Hermle Linford 70989-090341

Como amante de la relojería no solamente me apasionan los relojes de pulsera. cualquier reloj, por oculto que esté, llama mi atención, y probablemente despierte mi interés.

Desde relojes de bolsillo (Waltham 1899, Tissot Savonnette Mechanical, Molnija Border Guard); relojes despertador (Aniceto-Reguladora, Vostok BMP-1); hasta relojes de pared (Vostok 5-ChM).

La relojería gruesa era mi asignatura pendiente. Mi ilusión horológica era un reloj de pie o antesala (Grandfather Clock), sin embargo son realmente caros, y su tamaño hace difícil situarlos en una vivienda de los tamaños actuales. Al final opté por conformarme con algo más asequible (y también más manejable dicho sea de paso), un reloj de pared o wall clock.

Son pocas las compañías que todavía producen relojes de péndulo, menos aún, las que incorporan movimientos mecánicos, y aunque quedan algunas como Sligh (que ahora es parte de Bulova / Citizen), la italiana Gallo o la española sARs, pero la inmensa mayoría son firmas de origen alemán: AMS, Elbe, Hayer, Hermle, Kieninger o Mayer.

De todas ellas, Hermle es la que probablemente tenga la mejor relación calidad-precio. Estamos hablando de productos con poca demanda comercial y que se fabrican artesanalmente, así que no pienses que van a ser baratos.



Franz Hermle y sus hijos fundan Hermle Clocks (HUM Uhrenmanufaktur) en Gosheim (Alemania) en el año 1922, y a partir de 1930 comienzan a liderar en el mercado de producción de relojería gruesa en el país. Sus actividades se mantienen constantes pese a la Segunda Guerra Mundial. A día de hoy continúan en activo, manufacturando sus propios mecanismos como hacían antaño. Ya en manos de la cuarta generación Franz Hermle & Sohn (FHS), se esfuerza en mejorar su tecnología, y pese a que muchos procesos se realizan ya de manera automatizada, emplea a casi 500 personas en sus 4 factorías y exportan a más de 100 países.

A punto de conmemorar su centenario son bastante particulares, puesto que comenzaron en una época tardía, posterior al siglo XIX que representó el esplendor de los relojes de pared y de pie en Estados Unidos, llegando mucho más tarde que Durfee, E. Howard, E.N. Welch, Ingraham, Kroeber o Seth Thomasand.

La variedad de modelos que nos ofrece Hermle es bastante grande (Linford, Rosslyn, Braxton, Waterloo), si eso lo multiplicamos por la cantidad de variantes de cada uno, tendremos unas opciones abrumadoras. Por estilo el Linford me gustó, un reloj de pared lleno de tradición, pero con un diseño moderno. Además, encajaba dentro de mi presupuesto. Esa fue la parte más sencilla.

Lo difícil fue que el Linford, al que en el mercado estadounidense denominan Carrington está disponible en diferentes tipos de madera (arce, haya, nogal, cedro, lacada); tonalidades de péndulo (plateado o dorado); mecanismos (8 días y 14 días) y numerales (arábigos o romanos). Elegir la madera fue fácil, arce que combinaba bien con mi comedir. El péndulo iba a ser plateado porque ya sabéis que me chirría el color oro. Los numerales los escogí árabes, tal vez los romanos pegaran más, pero son para mi menos prácticos.

Quedaba pendiente el tema del calibre. Había dos opciones, una opción algo más económica, que montaba uno con 14 días de reserva de marcha y sonería cada media hora tipo Bim-Bam -gong- (70989-090141 24103), y una un poco más cara con 8 días de reserva de marcha y sonería de Cuartos tipo Westminster (70989-090341 24078). Me atraía mucho la melodía, ese encanto mecánico que los de nuestra generación recordamos de la infancia. Un prodigio técnico que probablemente termine extinguiéndose. Del otro los 14 días me gustaban, pero me parecían poco útiles. Normalmente es los domingos cuando doy cuerda a mis relojes, un hábito semanal que con el de 8 días iba a ser suficiente. En realidad, probablemente hacerlo en semanas alternas con el de 14 días fuese peor, porque acabase olvidándoseme si la semana anterior lo había o no remontado.

Si bien en ambos se puede desactivar el sonido, el más caro tenía el bonus de que éste se desactivaba automáticamente durante la noche entre las 21:45 y las 7:15. Estaba decidido.

