Llevaba unos diez años intentado encontrar una disquetera de 5 y cuarto, las que manejaban disquetes que se llamaban, erróneamente, blandos, de 5,25 pulgadas. Había mirado en tiendas de segunda mano, preguntado a conocidos entusiastas de la informática que llevan tiempo en el mundillo, y nada. Resulta extraño que nadie se haya planteado crear una disquetera de 5,25 pulgadas, con una interfaz USB, pese a que existen de 3,5 pulgadas. Imagino que no hay tal necesidad, y soy de los pocos con interés en rescatar el antiguo material lógico.

Tenemos la costumbre de deshacernos del hardware anticuado. En seguida se vuelve obsoleto, y salvo por ocupar espacio, apenas tiene ninguna utilidad, excepto para retroinformática. El problema es que una vez el hardware se queda obsoleto, lo hace también el software. Aún conservo como 200 disquetes de 5,25 pulgadas, y unos 400 de 3,5 pulgadas. Los de tres y medio, aún eran accesibles, pero los de cinco y cuarto, estaban relegados al olvido.

De pura casualidad, Jaume Ferro, me prestó su unidad de 5,25 pulgadas Sanyo sa-60 (fabricada en Japón). Un periférico capaz de leer y escribir en discos de alta densidad (HD) de hasta 1,2 Mb. Como amante de lo antiguo, fue previsor, y la conservaba bien protegida en una caja, incluyendo el cable para la controladora. Me explicaba, que llevaba unos 10 años sin usarla, pero que la última vez que la probó funcionaba a la perfección.

Tomé el Pentium 4 a 2,8Ghz que usaba para cacharrear, y al que le había ampliado la memoria hasta 2 Gb, el disco hasta 120 Gb, y puesto una gráfica Nvidia MX4000, donde corría Linux, y monté la disquetera. Hube de desconectar la interna de 3,5 pulgadas, pero tras pelear un poco, y limpiar toda la pelusa interior, conseguí que la BIOS la reconociera. ¡No está mal para un dispositivo que se lanzó al mercado en 1976!

Arrancó Lubuntu, y era capaz de montar sin problemas los discos FAT12.

Mientras que las copias de software original, es decir, software comercial pirata, estaban perfectamente etiquetadas, pues era algo con valor económico y de utilidad, los programas propios, en general no lo estaban. Durante la búsqueda me topé con los dos primeros juegos que tuve para PC, el Amstrad PC2086: Rick Dangerous, y Test Drive 2: The duel.

Prueba de su importancia, es que para estas copias, destinábamos los mejores soportes, ya véis Fuji Film y Precision, invertíamos tiempo copiándolos con Copy II PC o Copywrite, y aprovechábamos el material en revistas, para darle una apariencia más acorde al valor que tenía para nosotros.

Entre el software de importancia, tenía cabida también el Shareware, material que si bien no solía tener la calidad del comercial, era útil en muchos casos, y difícil de obtener.

Personalmente siempre me gustó el encanto de los floppys de 5,25, se veía como funcionaban, y en contra de lo que pudiera parecer, resultaban muy duraderos. Debido a que al principio no tenía disco duro, lo normal era que mis programas estuvieran en los discos de doble densidad de 360 Kb. en formato 5,25. Era la unidad B:, donde guardaba todo, pues en la A: tenía el sistema operativo, o la herramienta de turno. Así me ahorraba ir cambiando de disquetes.

Lo más antiguo que he encontrado, es este disco Maxell, más conocidos ahora por las pilas de botón. Pertenece a las clases de informática de 2º de BUP, del curso 1989-1990.

El material más reciente, llega hasta el año 2000, esta vez, ya en discos de 3,5 pulgadas, que he aprovechado también para rescatar del olvido, y de la caducidad de datos.

De todos los disquetes, tuve que ir introduciendo cerca de 100 de 5,25 y 150 de 3,5. Al final, mostraron contenido propio, 26 de 5,25 y 19 de 3,5 pulgadas.

Un total de 4 discos, de los cerca de 250 que probé, resultaron totalmente ilegibles. 8, dieron errores de lectura a nivel de archivo (parciales), pero el resto se pudo recuperar. Desgraciadamente, debieron faltar como un 25% que no se dónde fueron a parar. Recuerdo el de 1º de BUP, o aquellos programas que desarrollaba con el buggy Turbo Basic 1.0, que se colgaba cada vez que la ventana de texto hacía scroll horizontal. Sí que encontré por suerte, el de Turbo Basic 1.1.

En aquella época, estos programas no tenían una transcendencia. Eran simplemente experimentos para probar una idea, o proyectos incompletos. Sumado a que los soportes eran relativamente caros, lo normal es que se formatearan, y se aprovecharan para otro menester, así que el material original se perdía para siempre. Por ello me sorprendió muchísimo, el disco de 1992 titulado: “Back-up’s de los programas que he enviado al shareware: ENPAK, CP, RSL Test”. La clave estaba en que haberlos envíado para ser distribuídos como shareware, le aportaba valor intrínseco.

De ese mismo año (1992), es otro “master”, titulado RSL-UTL.

Tras dos días, rescatando, y copiando, me topé con más sorpresas. A saber algunos escritos de Rog, y una tarjeta de visita de Meca-Web, del año 1998 o 1999.

Por cierto, que he subido a vídeo en Youtube, el video con la disquetera en acción para los que tengáis curiosidad.