linea, habitualmente agazapado bajo las mangas de la camisa o del jersey, pero siempre presente, tanto para lo bueno, como para lo malo. Inevitablemente ese reloj, se va llenando de sentimientos, de recuerdos, de lo que vivimos. Tanto es así, que llegado el momento de tenernos que desprendernos de él, es como si nos quitaran una parte de nosotros.

Los que tenemos pasión por la relojería, terminamos acumulando tanto valor sentimental en esa pieza, que hace que nos cueste desprendernos de ellos. Un poco como si fuera un ser vivo, porque ciertamente no lo es, pero si que es más que un simple objeto.