Estamos hablando de un reloj que tiene un precio de 698€ (el de 14 días son 629€), que a muchos les parecerá un despilfarro. Bueno, cuesta lo mismo que un smartphone de última generación, pero al que podrás sacar partido durante muchísimo más que dos años. Visto así, es una inversión anual muy pequeña. Se agradece encontrar una buena oferta. Relojes4You lo tenía a 539€, y Uhren Park lo encontré a 496€. Poco más de 200€ de descuento que representan casi un 30% de rebaja. No está nada mal.

Viene directamente desde Alemania en una caja de gran tamaño, y con un interior magníficamente protegido. Me imaginaba una buena protección debido a lo delicado de los materiales, especialmente el cristal, pero sin duda resulta espectacular.



Al abrir el embalaje, y aislado con más protecciones, nos encontramos la caja del fabricante que contiene el reloj.



En seguida nos damos cuenta que estamos ante un guardatiempo manufacturado con cuidado y con cariño, llamándonos la atención la inscripción de Made in Germany.



Abriendo esta segunda caja, tenemos el reloj, el péndulo, la llave de la cuerda, un manual de instrucciones en varios idiomas (inglés, alemán y ruso), un suplemento de una hora sobre como operar la palanca de desconexión nocturna (una fotocopia de no mucha calidad en alemán, inglés, español y francés), y lo mejor de todo., nos guantes que nos ayuden a instalarlo sin mancharnos y sin mancharlo, y un certificado de la marca firmado por el propietario (Rolf Hermle) que nos sirve de tarjeta de garantía.





El proceso de instalación es extraño para alguien sin experiencia en este tipo de relojes como es mi caso. Tiene bastantes pasos a seguir, pero se completan sin problemas siguiendo la documentación.

El exterior del reloj es de madera de arce en un tono claro muy bonito. Tiene un tamaño de 57cm X 22,5cm X 13cm, idóneo para que se vea, pero sin restarnos demasiado espacio. Pesa unos 5 Kg., y se ancla a la pared mediante un perno no incluido. Los expertos recomiendan que esté terminado en madera para mejorar la amortigüación.

La esfera de es color blanco y 14cm de diámetro o luz, no es demasiado grande, pero aprovecha el espacio completo gracias a sus largas manecillas y a las marcas minuteras casi en el extremo. Los números son arábigos, y va firmada por Hermle. En ella apreciamos también las tres cuerdas que van protegidas por un aro metálico con el fin de evitar que dañemos el esmalte al introducir la llave.

La izquierda es para la campanada de las horas (3,5 vueltas de cuerda); la central es para el reloj (4,5 vueltas de cuerda); y la derecha para los cuartos (4,5 vueltas de cuerda). Y es que como decía, éste es un reloj con sonería de 4/4 (cuatro cuartos) tipo Westminster.



Los cuartos de Westminster son unas de las melodías más habituales en relojería gruesa con sonería, los Westminster Chimes son los tonos y la secuencia que reproduce el conocido Big Ben de Londres desde 1859. No es el primer reloj con ella, pero sin duda el más conocido. Para complicarlo todavía más, se les llama también Cuartos de Cambridge (Cambridge Quarters).

Los cuartos de Westminster son una melodía dividida en 4 estrofas. El reloj reproduce la primera estrofa a y cuarto, las dos primeras a y media, las tres primeras a y cuarenta y cinco, y completa, o sea las cuatro estrofas a en punto. En ese momento además, cuando terminan el cuarto cuarto, suena el gong con tantos golpes como la hora actual. Por ejemplo, a las tres en punto, son 3 campanadas. A esta complicación se la denomina de manera genérica como repetición de cuartos, y a los relojes con tres o más martillos, relojes Carrillón.



En la parte trasera en la zona de las 9, hay una palanquita o leva que permite activar el silenciador. Es decir, desactivar la sonería por completo. Estando arriba, es el modo normal, y abajo se activa. Dicho de otro modo, abajo desactiva el sonido.

Como además incorpora la desconexión automática de la sonería durante la noche (21:45 – 07:15), una leva o palanca, esta vez acompañada de un tirador, situada a las 4 nos permite activar la desconexión automática cuando está arriba, o desactivarla cuando está abajo, o sea, permitir que también suene por la noche.

El péndulo tiene un tornillo en la parte inferior que hace las veces de regulador. Girando la rosca una vuelta, corregimos la precisión en +/- 1 minuto por día dependiendo del sentido. Por otro lado, el fabricante indica un rendimiento normal de +/- 2 a 5 minutos por semana. También explican una reserva de marcha de 8-9 días.

Curiosamente no hay mecanismo de corrección de hora, y esta tarea se hace moviendo directamente la aguja minutera en sentido horario o antihorario. Parecido al Vostok de barco, con la salvedad que el ruso sólo permitía el ajuste anti-horario.

