Hablaba de Orient Watch, y explicaba que en relojes mecánicos, era la marca más recomendable, pero que le faltaba una cosa. Herencia, historia, o como queráis llamarlo.

Y precisamente eso, es lo que tiene Seiko, cuya historia empieza en 1881 cuando Kintarō Hattori, abre una relojería, que a partir de 1892, empezará a fabricar relojes con la marca Seikosha, y que a partir de 1924, tendrán la marca Seiko.

Aunque los japoneses no tenían historia relojera, aprendiendo de suizos y americanos, consiguen crear en 1913 el Laurel, el primer reloj de pulsera fabricado en Japón. Unos éxitos, que serían un no parar, pero solamente en el mercado local.

En 1963, empezaron a participar en certámenes de cronometría suizos, al principio sin demasiado éxito, hasta que 5 años después quedaran finalistas, lo que les valió la expulsión del mismo, quedando entonces las inscripciones limitadas a manufacturas suizas.



A partir de ahí, Seiko empieza a ser una marca reconocida fuera de sus fronteras, primero con las mediciones de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964, y luego en 1969 vendiendo el primer reloj de pulsera de cuarzo del mundo, el Astron, un acontecimiento que acabaría tambaleando, y en muchos casos derribando los cimientos de la relojería suiza.



El grado de avance fue tan rápido, que incluso llegaron a vencer a suizos y americanos en sus dominios, la relojería mecánica. Así por ejemplo, a finales de los años 60, con la Guerra de Vietnam, a los muchos soldados se les incluía un Hamilton Khaki, Benrus, o Elgin en la dotación. Sin embargo, estos se cambiaban por los Seiko 6105, que con un precio similar eran ofrecían una resistencia al agua de 150M, eran mucho más robustos y duraderos, pero también algo más precisos.

De este modo, y aunque un reloj Seiko representase el sueldo de todo un mes para los vietnamitas, para las tropas allí destinadas, era un reloj accesible. De hecho en aquellos años, se comparaban los relojes de buceo profesionales de Seiko, lanzados en 1965, con el hoy elitista Rolex Submariner, con la única salvedad que el Seiko costaba menos de la mitad que el suizo.

En 1981, se fusionan con Epson, creando el grupo Seiko-Epson Corporation, lo que les permite extenderse, llegando incluso a conseguir que James Bond luciera sus relojes en varias ocasiones.

Más que una excepción en lo que fue el liderazgo de la tecnología japonesa, Seiko fue uno de sus estandartes, llegando a conseguir que incluso hoy en día en EE.UU sea más valorado un Seiko que su fabricante local (Timex). Un hecho extensible a televisores, aparatos de radio, y hasta ordenadores.

Actualmente con sus marcas Lorus, Pulsar, Alba y Credor, cada una de ellas con diferentes gamas, podemos tener uno de sus relojes por entre 40€, y hasta casi 500.000€, y es que en eso son únicos, y no hay otra marca que de un abanico de precios tan amplio.

Son una manufactura completa, y casi todos los componentes del reloj los fabrican ellos. Desde los aceites lubricantes, hasta el lumen Lumibrite, que no deja de ser una mejora de la Luminova realizada en colaboración con sus inventores, los también japoneses de Nemoto.

Bajo la marca Seiko Instruments, ofrecen ebauches a otros fabricantes, al igual que hace Citizen con su marca Miyota. Es decir, es fácil encontrar corazones de Seiko en muchas otras marcas.