Me considero una persona pragmática, moderna, y amante de la tecnología. Sin embargo, haciendo un repaso mental, me doy cuenta de que otras muchas cosas que me atraen, ya sea por romanticismo o nostalgia, son indudablemente obsoletas, añejas, o si se quiere, clásicas y con poca aplicación práctica. Muchas de ellas, han conquistado mi vida normal, que de esta forma, queda un poco anclada al pasado.

Que me guste la retroinformática, puede ser tal vez deformación profesional, pero es que hay muchas más cosas…

Las plumas estilográficas, cuando empecé a usarlas, eran ventajosas al tener una escritura suave, y con menos presión. Es más relajado escribir con ellas que por ejemplo con un bolígrafo, y tienen también algunos inconvenientes en cuanto a mantenimiento y fiabilidad. Sin embargo, desde que se popularizaron los rollers, se han visto tecnológicamente superadas, pero las sigo usando, y me siguen gustando.

Los relojes, también me han gustado desde mi infancia, analógicos, digitales, cronógrafos, de bolsillo y hasta los de cocina, los de pared, y los tácticos. Su utilidad con multitud de gadgets disponibles que muestran la hora, desde el ordenador, hasta el móvil o el teletexto, es cada vez más reducida.

Los coches, tanto los modernos como los antiguos, y todo ello, aunque cada vez sea más caro y molesto usarlos. Si además son de gasolina, pues mejor.

Los libros en papel, aunque tenga un Kindle con más de 4000 títulos, el encanto, la resistencia, la fiabilidad, el olor y el tacto de un libro sigue siendo insuperable.

Los mecheros, y no quiero decir los encendedores, sino los que como su nombre indica tienen mecha, y consumen nafta. Esos Zippo que rezuman sabores de los años 50.

Los sombreros, aunque moleste cargar con ellos cuando estás a techo cubierto, o el viento amenace con quitártelos.

Los paraguas, necesario en días de lluvia, pero para mi más atractivos por lo que son, que por su utilidad. Si son grandes, incómodos, y no se pliegan, mejor todavía. Me gustan de colores vivos, por lo que les quita algo de clasicismo.

Las navajas, y los cuchillos, especialmente la multiusos, incluyendo las tradicionales de Albacete, y los cuchillos de supervivencia.

Los bastones, aunque todavía sienta vergüenza si llevo uno.

Las palabras y expresiones antiguas o en desuso.

Las chicas que visten falda.

Las tiendas antiguas, los bares con solera, y los pueblos pequeños.