Como es un reloj de péndulo, el ajuste no se produce solamente cambiando su frecuencia, sino que además, hay que calibrar la amplitud del péndulo, y asegurarse que está centrado. La operación es fácil escuchando el tic-tac, y moviendo el péndulo a izquierda o derecha para que los embragues incorporados ajusten el espaciado.



El armazón o mueble, muy suave y bien acabado cuenta con una puerta que se abre para acceder al propio reloj. Es cómodo en el sentido que evita que entre el polvo, y además un seguro para evitar que accidentalmente toquemos el péndulo. Cierra con suavidad gracias al imán integrado. El frontal de la puerta es de cristal, lo que nos permite apreciar el reloj y ver la hora, pero también lo son sus laterales, que nos permite gozar de su mecánica aún más.

Es una pieza que queda bien en cualquier lugar. Desde el recibidor, hasta en un estudio o despacho, o en el salón-comedor que ha sido el lugar que he escogido. Es decorativo, y elegante, dándole un aire con mucha personalidad a la estancia. De algún modo la llena.





Para los que nos apasiona la horología, ese complemento, va sin lugar a dudas mucho más allá del mueble que lo contiene. Disfrutamos de su mecánica.



En Hermle fabrican todos su movimientos, tanto de cuarzo, como mecánicos (130/131/132, 140/141, 241, 261, 340/341, 350/351, 451, 461/471, 1050/1051, 1151, 1161, 1171). En caso que nos ocupa, equipa el calibre Hermle 341-020 (WO341). Los modelos con sonería más sencilla, el Hermle 141-020 (WO141) que es con 14 días de reserva de marcha y gong BimBam 1/2.

Por tanto en este Hermle Linford 70989-090341, se trata del Hermle 341, un movimiento de cuerda y péndulo que tiene unas dimensiones de 100mm X 100mm X 32mm, y que dispone de 5 martillos independientes. Un calibre que existe desde al menos el año 1979.

El péndulo tiene un amplitud de 11cm (4 1/4»), y un diámetro de 7cm (2 3/4») y oscila a 66 latidos por minuto (3.960 por hora), y el funcionamiento es bastante silencioso con la puerta cerrada. Mucho menos notorio que algunos despertadores mecánicos, sobre todo porque la baja frecuencia, evita la reverberación, y que se acumulen los sonidos del tic-tac. Lógicamente con la puerta abierta el sonido es más elevado, pero nunca molesta. Diría que me resulta tranquilizador y relajante.



Algo distinto es la melodía, que tiene un volumen bastante elevado incluso con la portezuela cerrada. No despertará a los vecinos, pero es suficiente para que debamos subir ligeramente el nivel de la televisión ligeramente mientras suena. Como se activa cada 15 minutos, puede llegar a resultar molesto, y cuesta acostumbrarse.

Cuando suena a las horas en punto (4/4), me parece francamente útil. Si la casa está en silencio, puedes escuchar con bastante discreción la melodía, y sin necesidad de mirar ningún reloj, y ser consciente del transcurso del tiempo sin tener que estar pendiente de él. Precisamente una de las utilidades primigenias de la sonería.



Como reloj mecánico que es, necesita de un mantenimiento regular, esencialmente limpieza y aceitado. Operaciones que requieren un relojero con experiencia, pero que garantizan no sólo su correcto funcionamiento, sino también que nos dure muchos años. Es un movimiento fiable y robusto, por lo que se dice que sin ese mantenimiento periódico, el reloj dejará de funcionar por excesivo desgaste entre los 15 y los 30 años de servicio, momento en que se solidifiquen completamente los aceites. Debido a que en general es una máquina asequible, unos 200€, y del que el fabricante proporciona recambios, muchos recomiendan cambiar el movimiento entero en vez de repararlo.

En mis pruebas no he llegado a agotar la reserva de marcha, por lo que no puedo dar cifras exactas, aunque sí puedo afirmar que ha llegado a mas de 7 días y 20 horas sin problemas, ni en la autonomía del reloj, ni de la sonería teniéndola activada con desconexión nocturna.

En cuanto a la precisión, tras varios ajustes, se ha quedado rondando los +30 segundos a la semana (2 minutos al mes), mejorando las tolerancias del fabricante. Me parece un buen rendimiento, porque como podemos ajustar los minutos en ambas direcciones, no cuesta nada corregirlos a la vez que le damos cuerda.

