En el artículo de hace un par de años hablando sobre El botijo, surgieron varios comentarios en los que no quedaba claro si un botijo debía o no limpiarse, o como hacerlo para mantenerlo en perfectas condiciones de uso.

Pensamos que un botijo es un instrumento que no requiere mantenimiento, sin embargo no es así. Necesita de unos mínimos cuidados.



Limpieza de un botijo

Dependiendo de cómo empleemos nuestro botijo, y de dónde lo tengamos, puede que aparezca moho. Los mohos son pequeños hongos que se reproducen por esporas. Estas esporas viajan por el aire, y encuentran tremendamente apetecibles los entornos con poca luz y mucha humedad. Son los que aparecen en el pan Bimbo o de molde después de muchos días, en los quesos, en la fruta, …

Inevitablemente el botijo suda, así que tiene humedad. Si además lo tienes en una estancia más húmeda todavía y oscura, como una bodega, más probabilidades hay de que se reproduzca ese moho. Eso explica porque algunos botijos tiene moho y otros no.

Mientras que el moho en el exterior no tiene ningún inconveniente salvo el estético, con el tiempo, esa capa externa de hongos, acabará entrando por las porosidades del barro, y colonizarán también el interior del botijo. Al ser invisible para nuestros ojos, nunca estaremos seguros.

En la mayoría de casos, ese moho es inocuo para nosotros, aunque en otras, puede producir alergias e infecciones. Así que, ¿qué hacer si tu botijo tiene moho?, o ¿qué hacer para evitar que aparezca?. Pues bien sencillo, debes limpiarlo y desinfectarlo.

Lo primero es limpiar el exterior, lo podemos hacer con agua y jabón, detergente, bicarbonato o lejía. Para frotar, podemos usar un estropajo, un estropajo de metal tipo nanas, o un cepillo de dientes viejo.

Una vez limpio por fuera queda limpiarlo por dentro. Se llena con agua y lejía (20ml de lejía por cada litro de agua), y lo dejamos reposar durante un mínimo de 24 horas. El poder desinfectante y desincrustante de la lejía acabará con los hongos de la parte interior. Antes de volverlo a usar, deberemos aclararlo o enjuagarlo con agua durante varias veces. Algunos hablan de usar bicarbonato en vez de lejía, yo no lo he probado, pero lo dejo constar.

La arcilla o el barro no suele absorber los olores, por lo que una vez bien limpio y aclarado, ni debería tener sabor, ni debería tener olor. Si te ocurre, ves al siguiente paso.

Curación de un botijo

El curado de un botijo es una larga tradición, pero que realmente no tiene demasiada base científica. Se recomienda la curación antes de usar por primera vez el botijo con la finalidad de eliminar el sabor a barro del agua.

Debemos llenar el botijo con agua y un chorrito de anís o de ginebra. Se deja reposar durante unos días, y al terminar, lo enjuagamos varias veces con agua normal. En principio el sabor a barro debería haber desaparecido. Además es un sistema para eliminar el olor a lejía del paso anterior.

Uso del botijo

Los botijos sólo tienen una regla. Nunca toques el pitorro, ni lo chupes. La razón es que el pitorro está expuesto al aire, así que puede acabar acumulando gérmenes. Además, nuestra boca y nuestra saliva está llena de microorganismos, que si bebiéramos así, acabarían asentándose en el pitorro, y si las condiciones son propicias, reproduciéndose. Si alguien más va a beber de ese botijo, no sólo puede llegar a ser algo insalubre, sino además asqueroso.

Es conveniente que además cubras la boca del botijo, o sea, el orificio por donde lo llenas, con una tela, o un tapón de corcho. Así evitas que entre suciedad o insectos.

De vez en cuando es conveniente vaciarlo por completo y llenarlo con agua nueva.