Si os digo que FORTRAN (Formula Translating System) fue un lenguaje diseñado por IBM en los años 50 para poder realizar programas científicos que resultaran eficientes, probablemente no os estaré contando nada que no sepáis.

En aquellos años solamente existía el ensamblador, y Fortran representaba el primer lenguaje más o menos estandarizado de alto nivel. Luego vendría LISP, COBOL, BASIC, Logo, Pascal, Forth, C, Smalltalk, o Prolog.

Nunca le he encontrado demasiado atractivo a Fortran, pero a diferencia de Pascal, es un entorno, al que le tengo cierto cariño.

El caso es que aunque para muchos, Fortran permanezca en la sombra, cuando se trata de alto rendimiento, C/C++ y él se llevan la palma. No en vano, el test de SPEC, está desarrollado parcialmente en Fortran, así como mucho software computacional desarrollado para superordenadores. Y por supuesto, si eres un científico de la vieja escuela, te será más sencillo escribir código Fortran que C.

Siendo un abuelito de más de 60 años, ha sufrido distintos restyling a lo largo de los años, los más conocidos Fortran 77, Fortran 90, o Fortran 95. La primera de ellas estandarizada por ANSI.

Por supuesto ha seguido evolucionando, hasta la especificación actual Fortran 2008, o la prevista Fortran 2015.

Por el mismo motivo, a día de hoy contamos con multitud de compiladores que aceptan Fortran como lenguaje de programación: GFortran (GNU), Intel Fortran Compiler, PGI Visual Fortran, OpenWatcom Fortran, u Open64. Pero también otras leyendas que recientemente nos dejaron: Microsoft Fortran PowerStation, Sybase Watcom Fortran, o Compaq Visual Fortran.

Es decir, un lenguaje legendario que se remonta a los anales de la programación, y que incluso en la actualidad se utiliza para cálculos científicos particularmente complejos, donde el rendimiento es crucial, y no los científicos no conocen C.