Como una imagen vale más que 1000 palabras, y un vídeo, todavía más, he decidido hacer lo mismo que con la Caja musical Sankyo, subiendo a Youtube un fragmento de un minuto de duración donde podáis apreciar el movimiento del péndulo, el tic-tac, y la sonería funcionando en los cuatro cuartos de Westminster.

6 comentarios en “Hermle Linford 70989-090341”

  1. Impresionante el reloj, e impresionante la pedazo caja en la que viene.

    Por cierto, lo de ajuste del péndulo me ha descolocado, tiene pinta rollo…

    Me encanta la sonería, tío, qué pasada… Ojalá pudiera tener eso en mi casa a cada cuarto de hora 🙂

  2. Ya hace décadas que murió mi abuelo. No lo recuerdo con cariño ya que nos llevábamos muy mal. Era un tipo muy aburrido y serio pero le gustaban los relojes. Es más, creo eran las únicas cosas materiales por las que parecía tener interés. Siempre usó el mismo, no recuerdo la marca pero seguro era suizo tipo submarine. Lo cuidaba muchísimo, le daba cuerda, lo ponía en hora y demás. Y en la sala siempre estaba su otro objeto amado: un cucú alemán selva negra con su fugaz pajarito de pico muy rojo y por debajo unas parejas danzantes.

    El cucú resultaba algo infantil en el contexto de la casa y la personalidad de mi abuelo. Nunca lo escuché referirse a que le gustaran los relojes, pero de todas maneras nunca hablamos por placer y desde que yo era pequeño solo discutíamos y reprochábamos.

    A lo largo de mi vida pasé por todos los «sentimientos» respecto a ese reloj cucú. De niño me fascinaba, luego me pareció idiota, ruidoso y molesto, ridículo, recoratorio de mi abuelo y de la relación lamentable que teníamos, pasado de moda y demás. Y hoy me digo que si algún día vuelvo a tener una casa compraría uno. Y también otro como el que tenía en su muñeca.

    Creo que los relojes son la máquina que más disfrutamos. Porque por ejemplo un vehículo solo lo hacés cuando lo utilizás, en cambio a los relojes lo hacés todo el tiempo. Y te recuerdan que están siempre ahí como alguien que te quisiera.

  3. Al final más o menos me he acostumbrado a su sonido cada 15 minutos bianamaran, tiene romanticismo pero es poco práctico. En general con las campanadas a las horas en punto, que te permitan tener una noción del transcurso del tiempo aunque no estés mirando el reloj es suficiente.

    Para mi ha sido un descubrimiento Hermle sigue haciendo cosas buenas y bonitas, de manera artesanal, y a precios que si bien no son económicos, no son desmesurados. Realmente un reloj de pared nunca fue un bien barato, ni siquiera en su apogeo.

  4. Yo si tendré un reloj de cuco Arcano. Ahora que se pueden conseguir con maquinaria mecánica, y hechos a mano en la Selva Negra por 200€, no voy a dejarlo pasar. Son de esas cosas que quizás de aquí a 10 años sean un lujo que ya no estén a mi alcance.

    Me ocurrió lo mismo que a ti. Los coches sólo puedes disfrutarlos unas horas al día, cuando los usas. Un reloj siempre va contigo, es como una estilográfica. Además son más baratos y más pequeños, por lo que facilitan el almacenaje.

  5. Aunque me gusta el reloj yo soy más «clasico» o tal vez barroco en cuanto a relojes de pared… si recuerdas aquella foto que te mandé ya sabes a qué me refiero.

    Sin embargo para mi lo de «sin mantenimiento» es una premisa importante que estos relojes como que no son para mi.

    Empero, impresionante reloj, no me hubiera importado montarlo, que de eso si que disfruto lo mio.

  6. Sí, lo recuerdo Fernando. Realmente el estilo barroco clásico es también el que me gusta. Aunque claro, en una sala de estar de hoy en día, no pega para nada, por eso escogí el Linford. Claro que uno de mis sueños es la típica biblioteca de los años 40, llena de estanterías de madera con libros, y por supuesto un reloj, si puede ser de pie, y de estilo barroco.

    Lo del «sin mantenimiento» es algo que a mi también me atrae. Aunque lo veo cada vez más utópico. Al final todo tiene una vida limitada, todo sufre desgaste y fatiga, aunque no intervenga la obsolescencia programada. Así que ya sean 5 años, 10 años, o 20 años, algo habrá que hacerle. En ese caso, si al menos la tarea se limita a pagar 200€ por una maquinaria completa de aquí a 15 o 20 años, pues lo encuentro asumible.

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